Carrillo se enfrentó con Abril y Suárez. 
 UCD quiso formar con el PCE un acuerdo de mayoría  :   
 Carrillo sabe que él y yo siempre seremos adversarios políticos (Adolfo Suárez) Las conversaciones trataban de alcanzar acuerdos salariales y sindicales. 
 Ya.    29/05/1980.  Página: 14. Páginas: 1. Párrafos: 17. 

Ya pág. 14 nacional

29-V- 1980

Carrillo se enfrentó con Abril y Suárez

«UCD quiso formar con el PCE un acuerdo de mayoría»

«Carrillo sabe que él y yo siempre seremos adversarios políticos» (Adolfo

Suárez). «Las conversaciones trataban de alcanzar acuerdos salariales y

sindicales» (Fernando Abril)

A continuación intervino por alusiones Santiago Carrillo, secretario general del

PCE, que se quejó en principio de que el Gobierno niegue legitimidad al Partido

Comunista para participar en mayorías municipales. «El Partido Comunista —

afirmó— se considera en esta Cámara con los mismos derechos y deberes que

cualquier otro partido político.»

«Ahora que se pone en duda el apoyo comunista al Partido Socialista —continuó—

quiero recordar que en otoño de 1978 el Gobierno de UCD llamó al Partido

Comunista para llegar a un acuerdo de mayoría.» La afirmación levantó rumores en

la sala, y el señor Carrillo siguió: «No se escandalicen, en todo caso

escandalícense con los señores que están ahí sentados (se refería a UCD), no

conmigo. Aquello nos fue propuesto en una cena en Castellana, 3, en la que

estaban presentes los señores Abril Martorell, Calvo Ortega y Pérez Llorca. Por

nuestra parte estaban presentes Jordi Solé Tura, Eugenio Triala y yo, y quizá

había un cuarto concurrente.»

El secretario general del PCE continuó en estos términos: «La cosa me pareció

tan extraordinaria que le dije al señor Abril Martorell que lo pensara bien y él

me llamó a los dos días por teléfono para decirme que lo había pensado y que

estaban dispuestos a hacer un acuerdo de mayoría. Fui a la Moncloa y consulté

con el señor Suárez y él me confirmó que UCD estaba dispuesto a hacer un acuerdo

de mayoría con el PCE, porque éste, según sus palabras, era un partido nacional

y democrático.»

En palabras del señor Carrillo, después hubo otra reunión, en la que figuraban

Abril Martorell,

Calvo Ortega y Pérez Llorca por UCD y Jordi Solé Tura, Tamames y «alguno más»

para discutir el posible acuerdo. «Recuerdo —indicó— que dije al señor Suárez:

«Acepto estas negociaciones porque no me extrañaría que un día algún partido

negase a los comunistas legitimidad para estar en el Gobierno, y éste será un

buen argumento para mí el día de mañana. Y acepto porque nosotros vamos a

proponer un programa para este acuerdo del que no tendríamos que avergonzarnos,

y que vendría a ser nuestro programa electoral en caso de disolución de las

Cortes. Si llegamos a un acuerdo, propondremos que el PSOE se asocie a este

programa.»

«Tengo muy buena memoria —concluyó el señor Carrillo—. Comprendo que al señor

Suárez estos recuerdos vengan a turbarle y a crearle ciertos problemas, pero

debo decirlo ahora que se quiere quitar al Partido Comunista legitimidad. El

señor Suárez estuvo dispuesto a gobernar con los votos del Partido Comunista.»

La intervención del señor Carrillo estuvo salpicada de fuertes risas por parte

de los diputados de la oposición. Al término de su parlamento hubo fuertes

rumores y risas generalizadas en la sala.

Abril y Suárez puntualizan

Fernando Abril, en ´respuesta a la intervención de Santiago Carrillo, afirmó que

éste confundía «los deseos con la realidad. De todas maneras, ha dado una buena

muestra del soporte ético que dirige sus comportamientos, y de cómo cualquier

tipo de medio es útil para conseguir el fin que se pretende.»

El tema fundamental de las conversaciones citadas, según el señor Abril, era

cómo abordar las cuestiones salariales para el año 1979 y siguientes. «A pesar

de los esfuerzos que hizo el Gobierno sentando en la mesa a Administración,

sindicatos mayoritarios y empresarios, no era posible alcanzar acuedo alguno

porque Comisiones defendía insistentemente un acuerdo a tres bandas con la

presencia de partidos políticos, porque tenían que llevarle a usted, señor

Carrillo, a cuestas para que el poder sindical llevase al insuficiente poder

político que usted tiene a la mesa de negociaciones. Naturalmente, cuando la

conversación derivó a temas de la OTAN, dimos por canceladas las negociaciones.»

Adolfo Suárez manifestó que no tenía pensado intervenir en ese momento del

debate, y reconoció la capacidad dialéctica del señor Carrillo para agitar la

discusión «y hacer que participemos personas que no teníamos previsto intervenir

en ese instante.»

«Carrillo ha dicho parte de la verdad, pero, evidentemente, no toda la verdad —

explicó—. Yo le dije a Carrillo que veía bien las conversaciones para los temas

económico-sociales, que fueran sustitutivos o prolongadores de los acuerdos de

la Moncloa, pero que en absoluto en temas políticos. Y recuerdo que el señor

Carrillo intentaba obtener de mí la información suficiente que le permitiera

saber si iba a convocar o no elecciones generales, y ésa fue la razón de la

visita. Recuerdo que al final me dijo: «Tengo la sensación de que usted no tiene

ninguna otra carta en la manga.»

Carrillo replica, Suárez duplica

El secretario general del PCE hizo uso de un nuevo turno de réplica para afirmar

que «lo que el señor Abril buscaba en aquella ocasión era ver si se podía hacer

un acuerdo con nosotros que sacase al Gobierno de las dificultades económicas y

sociales. Yo no veía la racionalidad de un acuerdo político y probablemente el

señor Abril, con su astucia conocida, lo que quería era, a través de algo que

tuviera la forma de un acuerdo de política de Gobierno, complicarnos a nosotros

en la política económica y social del Gobierno.»

«Fui a ver al señor Suárez —continuó—, que confunde varias conversaciones (antes

nos veíamos más a menudo). Todo lo que he dicho es cierto, usted me habló de un

acuerdo de mayoría de Gobierno. Cuando yo le dije ¿pero usted ha pensado en lo

que van a decir los americanos? (risas en la sala), usted me contestó que el

Partido Comunista era un partido nacional y democrático, y me dijo algunas cosas

sobre los americanos que no quiero recordar para no crearle problema.» (Muchas

risas.)

Santiago Carrilo terminó diciendo, que Suárez dio luz verde a esas

negociaciones, y que la prueba de que no eran conversaciones sindicales es que

asistieron Jordi Solé Tura y Manuel Azcárate, que nada tienen que ver con los

sindicatos.

Adolfo Suárez, que salió rápidamente a contestar al líder comunista, afirmó:

«Sabe muy bien el señor Carrillo, porque se lo he reiterado muchas veces, que él

y yo, por simbolizar en él y en mí al Partido Comunista y a Unión de Centro

Democrático, seríamos siempre enemigos políticos. Sabe perfectamente el señor

Carrillo, y lo sabe creo que todo el país, que nunca puede pasar por mi

imaginación la posibilidad de formar un acuerdo de coalición.»

«Sabe también —prosiguió— que en toda aquella etapa de construcción del Estado y

de elaboración de la Constitución manteníamos algunas conversaciones, como las

mantenía con otros líderes políticos. Y sabe también, a propósito de la

legalización del partido, que desde luego cumplió lo que había prometido él a la

hora de la legalización del Partido Comunista; y sabe muy bien que intervine en

televisión defendiendo la legalización del PCE, y sabe que las diferencias

ideológicas que le separan a él de mí son tan grandes y tan profundas que pueden

coexistir el respeto al Partido Comunista y el rechazo más absoluto a cualquier

colaboración de Gobierno o parlamentaria con el PCE.»

«No diga de este agua no beberé»

_E1 final de la confrontación dialéctica se saldó con una intervención de

Santiago Carrillo, que insistió en hablar, y al que Landelino Lavilla concedió

un minuto. En ese tiempo dijo:

«Al señor presidente de Gobierno le podría contar más cosas para refrescarle la

memoria (risas). El señor presidente de Gobierno ha hecho acuerdos

parlamentarios y pactos con el Partido Comunista. No diga «de este agua no

beberé», porque no es seguro que no tenga que beber a chorros para defender la

democracia.»

 

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