Autor: Astasio, Miguel. 
   Dura polémica sobre la negociación con ETA     
 
 Mundo Obrero.    22/05/1980.  Página: 1,4. Páginas: 2. Párrafos: 18. 

Suárez se enfrentó en esta ocasión con Felipe

Dura polémica sobre la negociación con ETA

Una intervención fuera de tono del ministro del Interior —visiblemente nervioso,

como el resto del gabinete, desde que se anunció la presentación de la moción de

censura— dio lugar a un enfrentamiento dialéctico entre el presidente del

Gobierno y el secretario general del PSOE con el tema de la negociación con ETA

por medio.

Rosón respondió a una intervención del socialista Solchaga diciendo que Benegas,

secretario del PSE-PSOE, habia defendido hace dos años la negociación con ETA,

Felipe González contestó al ministro señalando que en el momento en que el

dirigente socialista vasco defendió esa opción el propio presidente del Gobierno

estaba de acuerdo.

Suárez, que se hallaba ausente del hemiciclo, volvió rápidamente, al tiempo que

solicitaba permiso para intervenir por alusiones. El presidente dijo que nunca

habia defendido la negociación con ETA. El lider socialista afirmó, por su

parte, que él personalmente había conversado al respecto con Adolfo Suárez, y

que lamentaba no poder citar a los testigos de ese intento de negociación —

frustrada por la exigencia de publicidad por parte de ETA—, ya que «no podrían

entrar en esta Cámara».

El presidente del Gobierno, que subió al estrado en tres ocasiones consecutivas

y con la misma rapidez y precipitación con que lo hizo en su polémica con

Carrillo, negó todo sin dar un solo argumento.

Dura polémica sobre la negociación con ETA

Miguel Astasio

La posibilidad de que el Gobierno haya mantenido conversaciones con ETA-militar

en un momento determinado, con el objeto de abrir formalmente un proceso de

negociaciones, dio lugar a un tenso enfrentamiento dialéctico entre el

presidente Adolfo Suárez y el secretario general del PSOE, Felipe González. El

incidente en sí revela algo que fue la nota dominante del debate de ayer tras la

presentación de la moción de censura: el Gobierno está nervioso y acusa una

tendencia imparable y peligrosa a perder definitivamente los papeles.

Todo empezó con la intervención del portavoz de los socialistas de Euskadi,

Carlos Solchaga, quien afirmó que lamentaba la ausencia de una referencia

adecuada al «problema vasco» en el discurso del presidente del Gobierno. El

representante del PSE-PSOE se extendió en analizar la peculiaridad del

terrorismo ETA y las causas que lo originan, para concluir diciendo que el

Gobierno no había hecho todo lo posible para acabar con este problema, llevando

a cabo una política de orden público errónea.

El ministro del Interior, visiblemente nervioso y molesto por las afirmaciones

de Solchaga, tomó la palabra, utilizando a lo largo de su intervención ´un tono

duro, lo que sin duda favoreció el enconamiento del debate. Rosón aprovechó su

intervención para adelantar las líneas maestras de un «plan estratégico de lucha

contra el terrorismo», acogido desde los bancos socialistas con exclamaciones

del tipo de «las buenas horas!».

Un plan que llega tarde

A continuación, Juan José Rosón presentó las lineas maestras del plan

antiterrorista del Gobierno, que se resumen en 12 puntos: Creación de una

dirección unificada de la lucha antiterrorista; intensificación de la acción

diplomática "con los «países de nuestro entorno»; creación de grupos que

desarrollen una política de información .que aisle a los terroristas; solicitud

a las Cortes de la creación de comisiones especiales de investigación que

indaguen las posibles conexiones entre grupos políticos y grupos terroristas;

enérgica actuación legal contra la «apología del terrorismo», y elaboración de

un programa de seguimiento especial de los grupos que sirven de cobertura de las

acciones terroristas.

Otros puntos del mencionado plan eran: Elaboración de un plan especial de

actuación contra los «comandos informativos»; represión de los «impuestos

revolucionarios»; aumento de todos los efectivos y dotaciones de los cuerpos de

seguridad en el País Vasco, sobre todo en lo que se refiere a servicios de

información; dotación de las más avanzadas técnicas policiales para las brigadas

operativas; creación de grupos mixtos antiterroristas y, finalmente, denuncia y

persecución de aquellos ciudadanos que no colaboren con la Policia.

En la última parte de su intervención, Rosón citó la reciente asesinato de un

simpatizante de UCD y dijo que las siguientes víctimas podrían ser socialistas,

lo que fue acogido con voces de protesta en los escaños del PSOE. «Hay que

rechazar abiertamente —añadió— cualquier negociación, gestos de gracia o

apariencia de amnistía.»

La negociación con ETA

«Es un tácito apoyo al terrorismo —dijo más adelante, aludiendo a Bandrés y al

propio Areilza— afirmar no tener nada que ver con ETA y admitir una coincidencia

con sus objetivos, o postular que el Gobierno hable con las dos ETAs.» Por

último, Rosón hizo una mención especial de la «apología del terrorismo» y del

terrorismo de la extrema derecha, renovando, en relación con este punto, sus

recientes declaraciones ante la Cámara.

El socialista Solchaga intervino para defender a su compañero Benegas, diciendo

que cuando éste era consejero de Interior el ministro era Martin Villa y el CGV

no tenía apenas competencias. Rosón, a continuación, dio pie al inicio del

incidente, al afirmar que no podía olvidar, pese a su admiración actual por

Txiki Benegas, que hace dos años defendió la negociación con ETA.

A continuación, pidió la palabra Felipe González por alusiones, turno que

utilizó para matizar algunas afirmaciones del ministro sobre su anterior

intervención. «Usted —dijo, dirigiéndose a. Rosón— no tiene fuerza moral para

criticar a Txiki Benegas, ya que él, desde la campaña de junio del setenta y

siete, fue el primero en denunciar la violencia terrorista. Y cuando habló de

negociar con ETA el presidente del Gobierno estaba de acuerdo.»

Estas palabras fueron acogidas con aplausos desde los escaños de los diputados

socialistas, quienes sé volvieron hacia uno de los sectores de la tribuna

pública, donde se encontraba el aludido Txiki Benegas.

En ese mismo momento, entraba en el hemiciclo Adolfo Suárez, solicitando al

presidente del Congreso permiso para intervenir por alusiones. «Yo no he estado

de acuerdo con ninguna negociación del Gobierno con ETA. Nada más», dijo.

ETA exigió publicidad y el Gobierno se echó atrás

Felipe González intervino de nuevo para decir que de ese tema habían hablado

personalmente los dos y que lamentaba enfrentar la palabra de Suárez con la suya

propia, mencionando, asimismo, un viaje del ministró del Interior a Costa Rica,

tras el cual hubo un contacto con ETA, que volvería a producirse a través de

«los Servicios de Información».

Una vez más, Adolfo Suárez subió a la tribuna de oradores para decir que el

hecho de que «los Servicios de Información puedan o no puedan tener contactos no

significa que el Gobierno negocie con ETA», y que lo que había ocurrido era que

Felipe le había aconsejado hacerlo.

Nueva intervención del líder socialista, quien afirmó que la negociación no se

había producido porque ETA «exigía publicidad desde el primer momento y e!

Gobierno quería tener resultados antes de que hubiera publicidad». Felipe

González lamentó no poder citar a otros testigos, porque «no son dignos de

entrar en esta sala».

Cerró la polémica Adolfo Suárez, que afirmó lacónicamente: «Me reitero en lo

dicho: ETA ha intentado negociar en muchas ocasiones. El Gobierno siempre ha

dicho que no negocia con ETA.»

 

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