La oferta envenenada de Suárez     
 
 Mundo Obrero.    22/05/1980.  Página: 9. Páginas: 1. Párrafos: 11. 

Editorial

La oferta envenenada de Suárez

He aquí un partido, un Gobierno, un presidente que, según han ido girando a la

derecha, se han esclerotizado. Un partido, un Gobierno, un presidente que.

refugiados tras palabras altisonantes, eslóganes publicitarios, tipo «imperio de

la ley», ignoran u olvidan las libertades que se contemplan en la Constitución,

libertades y derechos humanos que se conculcan a diario.

Nada nuevo en el discurso presidencial sobre el estada de la economía española,

ni una sola idea, ni un sólo proyecto para hacer frente a la crisis, al paro,

sino la vieja cantinela de un ministro fracasado, el señor Abril Martorell, por

cuya boca parecía hablar, el presidente. Ni una sola palabra sobre política

internacional, cuando en otoño España va a recibir a los representantes de

gobiernos del mundo entero en torno a la Conferencia de Madrid de la Seguridad y

Cooperación europeas.

Un Gobierno, un partido, un presidente que quiere vendernos a ¡os españoles la

mercancía del desencanto, de la crisis de la democracia y sus instituciones,

cuando lo que está en crisis es la política llevada a cabo por UCD, desde la

investidura de su presidente, cuando lo que está en crisis es el partido del

Gobierno, el Gobierno mismo y su presidente.

UCD se mantiene en el Gobierno flotando sobre unos votos que consiguiera en las

últimas elecciones.

Pero desde entonces a hoy ha llovido mucho sobre la vida política, cultura! y

económica- de muestro país, y las elecciones en Catalunya, en Euskadi, el

referéndum del 28 de febrero en Andalucía, han venido a mostrar la falta de

confianza de una gran parte del electorado de UCD, electorado que ha votado a

otras formaciones políticas o se ha abstenido. UCD vive de unas rentas

electorales que ya no le corresponden. Si hoy se fuera a unas elecciones

generales el fiasco de UCD sería notable.

Si alguna novedad cabe señalar en el discurso de Suárez, es su envenenada oferta

sobre el tema de las autonomías. Quiere endosar al Parlamento, a todos los

grupos parlamentarios, el saldo de una lectura restrictiva de la Constitución,

que ha hecho por su cuenta el partido centrista; lo de centrista hoy es un

decir. Y ello aunque ahora, después de abrirse el debate parlamentario, el señor

Jiménez Blanco, portavoz del grupo centrista en el Congreso, a toro pasado,

venga con una oferta negociadora. De qué se trata, ¿de seguir jugando a las

apariencias, cuando ¡as decisiones ya están tomadas?

Ayer, en el editorial del diario «Ya» se aseguraba: «La gran novedad del

discurso del presidente del Gobierno es su oferta sobre las autonomías.»

¡Valiente oferta! En rebaja, en saldo como en los momentos bajos de la actividad

comercial. El Estado de autonomías está consagrado en la Constitución.

Representa uno de los pasos más renovadores para la auténtica unidad de España,

en la diversidad y derechos de sus pueblos.

No se trata de ofrecer, sino de cumplir la Constitución. Y lo cierto es que el

llamado «Programa básico y urgente» «ofrecido» por Suárez en su discurso del

martes, imcumple la Constitución, al deformar los hechos para lomar la

deformación como base de su programa.

No es real que en «ninguna región» se hayan cumplido los requisitos previstos en

el articulo 151, ni puede justificarse en esa afirmación la sepultura de dicho

artículo. Un presidente, un Gobierno, un partido con concepción de Estado no

osaría disimular ¡a realidad andaluza, tras un artilugio por ellos mismos

montado. Ni desafiaría al País Valencia, Canarias y Baleares, enviándoles, como

mínimo, a 1983. Ni osaría persistir en ¡a burla a Galicia, sosteniendo la

ficción de que hay igualdad entre el Estatuto que UCD le impone con los votados

por Catalunya y Euskadi. Con idea y responsabilidad de Estado —de Estado que

también son las autonomías, como le recordó acertadamente Roca i Junyent a

Suárez—, no retrocedería sobre lo ya establecido, anunciando nuevos proyectos de

ley «sobre cuestiones de competencias», o desaprobando, como hizo el presidente,

las «Comisiones mixtas», para retrotraer a catalanes y vascos a las decisiones

generales, del Parlamento del Estado, sobre cuestiones en las que la

participación, en condiciones de igualdad de los organismos autonómicos, son

indispensables.

Un partido, un Gobierno, un presidente que se respeten, que respeten la dignidad

del Estado, los derechos de la democracia, no se atreverían, como se ha atrevido

ayer Suárez, a anunciar que «las elecciones para la constitución de las

asambleas legislativas u organismos» de las comunidades autónomas «se celebrarán

simultáneamente junto con las primeras elecciones generales o municipales que se

convoquen». Primero, porque se trataría de la ceremonia de la confusión, al

mezclar opciones partidistas estatales con tas de las comunidades; segundo,

porque significaría remitirlo todo a 19S3, fecha normal de las próximas

elecciones generales.

¿Ofertas autonómicas de Suárez?

Ofertas envenenadas, a España, a sus pueblos, al Estado constitucional de las

autonomías.

 

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