Autor: Dávila, Carlos. 
 Final del largo debate. 
 El Congreso otorga la confianza al Gobierno Suárez     
 
 ABC.    19/09/1980.  Página: 1,12. Páginas: 2. Párrafos: 14. 

MADRID, VIERNES 19 DE SEPTIEMBRE

DE 1980 - NUM. 23.223 VEINTICINCO PESETAS

ABC

DOMICILIO SOCIAL:

SERRANO, 61 - MADRID DEPOSITO LEGAL: M . 13 - 1958 - 96 PAG5.

Final del largo debate

El Congreso otorga la confianza al Gobierno Suárez

MADRID. «Queda otorgada la confianza solicitada a la Cámara por el señor

presidente del Gobierno.»

Con estas palabras —que suponen una fórmula totalmente nueva en la vida

parlamentaria española— remató anoche, el presidente del Congreso, Landelino

Lavilla, las dos largas sesiones parlamentarias dedicadas a debatir la moción

presentada por el Gobierno. Eran las once y cuarto de la noche y acababan de

contabilizarse los votos, con el siguiente resultado: 180 a favor de la

confianza —cifra que supera en cuatro los 176 necesarios para la mayoría

absoluta—, 164 en contra y dos abstenciones. De los 356 diputados que emitieron

su voto —estuvieron ausentes, como siempre, los tres representantes de HB y, por

razones desconocidas, un parlamentario comunista, el señor Solé Barbera— lo

hicieron a favor del Gobierno los 165 diputados de la UCD, nueve de la Minoría

Catalana más el ex ucedista Molins, cinco de la Minoría Andalucista y un

diputado del grupo mixto. En contra se pronunciaron los diputados del PSOE, PCE,

CD y seis del grupo mixto. Las dos abstenciones correspondieron al ex ministro

Clavero Arévalo y al representante de Esquerra Republicana de Cataluña, Pi

Suñer.

MADRID (Carlos Dávila). Suárez ha ganado, pero la estrella del debate no ha sido

un político, sino una región: Andalucía. Esta es, urgente y se puede creer que

nada precipitada, la primera y más importante conclusión que debe extraerse de

un largo, moderado, escasamente atractivo, debate de muchas horas, en el que el

Gobierno, la oposición, los aliados de unos y otros y los independientes de

vario signo han dispuesto su artillería pesada con distinto fin.

Es lógico pensar que el presidente, hoy reforzado por una confianza que sólo

hace dos meses resultaba impensada, ha salido vencedor de esta lid, en la que —

tengo por fuerza que particularizar el juicio— le he visto parlamentariamente

maduro, a pesar de que, en el juego dialéctico y a veces floral, en la disputa y

réplica que ha mantenido con el mejor orador de la Cámara, Felipe González, ha

sido derrotado. Un error, uno solo (el «impasse» que nunca debió mencionar),

bastó para que el otrora candidato Felipe González, saltara como una ardilla

ante el renuncio, y le propinara un revés, morigerado e inteligente, y con él,

se llevara la mejor puntuación de la singular justa nada retórica, caballeresca,

o llena de interés político y democrático.

La cuestión de confianza, a debate

Aunque hubo un movimiento a favor del sí

Los vascos votaron en contra

Al margen de este incidente, elevado a interés público por la fuerza de los

contendientes, hay que señalar el protagonismo creciente que ha tenido el

proceso autonómico andaluz en los tres días de debate. El PSOE, desde que supo

el acuerdo entre centristas y andalucitas, preparó a su líder para una

intervención en la que apenas recordó con alguna ironía la falta de coherencia

autonómica del PSA. Los demás actores del contencioso andaluz fueron por este

orden: Arredonda. (PSA), que inculpó a tos «hermanos socialistas» de apoyos

espúreos en otras ocasiones; Clavero, que hizo malabares jugueteos para explicar

una abstención difícilmente justificable tras el voto del PSA; García Pérez, el

tránsfuga de UCD, que al final ha vuelto, siquiera sea en esta coyuntura, al

redil centrista; Jiménez Blanco, demasiado impulsivo en su alegato en pro del

artículo 144 de la Constitución, y Peces-Barba, jurídicamente irreprochable en

la condena de la nueva situación.

Nace, pues, de este debate una nueva esperanza para Andalucía; nace en una

tierra donde el paro alcanza, se ha dicho en las intervenciones de ayer, cotas

más elevadas que en ningún otro pueblo español; nace cuando se ha aprobado un

plan de urgencia nada criticable aun desde el punto de vista socialista y nace,

finalmente, cuando, quizá, se ha dado el primer paso para la reconciliación

regional. Por esto me parecieron duras e innecesarias las palabras del

presidente Escuredo («Mientras yo sea presidente, nunca Andalucía marchará por

otra vía que no sea la del artículo 151»); una profecía de parte que —debe

preverse así— Escuredo no podrá ver cumplida.

DE ROCA A CARRILLO

A! margen del feliz protagonismo andaluz cabe, cuanto antes, hacer referencia a

una maratoniana sesión en la que hubo de todo: hallazgos parlamentarios felices;

el mejor, desde luego, el del catalán Roca, en una intervención corta, que

pasará a la antología del diario de sesiones; escarceos combativos en los que

destacó el socialista catalán Lluch, machacado, sin embargo, a última hora por

su coterráneo Roca; discursos apocalípticos, demagógicos y soporíferos como el

de Carrillo, y, finalmente, un ánimo de cordialidad, que parece anunciar no una

nueva etapa de consenso, ¡líbrenos el dios de la democracia!, sino una época de

consolidación en la que, por fin, las fuerzas políticas, cada una desde su

particular situación electoral, deben ayudar a gobernar el país.

En este índice, que es balance a vuelapluma, refería la pésima impresión que ha

causado la interminable perorata del secretario general del PCE. Mientras

Carrillo gritaba su amonestación frailuna, dos diputados de su partido —éste es

todo un símbolo— leían, y no de reojo, los periódicos. A Carrillo, que comenzó

en su papel de estilete político y terminó entre el aburrimiento general, no le

escuchó ayer nadie, ni siquiera su propio grupo.

La actuación carrillista es, por otra parte, secuela y continuación del pobre

papel desempeñado dentro y fuera del hemiciclo por los diputados del PCE.

LOS VASCOS Y SU «NO» .

No debemos caer en el análisis de las conductas, sí de las actitudes, de los

grupos parlamentarios. Los catalanes han encontrado su camino en un pacto con el

Gobierno y UCD que todavía queda pendiente de explicar. Los apoyos

parlamentarios mutuos, en el regional de Cataluña y en el de Madrid, no son, no

obstante, suficientes para desvelar la entraña misma de los acuerdos. En medio

queda toda una serie de leyes orgánicas, que llegarán al Congreso a partir de la

próxima semana, leyes que quizá mejor que cualquier otra concreción bastarán

para ir descubriendo cuál el sentido, el alcance de los convenios, nunca

suscritos, pero sí acordados. Lo cierto es que con la nueva mayoría, una mayoría

que Fraga rechaza por razones no del todo convincentes, España puede ser más

gobernable, y este Gabinete quizá pueda alcanzar las próximas elecciones sin más

remodelación que la que pueda resultar imprescindible.

Habrá que conocer en los próximos días !a secuencia de las conversaciones,

negociaciones, contactos, reuniones y llamadas telefónicas que centristas y

peneuvistas han mantenido en la larga semana de la tensión. Se puede adelantar

que el voto negativo, i ´anunciado el miércoles, es una opción abierta a mejores

tiempos. Los siete vascos d Marcos Vizcaya se decidieron por el,no, per esto es

constatable, tal postura ha costado algunos dolores en las conciencias de

miembros importantes del partido, miembros como algunos senadores que

aconsejaron incluso el sí, y como otros dirigentes que hubieran celebrado la

abstención. Al final se ha impuesto la línea dura del patrón Arzallus, que no se

fía de las promesas hechas, segun piensan en el PNV, «para no cumplirlas» Pero,

en cualquier caso, la presencia activa de los nacionalistas, una buena noticia

parla mentaría, deja la impronta de un deseo de colaboración en posteriores

jornadas legislativas.

DOS CARENCIAS

Ha habido grandes carencias en el debate La principal: un serio y riguroso

análisis d problema de la seguridad; más secundar! pero no menos urgente, el

estudio de algún; zonas «calientes» de nuestro país, con puede ser Navarra. No

parece, sin embargo fácil aconsejar una abierta discusión de es tema, vista la

propensión desgarrante de los terroristas a aprovechar momento de simil índole

para llenar de sangre las tierras que pretenden colonizar.

Poco merece decirse de los dimes y diretes en torno al programa o declaración

gubernamental en torno al tema económico. S quien fuere el primer mentor de su

necesidad ha quedado meridianamente clara la precisi de dedicar presupuestos a

la inversión pública. Parece que existe una voluntad cerca al treinta por ciento

para «tirar» literalmente de la privada y así, al paso, crear mejor condiciones

de trabajo y disminuir hasta tintes tolerables el inaceptable desempleo ahora

mismo. Ha habido coindencia en fondo, pero discrepancia en las formas, por que

cabe deducir que las medidas presenta-das no sufrirán demasiada impopularidad

parlamentaría.

LOS INÉDITOS

Felipe González ha forzado a Suárez, fin, a comportarse como un diputado de a pi

que ocupa la más alta responsabilidad ejecutiva y que tendrá, en lo sucesivo,

más y m graves oportunidades de improvisar contestaciones. Ayer hizo apenas un

intento, y según constatación general, resultó más positiva que el mismo

discurso de presentación de oferta.

Algunos ministros importantes, Fernándo Ordóñez y Pío Cabanillas, han quedado

inéditos. Igual situación de ostracismo se ha vi: obligado a soportar Guerra, el

irascible polí-tico socialista. Otros, como Areilza, Solé Tura (apenas una

intervención desfasada) y Bandrés, también han pasado inadvertidos.

Al final, el presidente ha ganado, a pulso la confianza. Le queda por conquistar

la crebilidad. Veces tendrá para intentarlo. El debate quedará el recuerdo de la

preponderancia autonómica, de la templada acritud, de los lances escasamente

apasionados y muchas retóricas innecesarias. Ha sido muchas horas el debate del

bostezo, que al fin y al cabo, el gesto que mide implacablemente la distancia

entre un buen y un r discurso.

 

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