Invertir más     
 
 ABC.    19/09/1980.  Página: 2. Páginas: 1. Párrafos: 6. 

2 / ABC

OPINIÓN

VIERNES 19-9-80

Invertir más

Nada menos que treinta y ocho referencias a la inversión hizo el presidente del

Gobierno en el Congreso al plantear la cuestión de confianza. Tal reiteración,

en sesenta y un minutos de parlamento, revela hasta qué punto este tema se ha

convertido en el eje central en torno al cual han de girar todas las actuaciones

para afrontar, con ciertas garantías de éxito, la crisis económica. Adolfo

Suárez insistió el martes en «un sustancial aumento de la inversión pública»

como palanca impulsora de la reactivación y de una paulatina absorción del

desempleo. Ya en el curso del debate, el ministro de Comercio y Economía ha

precisado que este incremento será del orden de! 30 por 100 en 1981. Por

supuesto, puedan muchos cabos sueltos todavía. El proyecto está aún sin

cuantificar y, por tanto, sin encajar en las auténticas coordenadas de la actual

coyuntura adversa.

En principio, sin embargo, el planteamiento del presidente Suárez es aceptable,

en la medida en que tal motor sirva para poner en marcha toda la maquinaria,

dejando a la iniciativa privada el mantenimiento de un rodaje adecuado de todos

los mecanismos. Porque una multipresencia inversora del sector público podría

resultar peligrosa para los equilibrios de! sistema e, incluso, contraproducente

de cara a los objetivos perseguidos si hemos de mantenernos dentro de las

fronteras que establece la economía de mercado. Y ello sin entrar a fondo en el

espinoso problema de los medios disponibles, de la financiación, del origen de

los recursos que el Estado pueda destinar a este fin.

Fruto, sin duda, de la casualidad es la presencia en Madrid,en estos días, de

Peter von Siemens, presidente del Instituto Alemán de Economía y de la

Conferencia Mundial de la Energía. A tan autorizada personalidad corresponden

estas .palabras: «La única manera de luchar contra el paro es a través de la

reanimación de la inversión privada, actuando el Estado solamente como impulsor

inicial.» Se subraya que las teorías keynesianas tradicionales no son aplicables

a la actual crisis en la medida, en que su práctica se traduce en cuantiosos

déficit públicos sin atajar de modo apreciable el creciente desempleo.

El propósito que encierran las palabras de Suárez no es nuevo, por supuesto.

Como antecedente más inmediato podríamos citar e! programa gubernamental para la

economía española, contemplada ésta desde la perspectiva del medio plazo, hecho

público hace poco más de un año. En él leemos lo siguiente:

«Es intención del Gobierno que durante los próximos años la inversión pública,

dentro de los límites que suponga una financiación correcta, mantenga, e incluso

mejore, su participación relativa en el gasto público total.» Saltan obviamente

a la vista las cautelas en que se envuelve el compromiso.

De hecho, el planteamiento no ha ido más allá de las buenas intenciones. Al

menos, hasta el momento. En efecto, la inversión pública retrocedió un 14 por

100 en términos reales durante. 1978, y un 4 por 100 —en verdad, hubo alguna

enmienda- en 1979. El aumento real estimado para el pasado ejercicio era del 18

por 100, en un intento de vigorizar a la alicaída economía. Los resultados, como

puede verse, se alejaron considerablemente de los objetivos. A este respecto, el

Banco de España, en su informe anual, subraya que «los efectos estimulantes del

gasto público en 1979, modestos pero algo mayores que en el año precedente,

discurrieron por vías muy distintas de las programadas: se encauzaron a través

del consumo público y del apoyo a las rentas disponibles y al consumo de! sector

privado, no a través de la inversión pública —distorsión que había sido más

aguda en 1978—, y el estímulo a la actividad fue inferior al inicialmente

previsto».

A la luz de estos datos, no cabe duda de que es necesario imprimir un notable

giro al timón de la nave económica si se quiere que ésta pueda arribar a buen

puerto. Ha de reducirse al mínimo el distanciamiento entre los fines propuestos

y los objetivos alcanzados. La inversión pública ciertamente tiene que aumentar,

aunque de modo prudente, en base al paralelo incremento del ahorro público, a

fin de impedir la aparición de nuevos desajustes, y debe orientarse

selectivamente hacia aquellas áreas que creen empleo estable, cubran necesidades

colectivas realmente sentidas y actúen como motor de la actividad privada.

La conquista de posiciones de mayor equilibrio general del sistema no es, en

modo alguno, ni fácil ni rápida. Por ello hay qué poner manos a la obra

inmediatamente, habilitando con presteza los medios y procedimientos adecuados.

Hoy mejor que mañana. No en balde tenemos que ir a la busca y recuperación del

tiempo perdido.

 

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