No se puede descalificar al Gobierno cada cuatro meses. 
 Suárez acusa al pSOE de poner en impasse la acción del Gobierno     
 
 ABC.    19/09/1980.  Página: 9. Páginas: 1. Párrafos: 27. 

VIERNES 19-9-80

NACIONAL

ABC / 9

La cuestión de confianza, a debate

«No se puede descalificar al Gobierno cada cuatro meses»

Suárez acusa al PSOE de poner en «impasse» la acción del Gobierno

«Descalificar la acción del Gobierno cada cuatro meses, solo puede explicarse

por el deseo más o menos confesado, de hacer un Gobierno de coalición.»

Esta polémica interpretación de la estrategia de los partidos de oposición

constituye el punto más combativo del discurso de réplica del presidente Suárez

a la intervención del líder del Partido Socialista, Felipe González, a quien

acusó de provocar el «impasse» del Gobierno. La alocución presidencial mantuvo

un tono enérgico y más vehemente que en otras ocasiones y dio la impresión de ir

destinada más que a contestar puntualmente a las críticas de Felipe González, a

«defenderse atacando», de todo el aparato dialéctico que la oposición viene

empleando para descalificar la acción de Gobierno de UCD. Por ello, Suárez

manejó numerosas cifras, hizo un amplío y positivo balance de su gestión, y

manifestó reiteradamente que no necesita la credibilidad del dirigente

socialista y de su partido para gobernar, sino de los votos que los electores le

habían otorgado.

Comenzó reconociendo Suárez que «el presidente del Gobierno dirige y coordina la

acción del Gabinete» y que, «aunque ios ministros son responsables de las áreas

que tienen encomendadas, la responsabilidad fundamental en lo bueno y en lo malo

es del presidente».

Adolfo Suárez matizó, sin embargo, la idea a continuación, afirmando que «un

Gobierno monocolor responde en toda su acción política a la línea programática

de UCD».

Argumentó el presidente que su partido tiene, evidentemente, tina visión global

de la política.

«Contemplamos —dijo— los proble-mas de España en su conjunto y nos estamos

enfrentando puntual y rápidamente a ellos, unas veces con acierto y otras no. No

se me puede decir que no hemos reconocido nuestros errores.»

Explicó luego que se había planteado la moción de confianza sobre sólo dos

cuestiones, «porque queremos tener el suficiente respaldo para que el nuevo

Gabinete pueda llevar a cabo su acción de Gobierno».

EL SUELDO DE LOS EX MINISTROS.—De manera un tanto puntual y poco sistemática el

señor Suárez fue aludiendo en la primera parte de su intervención a ciertas

cuestiones críticas planteadas por Felipe González. Refiriéndose en concreto al

tema de la pensión de los ex ministros, planteada un tanto irónicamente por el

dirigente socialista, Suárez afirmó en un tono igualmente irónico: «No tenga

cuidado el señor González Márquez, que eso ya está corregido en la Ley de

Presupuestos de este año.»

En cuanto a los aspectos de política autonómica suscitados por Felipe González,

Suárez se limitó a ratificar «las declaraciones hechas aquí por los miembros del

Gobierno en torno a los temas de Galicia y Andalucía», así como la voluntad del

Gobierno «de profundizar al máximo, enfrentándonos con las estructuras qué los

entorpezcan, en todos los Estatutos».

Afirmó luego —refiriéndose a la cuestión de la Inversión pública— que, en

efecto, estaba de acuerdo con e! Partido Socialista en su necesidad pero no en

los sectores a los que éste debe ir destinada.

Desmintió luego el presidente la reiterada

acusación de la izquierda en e) sentido de que las medidas para salir de la

crisis recaen siempre en los más débiles, «Esta afirmación es cuando menos

arriesgada.» «Se Ignora —argumentó Suárez— el enorme esfuerzo de todos los

españoles a partir de la reforma fiscal que UCD ha hecho y que está y seguirá

aplicando.» Calificó esta reforma de progresiva y mantuvo la tesis de que «ha

alterado el reparto de los impuestos».

Otro argumento esgrimido por el presidente contra la acusación de gravar a las

clases menos favorecidas fue el que consideró como «enorme esfuerzo de

transferencias (tanto generales como de la Seguridad Social) con las que el

Estado ha ayudado en estos años a las clases con menores rentas». Recurrió

nuevamente Suárez al auxilio de las cifras. A tenor de ellas las pensiones de la

Seguridad Social, por ejemplo, aumentaron de 1977 a) 1979 en un 89,6 por

100,aludió Suárez a continuación a la necesidad de proteger el ahorro y mantuvo

que los salarlos reales han aumentado en estos últimos años en porcentajes

superiores a la renta nacional. (Entre los datos utilizados para ilustrar se

refirió a que la subida de salarios fue de un 22,7 por 100 entre los años 1977-

79, mientras el crecimiento de la renta sólo llegó al 20,5 por 100.

«Estos aumentos —según estimación del Jefe del Gobierno— superan los de

cualquier otro país europeo.»

Suárez cerró este apartado concluyendo que «la crisis la han sufrido todas los

españoles de cualquier clase y condición social».

DESEOS DE COALICIÓN.—Dejando los datos a un lado, el discurso de Suárez cobró

una dimensión mucho más política y fue especialmente contundente en la defensa

de la labor política del Gobierno en los últimos años.

Acusó a los socialistas de tener velados deseos de participar en un Gobierno de

coalición, lo que explicaría que cada pocos meses pongan en cuestión la labor

del Gobierno. «Tengo la sospecha, por ello —remachó—, de que dentro de otros

cuatro o cinco meses se volverá a intentar otro debate de globalidad.»

Pasó luego Suárez a historiar brevemente el período en que ha estado al frente

del Gobierno, que dividió entres fases: «Hasta el año 1977 se hizo la reforma

política y ésta se cumplió —dijo— sin la credibilidad de! PSOE.» Tras las

primeras elecciones se desarrolló la etapa constituyente «y también fue acusado

de falta de credibilidad». Disolví las Cortes, volví a convocar elecciones y las

volví a ganar «sin la credibilidad del PSOE», remachó.

Hizo a continuación la que llamó «un balance global de la última fase: «la etapa

constitucional». Destacó que del desarrollo de la Constitución se está haciendo

una «obra impresionante para e! tiempo transcurrido». En materia de autonomías

subrayó tos logros de los Estatutos de Cataluña y País Vasco («dos viejos

pleitos históricos», comentó) y la ayuda del Gobierno a los Ayuntamientos

socialistas.

«En poco tiempo —añadió— se ha avanzado notablemente en el terreno económico,

despejando, por ejemplo, la incógnita del Plan Energético Nacional.» La labor

del Gobierno ha sido reconocida, según afirmó el presidente, por los más

prestigiosos organismos del mundo, entre los que citó el Fondo Monetario

Internacional.

Se refirió también a la existencia de un Plan Económico del Ejecutivo, a corto y

medio plazo, y a la reforma fiscal.

Habló, en este ámbito, de la segunda crisis energética como desencadenante de

los últimos desequilibrios, y sobre ella justificó «la necesidad de plantear

nuevos puntos que el Gobierno tiene que afrontar: un programa con algunos

propósitos más drásticos que se van a 3explicitar a partir tía la ley de

Presupuestos de este año».

Enlazando aquí .concretamente con una crítica de Felipe González, el presidente

afirmó: «El nuevo Gobierno se ha hecho con estos propósitos. Se han elaborado

los criterios y después se han elegido a los hombres que mejor pueden llevarlos

a la práctica.».

imputó a Felipe González de buscar el enfrentamiento personal con él y, con

notoria dureza, acusó a los socialistas de haber colocado repetidamente la

acción del Gobierno en un «impasse", «que tengo que romper».

Admito —comentó— que a ustedes les Irrite mi presencia; admito, aunque en menor

medida, que les irrite mi partido; pero lo que no puedo admitir es que para

provocar, el "impasse" se nos acuse de todo lo malo que ocurre en el planeta.»

Suárez corresponsabilizó luego claramente a la oposición de los posibles

fracasos en la solución de los problemas, pues ya «ha pasado el tiempo —dijo— en

que el Gobierno tenía la culpa de todo».

Reafirmó que desea tener unas buenas relaciones personales con Felipe González,

pero que en ningún caso aspira a su credibilidad: «Nunca le he pedido a usted su

voto, como tampoco me lo va a pedir usted a mí.»

Repitió, una vez más, irónicamente que había llegado al Gobierno «sin su

credibilidad» y que había ganado las elecciones sin «su credibilidad».

«Porque —concluyó—, por la voluntad del pueblo, yo estoy en el Gobierno y usted

en la oposición.»

 

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