Autor: Cabellos, Carmelo . 
   El versallesco final para el bipartidismo     
 
 Diario 16.    19/09/1980.  Página: 2. Páginas: 1. Párrafos: 9. 

El versallesco final para el bipartidismo

Carmelo Cabellos

Un final casi versallesco coronó el debate de la moción de censura al Gobierno

presentada por los socialistas. Las sorpresas ni, fueron posibles ni llegaron.

La evidencia fue que la única solución de Gobierno, mientras no medien unas

nuevas elecciones, pasa por la UCD, y que el POSE ha dado un salto al frente.

El bipartidismo ganó la batalla. La moción socialista, el primer intento de

derrocamiento de un Gobierno, fue derrotada. Como estaba previsto. No hubo

novedades, a no ser que se considere como tal la veleidad o el grupo

andalucista, que apoyó a Suárez en la investidura y ayer lo hizo a Felipe

González, practicando un juego de difíciles equidistancias malabares.

La sesión final, como ocurrió en días anteriores, tuvo dos partes completamente

diferenciadas. Una primera, como coleteo del día anterior, con los últimos

escarceos y asaltos pugilísticos —si bien el cansancio bajó el tono en algunos

decibelios— y otra, ya estelar, con las intervenciones de Adolfo Suárez y Felipe

González, quienes no llegaron a entablar una trinca.

Intento de descalificación

En el agotamiento final de los cartuchos, los socialistas pretendieron provocar

de nuevo las intervenciones ministeriales, que ayer fueron menos numerosas. Más

interesante e interesado • fue el repetido intento de anticipar la

siginificación política de la votación que cerraría este rnaratoniano Pleno del

Congreso,

Los socialistas quisieron hacer ver que existía una descalificación global del

Gobierno y su presidente.

Carrillo llegó más lejos al manipular la matemática electoral y afirmar que los

partidarios de la censura suman más votos populares, aunque no escaños del

Congreso, que los obtenidos por el partido del Gobierno en las últimas

elecciones.

Por el contrario, Suárez quiso demostrar que no hay otra alternativa que la

UCD, y que su partido y Gobierno ya hablan ganado su examen en sendas elecciones

y en su trayectoria política desde que él es presidente del Gobierno. Añadió que

las alianzas «contra natura» —se referia a la conjunción PSOE-PCE- sólo sirven

para destruir y no para construir.

«Mea culpa»

Independientemente del puro juego parlamentario, hay algunas consecuencias

políticas que ya se pueden extraer de este debate: Suárez entonó el «mea culpa»

y habrá que esperar a ver si lleva aparejado el propósito de enmienda. Asumió la

responsabilidad y la autocrítica de sus errores, y la única promesa solemne fue

que no habrá una política débil y timorata.

En cuanto al sentido de la votación final producida ayer, las consecuencias

claras son, entre otras, la evidencia de que no hay más cera que la que arde:

que el Gobierno es minoritario y se manifestó en su real dimensión sin las

apariencias de mayoría que pudo dar el voto de investidura, y que, en cuanto a

la oposición, su heterogeneidad hace inviable un recambio de Gobierno que no

tenga que contar con la UCD.

La traducción ideológica de los números de la votación pone en evidencia lo

siguiente: que el PSOE tuvo que añadir los votos del PSA para no verse con el

PCE como único compañero de viaje. Los tres «mixtos» que le acompañaron tampoco

le daban una imagen diferente. Los noes trajeron la soledad del Gobierno,

mientras que las abstenciones significan: en el caso de la minoría catalana, que

quiere seguir haciendo de puente entre los dos grandes; de Coalición

Democrática, que mantiene su oferta permanente para entrar en el Gobierno. En

cuanto a las ausencias de los vascos del PNV y HB, ése es el jeroglifico final

que los nacionalistas deberán descifrar algún día.

 

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