Autor: Hervás, Mercedes. 
 Votos de censura y Gobiernos en el mundo occidental.. 
 Europa occidental, anclada en la derecha     
 
 Ya.    29/05/1980.  Página: 25. Páginas: 1. Párrafos: 19. 

29-V-1980

internacional.

VOTOS DE CENSURA Y GOBIERNOS INFORME DE LOS CORRESPONSALES Y DEPARTAMENTO

INTERNACIONAL DE YA EN EL MUNDO OCCIDENTAL

Europa occidental, anclada en la derecha

A cinco meses del comienzo de una década que en tan escaso margen de tiempo ha

dado ya pruebas más que suficientes de presentarse conflictiva, el péndulo

político europeo sigue oscilando hacia la derecha.

Los índices de paro cada vez mas altos, la inflación que no cesa y el agobio

energética que sufre el Viejo Continente han empujado a las «desencantadas»

sociedades europeas a elegir soluciones conservadoras a la hora de enfrentarse

con una" crisis moral y económica que está sacudiendo hasta los cimientos sus

esquemas vitales. Y si hace tan sólo algunos años se podía hablar hasta la

saciedad de la participación de las izquierdas en los gobiernos de Occidente,

hay socialistas y socialdemócratas, han perdido el poder en una larga lista de

países que va desde las Islas Británicas hasta Turquía, pasando por el "mismo

corazón de la Europa comunitaria.

La brisa de izquierda que soplaba durante la década anterior ha desaparecido

para dejar paso a hombres de centro-derecha • Inglaterra, Francia. Holanda.

Suecia, Bélgica y, más recientemente. Suiza, Portugal e Islandia, se deslizan

hacía soluciones de firmeza y de conservadurismo en esta década, que se presagia

como conflictiva • Austria, socialista, y San Marino, comunista, únicas

excepciones en el Viejo Continente

El proceso no es nuevo, puesto que ya en el pasado se habían dado movimientos

parecidos —véase el caso de la llegada al poder de Ni-xon, Pompidcu o Edward

Heath a principios de los setenta— que, en algunos casos, fueron seguido de

reacciones en sentido inverso. Sin, embargo, nunca como ahora el giro había sido

tan claro y contundente.

El balance electoral del último año ha sido claramente favorable para los

políticos conservadores.

Empezando por las elecciones al Parlamento europeo —en las que 253 millones de

ciudadanos de la CEE redujeron con sus votos los escaños socialistas de un

tercio a menos del 28 por 100 y aseguraron una holgada mayoría a democristianos,

liberales y conservadores para los siguientes cinco años—, el despegue

parlamentario de la derecha en Escandinavia, la vuelta al poder de los

conservadores en Gran Bretaña y los resultados de las últimas elecciones

portuguesas e irlandesas han marcado un cambio de rumbo en la política

occidental.

Junto con la reciente victoria comunista en San Marino, la única .excepción

dentro de la tendencia conservadora de los gobiernos europeos, la constituye

Austria, donde el Partida Socialista consiguió hace poco más de un año la mayor

victoria electoral desde su constitución, superando la mayoría absoluta (el 95

por 100 de los diputados). El resultado de los comicios se adjudicó como triunfo

personal al canciller Bruno Kreisky y al éxito de su programa energético, que le

ha permitido reunir en torno a sí un gabinete homogéneo y mayoritario.

Resurgen los bloques burgueses

En los países nórdicos, la tendencia general ha supuesto el resurgir de los

bloques burgueses. En Finlandia ha sido notable el avance del Partido de la

Coalición Nacional (conservadores), que estaba alejado del Gobierno desde 1965,

con lo que se ha convertido en el segundo partido del país después de los

socialdemócratas, mientras los comunistas retrocedían cinco escaños.

Impuestos y política nuclear fueron los dos temas capitales en las elecciones

suecas, en las que el bloque burgués —conservadores, centristas y liberales—

revalidó por el escaso margen de un escaño frente a a oposición su triunfo

electoral de tres años antes. En Islandia, el Partido de la Independencia, es

decir, los conservadores, continuó siendo el más votado, aunque el Partido del

Progreso (centrista) fue el claro ganador de las elecciones, adjudicándose un

avance de cinco escaños. También en esta ocasión la coalición de centro-

izquierda perdió posiciones en el Parlamento, incapaz de contener una inflación

galopante que superaba el 83 por 100.

Noruega continúa conservando un Gobierno laborista homogéneo y minoritario que

sobrevive a. duras penas y que recibió un fuerte golpe tras la derrota en las

minucipales del pasado septiembre. Por último, en Dinamarca, el Gabinete

Joergensen, aunque monocolor, dista mucho de ser mayoritario, y las últimas

elecciones han supuesto, como en el resto de los países nórdicos, el avance de

los conservadores.

Por su parte, la Europa verde ha recorrido un camino parecido al de sus vecinos

del Norte. Los socialistas han perdido escaños en el Parlamento belga, aunque

continúan manteniéndose en la coalición gubernamental que preside el demo-

cristiano Wilfried Martens, correligionario de los otros dos primeros ministros

del Beneluz, el holandés Van Agí y el luxemburgués Werner. En Suiza, pese a la

manifiesta apatía y el alto índice de abstención del electorado, los

observadores coincidieron en señalar un giro a la derecha del Consejo Nacional.

Georges André Chevallaz, miembro del Partido Radical (centro-derecha), obtuvo la

presidencia de la Confederación Helvética, y las siete carteras de su Gobierno

se repartieron entre dos democristia nos, dos radicales y un centrista.

También en Irlanda las elecciones de finales del pasado año dieron como

resultado la sustitución de Jack Lynch por Charles Haughey, quien, como sus

predecesores, tampoco es socialista. Como dato curioso podemos añadir que en el

minúsculo San Marino los comunistas han ganado las elecciones el pasado domingo,

con lo que el pequeño Estado incrustado en el norte de Italia se convierte en el

único país europeo con un Gobierno comunista al obtener el 56 por 100 de los

11.305 votos depositados.

El giro más espectacular

Con todo, la victoria de la centroderecha de Sa Carneiro y Freítas do Amaral en

Portugal ha sido el cambio de signo más espectacular en los gobiernos europeos.

Por primera vez desde la «revolución de los claveles», una coalición

conservadora cuenta con mayoría parlamentaria en el país vecino, y pese a que la

situación de los ganadores no es todo lo estable que su triunfo parecía indicar,

puesto que las relaciones con los sindicatos dominados por los comunistas, con

el Presidente Eanes y con el Consejo de la Revolución, no se han presentado

precisamente fáciles, lo cierto es que los conservadores han llegado a una

situación impensable hace sólo unos pocos años.

Los grandes derrotados de los comicios fueron los socialistas de Mario Soares,

que vieron cómo parte de su electorado más extremista se radicalizaba hacia la

izquierda, y sus votantes más con-servadores descubrían otras opciones ofrecidas

por la Alianza Democrática de Sa Carneiro. Por su parte, los comunistas

consiguieron un importante avance, incrementando sus votos en casi un 5 por 100.

Sorprendente, aunque menos, ha sido también el mantenimiento del Gobierno

Cossiga en Italia, una coalición minoritaria de democris-tíanos, liberales y

socialdemócratas, considerada de transición en el momento en que, tras

complicadas negociaciones, vio la luz a fines del pasado año y que se ha

mantenido en el poder contra viento y marea, pero con posibilidades de naufragar

en cualquier momento.

Tiempos difíciles: líderes fuertes

En opinión de prestigiosos observadores como André Fontaine, de «Le Monde», el

deslizamiento hacia la derecha no se produce solamente de un partido a otro,

sino que se manifiesta en el seno de las mismas formaciones políticas. En todos

los partidos centristas o democristianos de la Comunidad Europea se afirma cada

vez con mayor fuerza una tendencia abiertamente reaccionaria, apoyada en la idea

de que en períodos de crisis económica y moral como el que atravesamos los

pueblos suelen manifestar una tendencia a confiar más que en espíritus sutiles

con elevados coeficientes intelectuales, en dirigentes de lenguaje simple, por

no decir simplista, que —y esto es lo importante— en todo momento den sensación

de autoridad y seguridad.

La «dama de hierro» británica, Margaret Thatcher, viene a ser un claro ejemplo

de este sentir de la gente, pues satisface con creces las necesidades de firmeza

y en cierto modo, de protección de sus votantes. Sus orígenes modestos, su

energía indomable, su anticomunismo a toda prueba, una fe inquebrantable en los

destinos del mundo libre y de la libre empresa, junto con su adhesión

incondicional a los valores y usos tradicionales, la convierten en el paradigma

del líder fuerte. Su imagen y sus posiciones de intransigencia y firmeza le

dieron la mayoría absoluta en el Parlamento británico, con lo que el Partido

Conservador salía del túnel de la oposición, en la que había permanecido cinco

años. Sin embargo, en Gran Bretaña, país en el que el deterioro económico "es

muy profundo, el Gobierno Thatcher se enfrenta con grandes dificultades, habida

cuenta de que su programa dará frutos, si los da, a largo plazo.

En la República Federal Alemana, el mantenimiento del canciller Helmut Schmidt o

su sustitución por Franz Josef Strauss están íntimamente ligados a los. votos

que consigan liberales y ecologistas en las próximas elecciones. Si los

liberales no superaran la barrera del 5 por 100 de votos (necesaria para entrar

en el Bundestag) y la rebasan los ecologistas, en detrimento del PSD de Schmidt,

el residente Carstens —que sustituyó al liberal Walter Schell— no tendría más

remedio que llamar al Gobierno a su correligionario bávaro Franz Josef Strauss,

cuyo ideario conservador y su feroz antisovietismo son ampliamente conocidos.

Por otro lado, la falta de unidad entre los partidos de izquierda favorece

claramente el progreso de los partidos de derecha, aunque no es suficiente para

asegurarles el poder. Este es el caso de Francia, en donde la guerra encarnizada

entre comunistas y socialistas no bastará necesariamente para asegurar la

reelección de Giscard d´Estaing en las elecciones del próximo año, y menos aún

la mayoría en las legislativas de 1983, aunque, sin lugar a dudas, contribuirá

que ello suceda.

La izquierda se radicaliza

Parece claro que la,contrapartida del giro europeo a la derecha es la

radicalización de una parte de la izquierda, incapaz de asimilar la idea de que

tales Gobiernos puedan dar soluciones eficaces a la crisis.

Un dato a tener en cuenta es que los partidos comunistas no han sido deshancados

de sus posiciones en la misma medida que los socialistas, sino todo lo

contrario: en el Parlamento Europeo mejoraron casi dos puntos y en Portugal

obtuvieron un 5 por 100 más de votos.

Es evidente, sin embargo, que la crisis económica, el paro y la inflación han

puesto de manifiesto relativamente la impotencia, las contradicciones y la

insuficiencia imaginativa del conservadurismo y la derecha, pero ello no implica

necesariamente que ese contingente de votos que bascula de un lado a otro

determine la victoria y favorezca e] acceso al poder de las voces que no han

dejado de denunciar loa males del sistema.

Paul Marré de la Gorce, comentarista de «Le Fígaro», venía a definir la

situación al afirmar que los aeuropeos desean, salir de la crisis, pero no

mediante una economía socialista, que a menudo deja mucho que desea, sin»

volviendo a un capitalismo que funcione, en continua expansión, con empresas que

marchen bien y monedas que no oscilen todos los días. Y aunque el terreno de las

opiniones es siempre resbaladizo, la voz de las urnas le está dando la razón.

Mercedes HERVAS

 

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