Autor: ;Colchero Sainz, José Virgilio. 
 Votos de censura y Gobiernos en el mundo occidental. 
 La mayoría de los gobiernos europeos son minoritarios     
 
 Ya.    29/05/1980.  Página: 26. Páginas: 1. Párrafos: 5. 

Ya pág. 26

Internacional

VOTOS DE CENSURA Y GOBIERNOS EN EL MUNDO OCCIDENTAL

La mayoría de los Gobiernos europeos son minoritarios

Las cuestiones de confianza existen y se aplican en todos los regímenes

parlamentarios, sean monarquías o repúblicas, pero nadie osa pasarse, provocando

crisis permanentes

BRUSELAS Alfredo Luque

Normalmente, las mociones de censura son noticia en Europa al ganarse, como hace

dos días el Gobierno Beguin en Israel, o al perderse, como el otro día el

Gabinete Ohira en Japón. En los últimos seis meses han superado con mejor o peor

fortuna el trance en Holanda, Bélgica e Italia. En este último caso no hizo

falta ni votar, al romperse la coalición gubernamental de Francesco Cossiga. En

Suecia. La oposición social-demócrata ha pedido la dimisión del primer ministro

«burguesa Thorbjorn Falldin, sin atreverse a plantear la moción de confianza.

Otro tanto pasa actualmente en Noruega, donde el laborista Odvar Nordli se

mantiene porque la oposición no ha querido llevar su frágil Gobierno minoritario

a las cuerdas. Y en Dinamarca, el socialdemócrata Anker Jorgenssen se mantiene

en precario.

Ya sean las Cámaras belgas, los Estados Generales holandeses, el Storting

noruego, el Althing islandés, el Riksdag sueco, el Nationalrat austríaco, el

Folketing danés, los Parlamentos cuentan con este resorte. El gran logro de la

democracia constitucional es que da seguridad a través de unas normas aceptadas

por todos», dice un experto constitucionalista. Sean monarquías contó la sueca,

belga, holandesa o danesa, o repúblicas, como la austríaca o islandesa, las

cuestiones de confianza existen, y si existen, ge aplican.

Pero nadie osa pasarse. «Una cosa es que se pueda derribar un Gobierno y otra

que la crisis sea permanente, con mociones todas tas semanas», manifiesta un

funcionario europeo. Esta es la seguridad en la que se arropan los Gobiernos

para poder ejercer el mandato del electorado. La seguridad de los ciudadanos

reside en poder recurrir a los resortes constitucionales, bien sea a través , de

los partidos o por medio de lo que se llaman «elecciones anticipadas». Muchas

veces, la oposición no fuerza el voto de censura porque la crisis es tan

profunda que no conviene alterar un proceso iniciado y en marcha.

Aunque vaya mal, siempre será mejor que resignarse a la parálisis que genera el

tránsito

de un Gobierno a otro, sobre todo cuando el Gobierno que le va a reemplazar

tampoco va a contar con una mayoría cómoda. Esto ocurre actualmente en los tres

países nórdicos, Gobiernos de «base amplia»

Los constitucionalistas distinguen en Europa entre la «crisis cíclica» que se

atribuye a los países mediterráneos, que en el caso italiano sería crisis

crónica», y la crisis de fragmentación»; países como Holanda y Bélgica, en

particular, sufren de estas inestabilidades propias de sistemas políticos donde

abundan los partidos. No es que sean Gobiernos monocolores minoritarios, ni

coaliciones con uno o dos partidos más, sino Gabinetes «de ancha base» con cinco

partidos (Holanda) y hasta seis (el recién formado Gabinete Martens en Bélgica).

A la hora de la verdad, esa base amplía se demuestra que no lo es tanto. Basta

que un partido abandone la coalición para que caiga el Gobierno.

A fínales de diciembre, el primer ministro Van Agt superó una moción de censura

en los Estados Generales holandeses por haber quedado en una nebulosa su

posición sobre los euromisiles de la OTAN, cuando el Parlamento le había

ordenado que no los aceptara. Su habilidad personal le salvó. Como dicen hasta

sus enemigos, «el sistema que utiliza es el de admitir candidamente sus

errores». Con ello, la oposición queda desarmada.

En Bélgica, Wilfried Martens superó en un año de mandato tres crisis sucesivas,

la última de ellas cuando un partido francófono se retiró de la coalición. Pero

después, ante un absoluto bloqueo parlamentario y gubernamental por la cuestión

lingüística, el primer ministro se jugó el todo por el todo y fue él quien

solicitó el voto de confianza. Lo perdió. Este caso es revelador de cómo a veces

los votos de censura no resuelven mucho: después de mes y medio, Martens se

sucedió a sí mismo, igual que Cossiga en Italia.

Claro que el caso belga probablemente desafía la imaginación. En 1978 tuvo que

dimitir el primer ministro Leo Tindemans, y luego siguieron dos meses hasta las

elecciones y otros cuatro hasta la formación de Gobierno. El problema de las

comunidades flamenca y valona tiene al país aburrido. Es que ya no es una crisis

de Gobierno, sino de Estado.

 

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