Autor: Pelayo, Antonio. 
 Votos de censura y Gobiernos en el mundo occidental.. 
 Una preciosa arma para el ejecutivo francés     
 
 Ya.    29/05/1980.  Página: 26. Páginas: 1. Párrafos: 5. 

29-V-1980

INFORME DE LOS CORRESPONSALES Y DEPARTAMENTO INTERNACIONAL DE «YA»

Una preciosa arma para el ejecutivo francés

PARÍS Antonio Pelayo

La moción de censura no sólo no ha hecho caer ni un solo Gobierno en todos los

años de la quinta República, sino que se ha convertido en una preciosa arma para

el ejecutivo, que le permite burlarse del control de las cámaras. Esta curiosa

paradoja se debe a la ingeniosa voluntad del general De Gaulle de recortar los

poderes legislativos. Durante la cuarta República éstos hacían caer y levantar

gobiernos como auténticas marionetas; la actual Asamblea Nacional, partida en

cuatro grupos disciplinados, es incapaz matemáticamente de derribar un Gobierno,

salvo un maremoto de las relaciones políticas de este país. Y en este caso, lo

más probable sería que el Presidente de la República disolviera el Parlamento y

provocara elecciones legislativas para ambas Cámaras.

La moción de censura está recogida en el artículo 49 de la Constitución del 4 de

octubre de 1958, que dice así, en su segundo párrafo: «La Asamblea Nacional pone

en cuestión la responsabilidad del Gobierno por el voto de una moción de

censura, tal moción solo es de recibo si esta firmada por al menos, una décima

parte de los miembros de la Asamblea Nacional. La votación solo puede tener

lugar cuarenta y ocho horas después de haber sido depositada la moción. Solo se

recuentan los votos favorables a la moción de censura que será adoptada con la

mayoría de los miembros componentes de la Asamblea. Si la moción de censura es

rechazada, sus firmantes no pueden proponer una nueva en el curso de la misma

sesión parlamentaria, salvo en el caso previsto en el próximo párrafo.»

Justamente el párrafo que sigue y que el lector va a encontrar a continuación ha

sido el utilizado por el primer ministro, Raymond Barre, para hacer pasar por la

Cámara una serie de leyes y medidas económicas que desagradaban no sólo a la

oposición, sino a una parte de la mayoría, Los gaullistas se han visto

embridados por la mecánica constitucional si no querían provocar la caída del

Gobierno. «El primer ministro —sigue diciendo la Constitución francesa— puede

comprometer, después de la deliberación del Consejo de Ministros, la

responsabilidad del Gobierno ante la Asamblea Nacional para la votación de un

texto. En este caso, el texto será considerado como adoptado, salvo si una

moción de censura, depositada en las veinticuatro horas siguientes es votada en

las condiciones previstas en el anterior apartado.»

Esta martingala jurídica, que es como una fuga hacia adelante, ha permitido al

Gobierno sacar a flote proyectos muy discutidos, que, por otra parte,

desgastaban a la oposición. Comunistas y socialistas —que además han presentado

casi siempre mociones diversas— sabían muy bien que nada iban a conseguir,

puesto que los gaullistas, por boca de Chirac, sostienen al Gobierno en el

Parlamento, aun cuando se permitan criticar todas sus orientaciones. La

solidaridad con el «modelo de sociedad» ha agrandado sus tragaderas aun cuando

haya desacreditado no poco a su movimiento ante la opinión pública. ¿De qué vale

su crítica si a la hora de la verdad acaban alineándose con la política

gubernamental?

La moción de censura ha perdido, pues, su eficacia, dada la inflexibilidad del

mapa político francés, que no permite trasvases de un partido a otro.

 

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