Autor: Colchero Sainz, José Virgilio. 
 Votos de censura y Gobiernos en el mundo occidental.. 
 La moción española, calcada de la alemana     
 
 Ya.    29/05/1980.  Página: 26. Páginas: 1. Párrafos: 9. 

La moción española, calcada de la alemana

José V. Colchero

La moción de censura, tal como va a discurrir en el Congreso, es un invento

alemán. El artículo 113 de nuestra Constitución es una versión fiel del 67 de la

ley fundamental germana. La preocupación de los constituyentes alemanes de 1949

era evitar que en la Cámara pudieran derribarse Gobiernos sin la garantía de que

hubiese cambio con mayoría sólida.

Una razón del fracaso democrático que abrió a Hitler las puertas del poder fue

que durante la república de Weímar, atomizada en partidos políticos, tos

diputados se dedicaron a jugar al pim-pam-pum con los Gobiernos.

Probablemente, si nuestra Constitución no hubiese recogido esa sabia norma

germana, Suárez sería ya presidente caído, y de.su grupo parlamentario tratarían

de hacer leña quienes se hallan a la derecha y a la izquierda de UCD.

Nosotros estrenamos la moción de censura cuando nuestra Constitución aún no

tiene año y medio, mientras en el Parlamento de Bonn no se planteó hasta

veintitrés años después de entrar en vigor la ley fundamental, cuando ya la

nueva democracia germana había alcanzado la mayoría de edad. Sin duda, los

españoles copiamos la norma, pero vamos a hacer un uso mucho más flexible de

ella.

Nada más que en una ocasión (el 27 de abril de 1972) se ha votado una moción de

censura en el Bundestag de Bonn desde que se constituyó la República Federal el

25 de mayo de 1949. Faltaban pocos días para que la Cámara debatiera los

acuerdos con el Este, base de la «ostpolitik». Hervía el nacionalismo alemán en

un sector de la población. Empujado por Strauss, el entonces líder democristiano

Rainer Barzel se avino a presentar su candidatura para que el Parlamento

retirara la confianza a Willy Brandt y le nombrase canciller a él.

En los meses anteriores, la «stpolitik» había ido erosionando a los partidos

gubernamentales (el socialdemócrata de Brandt y el liberal de Walter Scheel). El

25 de abril, cuando se presentó la moción de censura (en Alemania basta que

transcurran cuarenta y ocho horas para votarla), la Democracia Cristiana había

«engordado» hasta contar con 146 escaños, más un independiente, Helms, salido de

la fracción liberal y que no se había integrado en la democristiana, pero que

estaba inclinado a dar el voto a Barzel.

La votación iba a ser secreta. Los partidos gubernamentales contaban con 249

diputados, que era la mayoría absoluta justa (la mitad más uno de los 498

escaños), pero dos parecían estar decididos a impedir a toda costa que saliera

adelante la «ostpolitik».

El 26 de abril, el suspense en el Bundestag fue tremendo.Brandt pronunció un

brillante discurso, lleno de dignidad y no exento de amargura, en el que no

faltó quien creyó ver su testamento como jefe de Gobierno. Los diputados

tránsfugas habían dejado reducida al mínimo la mayoría gubernamental.

Cuando el presidente del Bundestag, el democristiano Von Hassel, anunció el

resultado del escrutinio, muchos correligionarios suyos se quedaron de piedra en

los escaños. Barzel había conseguido sólo 247.

Luego se supo que los dos últimos «judas» de los partidos gubernamentales habían

votado por Barzel.

Ello significaba que dos diputados demo-cristianos no le habían apoyado. Se

desencadenaron cabalas sobre quiénes podían haber sido.

 

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