Editorial. 
 ¿Por qué la moción de censura?     
 
 El Socialista.     Página: 3-4. Páginas: 2. Párrafos: 13. 

Editorial

¿Por qué la moción de censura?

El ya famoso debate no podía quedar reducido a un espectáculo de exhibición

dialéctica por parte de los diversos líderes políticos. Las realidades del país

son demasiado graves, como quedó demostrado de una manera palpable. El Gobierno

carece de credibilidad y sus promesas no despiertan el menor interés en los

ciudadanos ni en la opinión pública. El Gobierno no ha gobernado, no gobierna ni

sabe gobernar. Ante la incapacidad del señor Suárez y su equipo para dirigir el

país, el primer partido de la oposición no podía ser cómplice de este fracaso

que ha quebrado las esperanzas del país. La salida que le quedaba era poner en

marcha los mecanismos del artículo 113 y presentar una censura a un Gobierno que

es incapaz de cumplir sus promesas y, lo que resulta más grave, que a la vista

de la difusa, profusa y confusa intervención de Suárez, carece de un proyecto

político para encarar el futuro. El Gobierno no piensa, ni sabe realizar una

política distinta a la que viene realizando, lo cual equivale a que cada día la

crisis será más profunda.

El PSOE no anduvo sumando o restando diputados, ni descompuso en sus

planteamientos previos la anatomía de la Cámara al decidirse por la moción de

censura. Esta moción era un imperativo moral que trata de demostrar que existen

otras ofertas programáticas para afrontar la crisis dentro del juego

democrático, al mismo tiempo que puso al ejecutivo de UCD frente a sus

incoherencias, incumplimientos y carencia de ideas. El artículo 113 exige que la

moción de censura sea constructiva y el partido que la presenta también tiene

que presentar su candidato.

"Resulta palpable el fracaso en la consecución de los grandes objetivos de la

política económica fijados en diversas ocasiones por el Gobierno y el reiterado

incumplimiento de los compromisos adquiridos en esta materia, lo que ha tenido

como consecuencia la obtención de unas tasas de crecimiento muy por debajo del

nivel potencial e inferiores al promedio alcanzado por los países europeos, la

carencia de una estrategia de política industrial y agraria capaz de afrontar

las transformaciones exigidas por la profunda crisis energética y la perspectiva

de nuestra integración en las Comunidades Europeas, la incapacidad para crear

las condiciones que aseguren el relanzamiento de la inversión pública y privada,

con el consiguiente aumento del paro a un ritmo político y socialmente

intolerable".

Después de ver al señor Abril Martorell, gran mandarín de los temas económicos,

no es extraño que los planteamientos de nuestra economía carezcan de una lógica

interna que permita salir de la crisis. El señor Abril se movió entre "el Norte

y el Sur" sin el más mínimo sentido de la brújula; se perdió en el estrado como

un boxeador "tocado" sobre el ring. El señor Suárez le escuchaba nervioso y en

los escaños ucedeos cundía la desolación. El señor Abril es impresentable a la

hora de ofrecer un proyecto económico. El presidente Suárez debía saberlo y, sin

embargo, durante la última crisis no sólo no le marginó, sino que fue el gran

muñidor de la llamada "remodelación".

¿Por qué la moción de censura?

El señor Abril es un hombre quemado, como quemado está Suárez. No deben

preocuparnos sus cenizas; lo que nos alarma es que la economía se está o la

están pudriendo. El sector público ha decrecido en relación con 1978. Las

inversiones para crear puestos de trabajo en la empresa pública han disminuido

con respecto al año anterior. La inflación no ha bajado como pretendía el

Gobierno. El sector privado no invierte, entre otras cosas porque ni se ayuda a

los sectores en crisis ni se incentivan aquellos que están creciendo. El paro ha

aumentado en 1979 —cifras oficiales— en 272.000 nuevos parados. 272.000 puestos

de trabajo menos. ¿Qué se ha hecho? Nada. El plan económico que intentan poner

en marcha es una enorme fábrica de parados. El ´paro está envenenando la

convivencia social.

La libertad de expresión, por los suelos

"El Gobierno ha hecho gala de desprecio a las reglas de juego dé la democracia

parlamentaria que consagra la Constitución, llegándose a afirmar que un debate

parlamentario constituye una trampa y que una interpelación por la libertad de

expresión es una provocación y que, asimismo, dicho Gobierno ha producido grave

deterioro en el prestigio de las instituciones parlamentarias al llegar a

acuerdos para modificar una Ley presentada en el Parlamento con grupos políticos

que se encuentran fuera de la Cámara". Como se recordará, en estas páginas

fueron denunciados los acuerdos entre el PNV y el ministro de Universidades

sobre la LAU. Esto convierte al Gobierno en procónsul del PNV en la Cámara y los

pe-neuvistas pueden jugar ante su electorado a la no "contaminación"

parlamentaria. En cuanto a la libertad de expresión, han hecho acto de presencia

los fantasmas del pasado, los procesos contra periodistas se multiplican de

manera alarmante. La Constitución, por culpa del Gobierno, no ha penetrado en el

tejido social, ni siquiera en el de algunas instituciones que debieran

protagonizar la puesta en práctica de nuestro máximo texto legal. El artículo

20, en donde se consagra la libertad de expresión, está siendo permanentemente

marginado por unas leyes que no están acordes con su letra ni con su espíritu.

La corrupción de RTVE

Resulta preocupante que el mismo Gobierno se mueva por las riberas del texto

constitucional en múltiples ocasiones. La primera es la marginación en que tiene

a la Cámara. Suárez huye del Parlamento como los gatos del agua caliente.

Prefiere rodearse de sudarios de silencio en la Moncloa que ofrecer ante la

Cámara respuestas a los problemas del país. A la vista del último pleno, el

presidente tiene razón para convertir la Moncloa en su Numancia, ya que carece

de un bagaje elemental de ideas para plantarle cara a la crisis.

Ante los casos de corrupción palpable como los demostrados en relación con RTVE,

el Gobierno no sólo no ha facilitado una clarificación de los hechos, sino que

ha puesto toda clase de trabas para que se esclarezcan. El señor Abril dijo que

no se solucionaban los problemas poniendo querellas criminales, a lo cual podría

contestársele que si no hubiera indicios serios y razonable de criminalidad no

se pondrían.

Resulta evidente que "bajo el gobierno del presidente Suárez, la inseguridad

ciudadana va en aumento constante..., la sensación de una falta de autoridad es

cada vez mayor, ya que no existe una política para resolver esos problemas,

especialmente para atajar el terrorismo en el País Vasco, la violencia de la

extrema derecha y la delincuencia común". Es evidente que, en estos momentos, no

se puede negociar con ETA, ya que ETA se ha decidido por el único lenguaje de la

violencia y no se puede negociar con criminales. Pero el Gobierno tampoco ha

hecho nada por la puesta en marcha de un frente común ciudadano antiterrorista y

aislar a ETA de sus apoyos, que los tiene. Sin la puesta en marcha de un plan

que persiga el aislamiento de ETA, las medidas policiacas serán a todas luces

insuficientes. También vimos crecer en estos últimos tiempos el terrorismo de la

extrema derecha, que extiende sus tentáculos, sus balas y sus muertos por

diversas geografías del país. Son gentes que en nombre de España desprecian de

manera brutal la vida y las opiniones de los españoles. El ministro ha dicho en

uno de sus informes que no había planteamientos programados de este terrorismo;

curiosa afirmación cuando los vemos asaltar perfectamente formados e incluso

uniformados algunos bares, colegios, Facultades y sedes de partidos políticos.

El Estado de las autonomías, aparcado

"Afirmando la carencia de un proyecto autonómico del Gobierno, rechazando por

discriminatoria y limitada la propuesta de-una, nueva lectura del título VIII de

la Constitución, anunciada por el presidente del Gobierno, y el inexplicable e

injustificado retraso en la presentación de una Ley de Régimen Local para

garantizar la autonomía local". Aquí se destruyó un modelo de Estado y el

Gobierno carecía de esquema para poner en marcha el que debia sustituirle. El

Estado de las autonomías, para nuestros gobernantes, era como un mecano

monstruoso que no sabían cómo poner en marchar y, en vez de echarle a andar,

prefirieron aparcarle después de los primeros experimentos con dos de las

nacionalidades históricas como el País Vasco y Cataluña. Galicia fue la primera

que sufrió la discriminación, y vino después Andalucía, donde el Gobierno

convocó un referéndum y después recomendó la abstención y montó toda clase de

maniobras para que las cifras fueran diferentes del deseo de los ciudadanos.

Hubo millares de muertos absteniéndose y emigrantes censados en cualquiera de

las ocho provincias andaluzas mientras ellos andaban en el tajo de Alemania,

Holanda o Cataluña. A pesar de todo, el pueblo andaluz votó con amplio margen su

autonomía.

El texto de la moción del PSOE resumía así sus razones: "Considerando que está

suficientemente probada la incapacidad del presidente y su Gobierno para dirigir

los destinos de la nación española y que el llamado reajuste ministerial no

permite generar esperanzas dé cambio ni afecta a los máximos responsables de la

situación creada".

La moción de censura está moviendo los cimientos de UCD, por mucho que su

secretario general trate de darnos la imagen de más "unidos que nunca". Resultó

evidente que Felipe González tuvo varias veces a Suárez pegado a las cuerdas,

"gastándole" con ataques desde todos los frentes y hacia todos sus flancos.

El ansia de supervivencia en el poder de la familia centrista, que se mueve por

intereses y no por ideología, está considerando la posibilidad de buscar un

nuevo líder entre sus huestes, ya que piensa que con Suárez no puede mirar con

claridad el futuro, sus futuros. Sabemos, por sondeos directos entre centristas,

que Lavilla es el nombre más cotizado.

La moción de censura fue un imperativo moral. Ahora el imperativo real del PSOE

es ofrecer un programa con credibilidad. Ante la opinión pública se van a

clarificar muchas cosas y dejar en evidencia a los responsables del desencanto

producido por la nueva democracia.

 

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