Autor: Díez, Luis. 
 El PSOE censura al Gobierno. 
 20-M: Tocado     
 
 El Socialista.     Página: 7-8. Páginas: 2. Párrafos: 28. 

Los problemas sociales, económicos, de seguridad ciudadana, desarrollo

autonómico y la carencia de un decidido propósito democrático, así como la falta

de una política exterior, han culminado su escalada el 21 de mayo cuando el

primer partido de la oposición presentó un voto de censura al Gobierno de Suárez

y UCD, cuyo fracaso ha podido poner en riesgo al propio sistema democrático,

todavía no afianzado. En el debate parlamentario del 20-M, el Gobierno quedó

tocado.

El PSOE censura al Gobierno

20-M: tocado

A las 4.30 de la tarde del martes 20 de mayo daba comienzo, en el Congreso de

los Diputados, un debate que puede calificarse de histórico, por cuanto, por

primera vez, la oposición ha puesto en tela de juicio la política global del

Gabinete Suárez, claramente ineficaz, y cuyas consecuencias están siendo

negativas para 35 millones de españoles.

Al tiempo que se ha obrado este fenómeno inesperado y perfectamente

constitucional, se ha afianzado la credibilidad democrática en nuestro país.

Desde hace tiempo se venía identificando el sistema democrático con la profunda

crisis y el elevado paro, contra los que la acción del Gobierno ha sido inútil

por ineficaz.

La sesión, que había concitado el interés propio de un país que espera

soluciones, estuvo precedida por una comunicación del Gobierno al Congreso en la

que, desechando otros temas de interés, reducía a tres los motivos de debate:

política autonómica, crisis económica e imperio de la ley.

Seis eran seis

Durante casi dos horas, el presidente Suárez leyó una conferencia poblada de

generalidades y corresponsabilidades, redactada, al parecer, por seis de sus

ministros. El jefe del Ejecutivo rechazó, "a priori", cualquier descalificación

global del acontecer político protagonizado por el Gobierno y el resto de las

fuerzas políticas y sociales. De esta forma iniciaba Suárez las líneas de su

discurso.

Justificó el retroceso de las libertades y la falta de desarrollo constitucional

con el anuncio de un "Estatuto de. las libertades", siendo contestada su

intervención por Santiago Carrillo y el resto de la izquierda. La razón de la

respuesta a la incongruencia de Suárez es obvia, ya que es la propia

Constitución la que reconoce el derecho a las libertades sin necesidad de más

estatutos.

Pero los atrevimientos de Suárez fueron más lejos, llegando a culpar

exclusivamente a los crudos de las elevadas tasas de desempleo. "Las continuas

alzas del precio del petróleo —dijo— han impedido reactivar el binomio in-

versiones-producción, lo que ha venido a incrementar el nivel de desempleo".

La intervención del candidato a la Presidencia del Gobierno, Felipe González,

fue precisa y contundente: "La crisis del petróleo no lo explica todo, porque

crisis del petróleo —puntualizó— hay en todo el mundo y dependencia energética

hay en todo el mundo. En Italia, tanto como aquí, y han crecido un cinco por

ciento en el producto interior bruto, han aumentado sus puestos de trabajo. Y

como ése, muchos países.

Nuestro país es frágil desde el punto de vista de la estructuración industrial,

pero el crecimiento de los países en desarrollo durante el año pasado y el año

anterior ha sido, a veces, del siete y e! ocho por ciento.

Por consiguiente, hay que explicar si estamos justamente en el lugar intermedio

donde nos van a dar bofetadas los países en vías de desarrollo y los países

industrializados al mismo tiempo, o hay una posibilidad de salida"

El paro fue para arriba

Mientras el presidente Suárez no expuso objetivos sobre la situación económica,

el paro y la crisis, sino que se limito a hacer una apología del Estatuto de los

Trabajadores, todavía no desarrollado en sus aspectos capaces de generar empleo,

los socialistas, por boca de Ernest Lluch, trazaron las coordenadas de una

política de activación del sector público y de desarrollo del sector privado.

Llegó Suárez, en un extremo de falta de argumentos para sustentar la labor del

Gobierno, a citar el Acuerdo Marco Interconfederal "como manifestación singular

—dijo— de una política salarial libremente consentida". Ocultó, mientras tanto,

la ineficacia para reformar la Administración Pública, que, como dijo Felipe

González, "no sólo está afectando a la economía, paralizando el sector público

por defectos internos de la propia Administración, sino que está afectando, y

gravemente, a la construcción de las autonomías". "Se hablaba hace un año —

agregó el secretario general del PSOE— de una situación socioeconómica difícil.

Se hacía referencia a los acuerdos de la Moncloa que bajaron la inflación en

diez puntos en un solo año. En el año mil novecientos setenta y nueve —tomando

siempre como referencia el discurso del presidente en su investidura—, el

objetivo fundamental del Gobierno era doble: reducir la inflación y combatir el

paro. Se redujo la inflación en mil novecientos setenta y nueve en un punto y

aumentó el paro en doscientos setenta y dos mil nuevos parados. Esa es la

realidad dramática, que no es sólo imputable al precio de la energía, porque en

otros países con igual dependencia se está combatiendo el desempleo. Pero,

claro, era lo que se trataba de hacer. Se instrumentaban una serie de

procedimientos.

Tenemos que crecer, decía el presidente del Gobierno, con la mayor proximidad

posible a nuestra tasa potencial, y repetían los ministros del ramo que nuestra

tasa potencial está entre el cuatro y el cinco en el crecimiento del producto

interior bruto".

"La realidad —continuó Felipe González— demuestra que hemos crecido un uno coma

uno, un uno coma dos o un uno coma cinco. Hay varias cifras, yo retengo una de

las que se dan desde organismos oficiales, la del uno coma uno por ciento. Pero,

atención, porque esa tasa de crecimiento que se nos prometía del dos por ciento

por encima de los países de la OCDE está un dos por ciento por debajo del

creciemiento de los países de la OCDE, que crecieron, en media, el tres coma

tres por ciento".

Y Abril, entre el Norte y el Sur

"Naturalmente —acusó el líder del PSOE—, se decía que se iba a instrumentalizar

una política de crecimiento del empleo con ese objetivo de crecimiento del

producto interior bruto, que no se cumplió. Se hablaba —acusó más adelante— de

que se iban a corregir las injusticias en el sistema económico-social, pero, la

verdad, es que el elemento corrector prioritario de que el Gobierno dispone es

la inversión pública. Se dice que hay demasiados gastos de consumo y, por tanto,

se puede invertir menos desde el sector público. Pero ¿a quién se lo dice? Si el

presupuesto lo aprueba el Gobierno, si el sector público está en manos del

Gobierno, es evidente que el crecimiento de las inversiones, que debería haber

sido superior (se entiende que para generar empleo) en el año mil novecientos

setenta y nueve que en mil novecientos setenta y ocho, ha sido interior en

pesetas constantes. Es decir, el sector público fue menos dinámico en mil

novecientos setenta y nueve que en mil novecientos setenta y ocho. Y todo eso

haciendo referencia a que hace falta reformar la Administración, porque,

efectivamente, si no no vamos a caminar en ninguna dirección".

Este aspecto del discurso de Felipe González quiso ser contestado por Abril

Martorell en una torpe intervención en la que aludió a un diálogo "Norte-Sur"

como si de una lección de párvulos se tratara. Quiso acusar Abril a los

sindicatos de haber intentado agravar la situación en el sector público, pero

tuvo pocos argumentos veraces y rigurosos. Finalmente, el barón Abril tuvo la

ocurrente idea de decir que la culpa de que la inversión en el sector público

para fomentar empleo haya sido menor "aquí". "Claro es —contestó Ernest Lluch,.

por los socialistas de Catalunya— que esas leyes las hace la mayoría mecánica

UCD-CD. Y si no, que nos dejen hacerlas a nosotros".

En su intervención, se refirió el líder socialista y candidato a la Presidencia

del Gobierno al sector privado. Se crearon una serie de mecanismos que

dedicarían una especial atención para corregir la discriminación para la pequeña

y mediana empresa. "El Ministerio de Industria, el Ministerio, no digo el

ministro (ha habido tres ministros de Industria en tres años), reconoce que el

crédito para la pequeña y mediana empresa sigue siendo un crédito discriminado.

No acude el crédito en igualdad de oportunidades al pequeño y mediano empresario

que al gran empresario. Eso no ha mejorado.

La agricultura, hundida

Abordó Felipe González oíros aspectos del discurso programático de Suárez y que

el presidente del Gobierno prefirió no mencionar, entre ellos la edad de

jubilación. Sobre la edad de jubilación —promesa incumplida— dijo que no se ha

reducido a lo largo de 1979. El control de la Seguridad Social por empresarios y

trabajadores tampoco se ha efectuado. La agricultura, sobre la que Suárez dijo

que pasaría a mejorar su condición relativa respecto a la industria, ha

empeorado.

"La verdad es —dijo Felipe González— que la agricultura en el año mil

novecientos setenta y nueve ha descendido en su capacidad de vida en relación

con el resto de los sectores económicos del país. Es decir, que la reducción de

un punto de la inflación (logro de Abril) la ha pagado, sobre todo, el

agricultor".

Otros subsectores, como el de la vivienda, las mejoras urbanísticas y la

necesidad de transferir plusvalías a las comunidades, fueron abordados puntual,

crítica, objetiva y rigurosamente por los socialistas.

"Cuando se trata del paro —dijo Felipe González— se aprecian contradicciones muy

graves. Las estadísticas oficiales dicen que el fraude de los trabajadores en el

mes de marzo era del cinco coma cero dos por ciento y el fraude de las empresas

al desempleo y a otros aspectos de la Seguridad Social, el treinta y tres coma

seis por ciento. Por tanto, hay que darle la medida exacta a cada una de las

cifras".

Más adelante se refirió a la poca atención que se presta a los sectores en

crisis, pero también a la nula atención que se dedica a aquellos otros sectores

que podrían crecer y no crecen porque e! Gobierno no está haciendo lo suficiente

para que crezcan.

Delincuencia y terrorismo

Otro motivo de debate fue el de la inseguridad ciudadana y el fenómeno

terrorista. "Hay terroristas —dijo Felipe González— con carnet de identidad a

los que no se les combate ni detiene, siquiera fuera en un propósito de

demostrar a la ciudadanía que se está haciendo algo". Carrillo, por su parte,

dijo que "no se hace nada para cortar el tráfico de droga, cuando a veces basta

ir por la calle para encontrar a los traficantes".

También en este aspecto el discurso del presidente del Gobierno fue hueco y

gris. Juan María Bandrés, por Euskadiko Eskerra, exigió medidas políticas para

el País Vasco, mientras Rosón —el responsable gubernamental— prefirió anunciar

nuevas medidas policíacas.

Suárez lee la Constitución por segunda vez

El tema de la transformación del Estado, según prevé la Constitución en el

Estado de las Autonomías, fue abordado por Suárez con mala fortuna. Suárez dijo

que cuando se había elaborado la Constitución se había previsto la vía del

artículo 151 para las comunidades históricas. Esta cuestión, calificada de

sorprendente, crispó aparentemente al andalucista Rojas Marcos, quien, sin

bridas en su caballo jerezano, quiso despachar a catalanistas y al resto de las

fuerzas políticas que han luchado y luchan por conseguir la autonomía plena para

Andalucía y quedarse sólo como "andaluz puro". Claro está que al señor Rojas le

fallaron las extremidades para poner los estribos y se autorrevolcó tontamente.

Suárez, por su parte, dijo que "el más grave nesgo de las autonomías es la

confusión que la emotividad incontrolada pueda producir. La aspiración —dijo— de

crear espacios económicos propios, sometidos a unos principios de ordenación

distintos a los generales del Estado, es un dislate político". Después de

insistir en la unidad del espacio económico —que nadie duda— se refirió a los

agravios comparativos y a los supuestos de confrontación con el Estado.

De nuevo en esta ocasión Suárez aludía a algo ya mencionado con cierta

anterioridad a la fecha

del debate. "Parece impensable —explicaba Alfonso Guerra a EL SOCIALISTA— que un

presidente del Gobierno tenga la ceguera de decir que las comunidades autónomas

no tienen que luchar contra el Estado.

No es que las autonomías vayan a luchar o no contra el Estado, es que son

Estado".

El jefe de la Moncloa, desde una perspectiva puramente restrictiva, reafirmó la

ley de) embudo por una sola vía, mientras, para conformar verbalmente a los

pueblos injuriados, anunció literalmente: "Si las regiones que van a acceder

ahora a la autonomía plena por el artículo ciento cuarenta y tres desean

realmente dotarse de un esquema organizativo, paralelo al previsto para las

regiones de restitución histórica, nada hay que lo impida".

A renglón seguido, y refiriéndose a las competencias de las comunidades

autónomas, Suárez dijo que las leyes sectoriales (?) u horizontales delimitarán

la igualdad para todos, para lo que sugirió, además, una lectura paralela de los

Estatutos ya aprobados, lo que claramente significa una amenaza de reducir sus

techos competenciales.

Así las cosas, una vez más el presidente del Gobierno demostró no sólo la

carencia de un proyecto de Estado de las Autonomías, sino e! carácter

centralista de su supuesto proyecto.

Por su parte, Felipe González trazó las coordenadas del desarrollo autonómico en

relación con la reforma de la Administración del Estado. Sin embargo, la

cosmología impuesta al debate le impidió una más extensa exposición.

LUIS DIEZ

 

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