Los socialistas y la seguridad ciudadana. 
 Un Gobierno firma para un país seguro     
 
 El Socialista.     Página: 15. Páginas: 1. Párrafos: 12. 

En lo que a materia de orden público y seguridad ciudadana se refiere,la opinión

de tos socialistas se encuentra fundamentalmente en las resoluciones del XXVIIl

Congreso del PSOE. Habida cuenta que ambos temas han suscitado polémica en el

transcurso del recién celebrado debate parlamentario, EL SOCIALISTA resume parte

de las mismas, así como otros documentos elaborados por la Comisión Ejecutiva

Federal y el Grupo Parlamentario Socialista, toda vez que son susceptibles de

modificación de acuerdo con el programa que el Partido Socialista redactó la

pasada semana y que Felipe González expondrá en el Congreso de los Diputados.

Los socialistas y la seguridad ciudadana

Un Gobierno firme para un país seguro

Desde hace varios años, concretamente desde que comenzó el desarrollo y se

debilitó la dictadura, el orden público, especialmente en las ciudades, se está

deteriorando en dos aspectos: en lo político y en Lo social.

En lo político, el desorden, que era mayor durante ciertos períodos de la

dictadura, aunque entonces la prensa ponía forzada sordina a los hechos,

actualmente es causado por grupúsculos extremistas, que a veces ven facililada y

potenciada su labor desestabilizadora por la actitud negativa de ciertas

autoridades políticas y policiales. Pero esto, y pese a las consecuencias

trágicas, no debe alarmar y ser dramatizado, pues es imposible que el tránsito

de una dictadura a una democracia se haga sin cierto grado de desorden.

En lo social, las causas también están claras. Es un hecho universalmente

constatado que el desarrollo económico implica un aumento del índice de

delincuencia. Y si e! desarrollo se ve además complicado por un espectacular

aumento del paro, como ocurre actualmente, es totalmente lógico que alcancemos

unas elevadas tasas de criminalidad. Es ciertamente muy lamentable, pero el

actual avance de la sociología nos permite afirmar que ocurre así siempre que se

cían estas circunstancias.

Cabría hacer referencia, por otra parte, a la grave falta de orientación, de

información, de coordinación de servicios, dotaciones inadecuadas, asi como

falta de orientaciones idóneas y algunos elementos que son herencia de

situaciones pasadas y que imposibilitan a su vez el buen funcionamiento de la

seguridad de los ciudadanos. Pese a mantener en nuestra sociedad más de 130.000

hombres armados para mantener la ley y la paz interior, ésta deja mucho que

desear. En consecuencia, parece obligado que los socialistas nos esforcemos en

presentar una solución alternativa que se podría basar en los criterios

siguientes:

Criterios para una alternativa socialista

1. Desdramatización y colaboración: Los policías no sólo no son enemigos del

pueblo, sino que deben ser sus protectores. Y los ciudadanos,´ y en concreto los

socialistas, no sólo no somos el "enemigo interior", como decía el dictador,

sino que somos unos ciudadanos que deseamos que guardias o policías defiendan el

orden democrático, y colaboremos, como todos, en el mantenimiento de su

existencia. Consideramos que el pueblo debe valorar sus instituciones

policiales, pues sin ellas sería imposible la convivencia. El policía es un

defensor del ciudadano y de las instituciones democráticas, frente a quienes

intentan destruir la paz quebrantando la ley. Por eso el pueblo debe respetar a

sus guardias y policías y éstos deben ser especialmente sensibles para evitar

los sufrimientos del pueblo. Un enfrentamiento entre ciudadanos y policías es,

objetivamente, un hecho tan absurdo que, si no estuviésemos todos deformados por

los cuarenta años de dictadura, lo consideraríamos inconcebible.

2. Un cambio de estilo policial: Evidentemente, dentro de un sistema democrático

las pautas de conducta de la Policía son distintas de las de un sistema

dictatorial, ya que se trata de sustituir la fuerza por el diálogo. Por ello

requiere no sólo una transformación ideológica, sino, además, un aumento de la

competencia, pues evidentemente en una democracia, donde la Policía ve

constantemente limitada su posibilidad de actuación por el imperio de la ley y

el respeto a los derechos humanos, debe ser mucho más hábil y competente para

lograr los resultados que durante la dictadura podía obtener fácilmente con el

recurso de la fuerza. Para ello sería preciso organizar, dentro de las

instituciones judiciales, unos cursos de perfeccionamiento o de "reciclaje", en

los que estudiasen desde los conceptos básicos de la democracia y el Estado de

Derecho, hasta modernas técnicas que permitan lograr la autoridad moral en la

calle y el resultado positivo del interrogatorio, sin que se produzca quiebra

alguna al respeto de los derechos humanos.

3. Integración del pueblo y ¡as instituciones policiales: Los policías son parte

del pueblo y deben estar integrados en la comunidad y no aislados de ella.

Integrados en un sentido total, viviendo y trabajando diseminados dentro de la

ciudad, en pisos civiles situados dentro del barrio en que deben trabajar, al

que proteger, conociendo a los vecinos, compartiendo sus aficiones o ideales...

Hablando su idioma en donde exista uno peculiar. Siendo, en resumen, un

ciudadano más del barrio, "el policía del barrio", el hombre bueno, al que los

ciudadanos deben poder acudir cuando sientan temor porque vean su seguridad

amenazada. Los grandes cuarteles y las casas-cuartel pierden sentido en una

democracia. Deben exisitir comisarías de barrio, que sean a la vez oficina y

cuartelillo de la unidad organizativa policial de! barrio y en las que un número

limitado de hombres puedan afrontar cualquier emergencia, mientras los restantes

miembros de la citada unidad policial del 3barrio rondan las calles por turnos y

de forma tal que la seguridad no quede desatendida. No se trata, pues, de crear

una "Policía de barrio" como otro cuerpo policial, sino de reestructurar la

Policía sobre el citado criterio.

La Policía de barrio es, desde la concepción socialista, básica y fundamental, y

a ella se deben dedicar la mayoría de los efectivos policiales, ya que se trata

de una Policía preventiva, a diferencia de las demás (incluida la judicial),

cuya acción comienza cuando el delito ya está consumado y hay que descubrir y

prender al culpable.

Además de estas unidades de Policía de barrio (y las análogas de Policía de

comarca para las zonas rurales), deben lógicamente existir unas pocas unidades

especiales para ciertos cometidos concretos, como son las actividades

antitráfico de droga, antiterrorismo, represión de contrabando (a base de

lanchas costeras), vigilancias y conducción de presos, fuerzas cíe seguridad,

etc. Especial importancia en este sentido se debe dar a las unidades de Policía

judicial, las cuales deben depender directamente (pero no orgánicamente) de las

autoridades judiciales para la investigación y erradicación de la delincuencia.

4. Globalidad: En la concepción del orden público, frente a la parcelación

actual, el policía de ámbito estatal o municipal, por su misión y profesión, es

un defensor de la comunidad que debe exigir el cumplimiento de la ley. La ley, y

el orden que emana de su cumplimento, no se puede parcelar ni trocear:

o se cumple o se infringe; por eso, desde el punto de vista legal y policial

profesiona!, resulta aberrante que un servicio de orden debe sancionar ciertas

infracciones y deje incólumes otras porque su función no sea de la incumbencia

especifica de su cuerpo.

Seria recomendable, por último, alcanzar una plena coordinación entre los

Cuerpos de Seguridad del Estado con las Policías autónomas y fijación de

competencias de acuerdo con los Estatutos.

 

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