Felipe González presento alternativa. 
 Un programa para desarrollar la democracia     
 
 Mundo Obrero.    29/05/1980.  Página: 1-2. Páginas: 2. Párrafos: 20. 

UN DIARIO PARA EL PUEBLO

N.° 470. 2.a Edición Precio: 25 Ptas.

Felipe González presentó alternativa

Un programa para desarrollar la democracia

Con el discurso más largo de la historia de las Cortes democráticas, Felipe

González presentó ayer ante el Congreso su programa de Gobierno. Sin embargo, en

esta primera sesión plenaria los momentos de mayor tensión se alcanzaron con los

inesperados enfrentamientos verbales mantenidos entre Alfonso Guerra y Rafael

Arias Salgado, primero, y Adolfo Suárez y Santiago Carrillo, después.

El debate de la moción de censura presentada por treinta y cinco diputados

socialistas se iniciaba en la tarde de ayer con una intervención de Alfonso

Guerra, en términos especialmente duros para el Gobierno que preside Adolfo

Suárez, que hacia prever de entrada un Pleno más caldeado de lo que incluso en

un principio podía pensarse.

El vicesecretario general del PSOE fue demoledor en la critica de la gestión

gubernamental realizada por los centristas. Con el tono irónico que le

caracteriza consiguió poner nervioso, de entrada, a un banco azul donde

solamente faltaba el teniente general Gutiérrez Mellado, que llegaría más tarde,

y en el que Adolfo Suárez y todos sus ministros se aplicaban en tomar notas.

El portavoz socialista, que llegó a aludir a Franco como «el general que ocupaba

la Jefatura del Estado en tiempos de la dictadura», pasó revista a las

cuestiones fundamentales de la situación del país, y puso un énfasis especial al

denunciar los casos de corrupción en cuestiones como RTVE o el deporte, respecto

de los cuales ofreció datos concretos.

Su intervención se vio salpicada por los continuos abucheos procedentes de los

bancos centristas. Estos se esforzaron durante toda la sesión por actuar de

«claque», particularmente cuando se trataba de animar con los gritos de «¡Eso

es!», o «¡Muy bien!» a sus líderes.

Hoy sigo, señorías

Al final repitieron lo que ya habían aprendido con bastante tiempo de

dedicación. Dijeron que el discurso era vacio, aburrido, flojo e, incluso, como

Pérez Llorca, que había sido un bodrio. Es evidente que los ministros se

aburrieron. Lo demuestran los calificativos lúdicos que otorgaron un discurso

programático socialista.

Pero lo que es también evidente —ahí están los testimonios gráficos para

demostrarlo— es que sus señorías de UCD no se divirtieron porque no les hacia

ninguna gracia lo que estaban oyendo. Porque no les hacía ninguna gracia oír un

programa de democratización que podría haber salido perfectamente de su pluma.

Entonces el rubor, que no el aburrimiento, es ¡a consecuencia lógica.

DIRECTOR: FEDERICO MELCHOR

Un programa para desarrollar la democracia

El Gobierno hizo valer bien pronto su derecho a intervenir en cualquier momento

de) debate.

Inmediatamente hacía uso de la palabra el ministro de la Presidencia, Rafael

Arias Salgado. Se esforzó en convencer de que lo fundamental de la moción de

censura es su votación fina!, cosa en la cual han venido insistiendo los

centristas a lo largo de los días que han precedido al debate.

Lo cierto es que los socialistas no sabían, al iniciarse la sesión, cuántos

votos podrán recoger, entre los 148 y los 168. Alfonso Guerra llamó la atención

sobre los votos populares que pueda haber tras los sufragios agrupados en torno

a la moción, a ellos habrá que sumar, asimismo, los que representan la

abstención, por cuanto de alguna forma son también votos contrarios al Gobierno

de Adolfo Suárez.

De aquí a seis meses, otra moción

Ayer por la mañana todavía se habían mantenido algunos contactos de cara a la

votación. Según declaraba al mediodía Gregorio Peces-Barba, estas conversaciones

van a continuar en el futuro, pese a que no

salga la moción, no sólo con quienes voten afirmativamente, sino también con

quienes se abstengan, de cara a un entendimiento futuro. «Si el Gobierno

continúa como ahora, de aquí a seis meses puede haber otra moción de censura»,

afirmaba el portavoz socialista.

Como era de prever, las criticas centristas a través de Rafael Arias Salgado a

los proyectos socialistas estuvieron teñidas, en un momento, del anticomunismo

más rancio. El ministro cuestionó, mientras era jaleado desde los escaños de su

grupo, a la viabilidad de un Gobierno socialista que contase con el apoyo

comunista. «La presencia del Partido Comunista en el Gobierno —dijo— constituye

un problema interno y externo de primer orden». Citando a continuación las

situaciones de Francia, Italia y Portugal.

El Gobierno que los socialistas estarían dispuestos a formar y del que Felipe

González no habló, porque tampoco parecía el momento de hacerlo, estaría

integrado por miembros del PSOE y personalidades independientes, según

confirmaron fuentes de este partido. Sin embargo, el programa de acción que

desarrollaría durante un primer periodo de un año y medio estiman que debería

contar con el apoyo de todos los grupos que pudiesen votar la moción de censura

o abstenerse, lo que supone una negociación previa de su contenido.

Como era previsible, tras las alusiones hechas por el portavoz gubernamental, se

produjo la réplica del Grupo Comunista por voz de Santiago Carrillo. El

secretario general del PCE parece tener la especial virtud de poner nervioso al

presidente del Gobierno, Adolfo Suárez, que salió al estrado, «aunque no pensaba

hacerlo en esta sesión», según él mismo reconoció.

Unos niegan y otros aplauden

Santiago Carrillo relató una reunión en Castellana, 3, a la cual asistieron

Fernando . Abril, José Pedro Pérez Llorca y Rafael Calvo, por parte del

Gobierno, y Santiago Carrillo, Jordi Solé Tura, Eugenio Triana y Ramón Tamames,

por el PCE Curiosamente, mientras el líder comunista iba narrando, Adolfo Suárez

negaba con gestos ostentosos de cabeza; como siempre, Fernando Abril se removía

en Su escaño.

El vicepresidente económico le ganaba al presidente en el uso de la palabra.

Subía a la tribuna de oradores primero para reconocer la reunión negada.

Después, Adolfo Suárez trataría de matizar el contenido.

«Siento mucho —tuvo que decirles el portavoz del Grupo Comunista— que la

situación política en que está usted hoy le impida reconocer la verdad.»

Sin embargo, el tono anticomunista que presidió esta discusión no pareció ser

del agrado incluso de todos los centristas. Francisco Fernández Ordóñez

permanecía quieto mientras sus compañeros de partido aplaudían el final de la

intervención de Rafael Arias Salgado. Este, además, como una prueba más de la

incoherencia gubernamental, había hablado en su intervención de la posibilidad

de negociar una «amnistía».

Tras el doble duelo Guerra-Arias y Carrillo-Suárez, el presidente de la Cámara,

Landelino Lavi-lla, optó por conceder diez minutos de descanso. El Pleno se

reanudaba con la intervención de Felipe González en el discurso más largo que ha

conocido el hemiciclo en la nueva etapa democrática.

Felipe se lo montó solo

El secretario general del PSOE había elaborado su intervención quizá un tanto

precipitadamente, según se estimaba incluso en algunos medios socialistas. Ello

se debía a la premura con que tuvo que ser elaborado. Para ello, las diferentes

comisiones de trabajo remitieron a Felipe González sus aspectos sectoriales y él

mismo se ha encargado de montarlo que ha sido el discurso programático.

Los centristas se van a emplear a fondo en criticarlo. Ante la presencia de los

periodistas a la salida del hemiciclo, el ministro de la Administración

Territorial; José Pedro Pérez Llorca, clamaba: «¡Qué bodrio, qué bodrio1.»

Adolfo Suárez era más cauto y escapaba, negándose a hacer comentarios. En

términos muy similares al primero y con el tono serio y enfadado que le

caracteriza en los últimos tiempos se pronunciaba Fernando Abril.

Lo cierto es que los socialistas han hecho algo que se negó a hacer en su

día UCD, abrir un debate sobre un programa de Gobierno. «Este —dijo Felipe

González— es un programa a debatir por las fuerzas políticas de la Cámara, cosa

que se nos hurtó en la investidura.»

Quizá el error que haya cometido es pormenorizar en exceso´ las medidas que

podría y debería llevar a cabo un nuevo gobierno. Ello dará pie a que hoy los

ministros, que se dedicaron toda la sesión a tomar notas, se empleen a fondo. El

Gobierno se reunía brevemente anoche con toda seguridad para concretar una

estrategia que mantienen en el más absoluto secreto.

El Pleno se reunirá a las tres de esta tarde. Parece poco probable que la

votación pueda celebrarse a las nueve de la noche, como estaba previsto, al

menos si sigue el ritmo de hoy.

 

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