Autor: Júcar, Raul. 
 Política. Debate en el Pleno del Congreso. Al vuelo. 
 El doncel Arias Salgado perdió hace mucho la virginidad     
 
 Mundo Obrero.    29/05/1980.  Página: 5. Páginas: 1. Párrafos: 9. 

al vuelo

RAÚL JUGAR

El doncel Arias Salgado perdió hace mucho la virginidad»

Los veintitrés diputados comunistas no han sido ni el furgón de cola ni los

convidados de piedra en la histórica sesión primera en la que se planteó la

moción de censura. Se limitaron a apoyarla como desenlace lógico a una postura

critica al Gobierno de UCD.

Observaron a lo largo de los debates un discreto segundo plano, dejando el

protagonismo del asedio a los socialistas. Ayer, con todo el país pendiente de

la tribuna del Congreso, en el primer tercio de la tarde, los veintitrés

diputados comunistas siguieron la iónica de la semana pasada: apoyar, desde la

parte alta del hemiciclo de la izquierda, a los compañeros socialistas,

esperando su turno parlamentario. La tarde transcurría entre protagonistas y

antagonistas, en un duro debate entre Guerra y Arias, cuando este último se sacó

debajo del bombín de ilusionista una vieja bruja de la derecha. Y asi vino a

suceder, que los comunistas, que se habían mantenido en un segundo plano,

esperando su hora, tuvieron que salir a la palestra. Porque Arias Salgado,

arrinconado dialécticamente, portavoz de un Gobierno acribillado con argumentos

políticos, sacó la carta marcada, la carta sobada del demonio comunista. No

pudiendo rebatir los argumentos de la izquierda, esgrimió ese fantasma que la

derecha esgrime como chantaje a su burguesía de apoyo: el frentepopulismo. El

señor Arias Salgado, que ya se había atrevido hace unos meses a amenazar al PCE

de anticonstitucional, osó nuevamente usar la vieja trampa de descalificar a los

socialistas por juntarse con los diablos comunistas.

En el año 1980, una de las más negras estirpes de la vida española, encarnada en

un chulo alevín, negó a los comunistas legitimidad. A los comunistas, que en

Italia, en franela, en Portugal y en la propia España han sido las fuerzas

éticas y políticas que han luchado en todos los frentes para instalar regímenes

de libertades. Para cualquier ciudadano consciente ésta no era una

argumentación. Todos los ciudadanos conscientes y cultos saben que Togliatti fue

ministro de Justicia tras la caída del fascismo y que hubo ministros comunistas

después de la guerra y aun recientemente en algunos gobiernos democráticos de

Europa. Buscaba el alevín derechista el aplauso fácil de una parle de la Cámara

y una parte de la sociedad que está contra este Gobierno, pero que aún tiene

miedo irracional y metafísica a las fuerzas de la izquierda. Según está el

Parlamento se coge antes a un bribón que a un cojo. Porque Santiago Carrillo y

su partido, a los que ahora una derecha bunkerizada como sus propios antepasados

quiere arrinconar, han estado en vanguardia en la consecución de la democracia y

la han protagonizado en los años de la transición, y ya es tarde para arrojarlos

a las tinieblas exteriores de un manotazo. Santiago Carrillo, con difícil

ironía, viene a decirles, a los que hacen a los comunistas los apestados, que ya

es tarde para exorcizar su pecado original. Algo asi les dijo: vosotros, que

decís adorar lo que quemabais y quemáis lo que adorabais, ya no podéis negarnos,

porque ya habéis incluso intentado corrompernos.

«Ahora —dijo Carrillo— que ponéis en duda nuestra legitimidad, hay que decir que

el Gobierno de UCD solicitó al Partido Comunista para hacer un acuerdo de

mayoría, en una cena en Castellana, 3, con Abril, Calvo Ortega y el señor Pérez

Llorca.»

Y además citó una entrevista posterior con el propio Suárez y el mismo objetivo,

en la Moncloa.

Según dijo Carrillo, la cosa le pareció extraña, pero la «acepté sabiendo que

algún día como éste nos negarían la legitimidad».

Ni Abril ni el propio Suárez pudieron negar ayer que el Gobierno que presiden

intentó una vez apoyarse, para gobernar, en los comunistas. «Y sólo al llegar al

tema de la OTAN — dijo Abril— se cancelaron las negociaciones.»

El Gobierno, de UCD quiso complicar al PCE en la desastrosa política de su

Gobierno, aunque ahora aparezcan lavándose las manos que tendieron. Y como dijo

el señor Carrillo, hubo pactos y tendrá que haberlos en el futuro. Porque aunque

le horrorice al señor Arias Salgado, el PCE es un partido nacional, democrático,

protagonista de la democracia, con fuerza y apoyo de la clase obrera y del

pueblo. Les va a ver difícil a los alevines de la derecha idear una fórmula de

gobierno borrando del mapa al PCE.

El doncel anticomunista Arias Salgado había perdido ya la virginidad hace años

en un sofá de la Moncloa.

 

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