Autor: Alcocer, José Luis (CIUDADANO). 
 La izquierda nacional. 
 El debate de la esterilidad     
 
 El Alcázar.    22/05/1980.  Página: 4. Páginas: 1. Párrafos: 6. 

La izquierda nacional

El debate de la esterilidad

Escribo conociendo sólo la primera parte del debate parlamentario que se celebra

en el Congreso. El discurso del presidente Suárez, salvo para el diario ABC, ha

producido una decepción profunda, aunque la verdad es que tampoco podían

esperarse grandes cosas. Me ha llamado la atención, sin embargo, el severo y

sereno juicio del editorial publicado ayer en El País, en el que, bajo el título

de «El discurso del tedio», se analizaba cuidadosamente el contenido del

discurso presidencial. En la ilustre pieza oratoria habría que distinguir dos

partes: el contenido y el lenguaje. El contenido, es decir, lo que tendría que

haber sido el mensaje, confuso, vacío, inútil... Ni una sola alusión a lo que es

posible hacer, ni un solo proyecto serio. Tal vez habría que poner en su haber

cierta audacia a! hablar de las autonomías, audacia posteriormente estropeada.

¿De qué Estado hablaba Suárez? Creo, sinceramente, que ni él mismo lo sabía,

porque no tiene idea alguna de lo que es el Estado. Y luego, se entró ya en el

territorio de lo pintoresco, por no decir de lo ridículo, con el asunto de la «

segunda lectura de la Constitución».

Y en cuanto al lenguaje, es francamente difícil juntar más vulgaridades en un

texto. Y si ese texto es de noventa folios ¡imagínense ustedes! Y más tarde

(tras un merecidísimo descanso), las intervenciones de los grupos

parlamentarios. Rojas Marcos valiente, muy en su papel. En el Grupo Mixto,

destacada la intervención de Bandrés, que hizo algo muy parecido a un elogio de

la violencia, justificándola, y de la ETA, sin nombrarla. Y la de Blas Pinar que

habló, creo, por debajo de sus posibilidades. Manuel Fraga estuvo contundente y

enérgico, como de costumbre, y terminó por lanzar un cable a UCD, por si acaso

aquello de la « mayoría natural».

El discurso de la sesión, sin embargo, fue el de Santiago Carrillo. Fue duro,

dentro de los esquemas.

Habló de la debilidad del Gobierno y dijo que no bastaba con cambiar unos

cuantos ministros. Que había que cambiar el modo de Gobierno con otro Gobierno.

Fundado en la colaboración de la izquierda y la de las corrientes progresistas

de UCD. La alusión a la dimisión de Adolfo Suárez estaba clarísima, indudable.

El amago de debate fue mínimo. Claro que para un Parlamento acostumbrado a los

silencios, debió ser algo así como una batalla campal. Alusión de Carrillo a los

servicios de información; respuesta de Suárez (bastante nervioso, por cierto. No

llevaba papeles); réplica a su vez de Carrillo, precisando sin dar nombres («

confío en que no me obligará a dar nombres») y vuelta a responder de Suárez,

cerrando el tema unas palabras de Carrillo desde su escaño, que resultaron casi

ininteligibles. Y eso fue todo. ¿Será eso todo? Nos falta por ver la

intervención de Felipe González y el cierre a cargo de UCD.

Con todo, ¿qué importa?Los efectos del debate sólo van a influir en la propia

clase política, puesto que es impensable que se produzca el voto de censura. En

tal caso ¿de qué mal nos cura ese debate?, ese estéril espectáculo entre amigos-

adversarios. Probable y lamentablemente, de nada. Absolutamente de nada.

José Luis ALCOCER

 

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