Autor: Aguirre Bellver, Joaquín. 
 El Parlamento. 
 Manos sucias     
 
 El Alcázar.    22/05/1980.  Páginas: 1. Párrafos: 12. 

El Parlamento

Manos sucias

DIRÉ a ustedes que me lo he pasado democráticamente la mar de bien. Y digo

«democráticamente» porque para divertirme tanto he debido alejar de mí la idea

de las consecuencias desastrosas que todo esto va a tener para España.

Delicioso. Un Pleno parlamentario con voto de censura es algo inenarrable, lleno

de atractivos, sorprendente. No, ustedes, queridos amigos que han visto la feria

por la televisión, lamento decírselo, no pueden imaginárselo siquiera.

Imagínense el «¡Sálvese quien pueda!» sobre la cubierta de un buque en peligro.

Bueno, pues algo así, sólo que en película cómica. Por ejemplo, un periodista

que se acerca a un jefe de Prensa del presidente y le dice al oído, muy al oído

para que nadie le oiga:

—Oye, macho, que se te acaba el «curre».

No digamos, cuando un diputado de UCD comienza a vocear por los pasillos:

—¿Cuántos kilos por el voto? A ver, señores de la oposición, ¿cuántos kilos?

Porque estas cosas se arreglan hablando.

De verdad les digo que por la televisión no han visto ustedes más que una mínima

parte de la esta Feria de San Isidro que han organizado las Cortes. Seguro que

en las Ventas no ha habido tanto calor y tanto color.

Felipe González ha hecho una faena templada y más bien sosa. Como si estuviera

reservándose para otras de mayor responsabilidad y mayor riesgo. Pero, de

pronto, se ha tirado a matar y la estocada ha sido en las mismísimas agujas. Un

detalle me hace sospechar que ya su mirada está puesta más lejos, y es la

templaza con que ha tratado el tema de las autonomías, donde hubiese sido de

esperar mucha demagogia.

¿De verdad cree que el poder se le va a venir a las manos?

Desde que terminó la sesión del martes hasta que comenzó la sesión del

miércoles, España, quizá sin saberlo, ha pasado unas horas decisivas. En esas

horas, todo el poder estaba en manos del PSOE. Felipe González ha tenido que

vivir su día más largo; Suárez, si se ha dado cuenta de lo que estaba

ocurriendo, también.

El voto de censura pilló por sorpresa a la Unión del Centro. ¿Les habían

engañado, eran inconscientes del peligro, intervino en la operación algún factor

que facilitó la emboscada? He ahí el misterio de esta ocasión. Porque tengo para

mí que, si el PSOE espera el poder, no lo espera sólo de un recuento de votos,

sino de algún aliado que puede inclinar decisivamente esa balanza de las

voluntades. Caso de no ser así, habría cometido una insensatez solemne, una

frivolidad a la que habría de calificar de democrática. Y no digo más. No puedo

ni debo decir más.

Los tendidos no se daban cuenta de la gravedad de los acontecimientos. Porque

una cosa está clara y es que el Gobierno ha resultado tan maltrecho que le va a

ser muy difícil seguir gobernando. La televisión ha pregonado su impotencia a

los cuatro vientos y me temo que la pérdida de prestigio resulte irreparable.

Pero, entretanto, el Partido Socialista, ¿está preparado para gobernar? Todo el

debate se ha reducido a un «¡pues anda que tú!» Y los dos llevan razón. Suárez

no tiene credibilidad. Pero, ¿quién va a creer a Felipe González cuando habla de

una firme política de orden público o de una autonomía responsable, más apoyada

en los pueblos que en las regiones? Tanto uno como otro tienen a estas horas

sobre sí el rechazo popular por la maniobra de debilitar a la Guardia Civil,

mientras que ambos han sido derrotados, desbordados, estrepitosamente en las

elecciones del País Vasco y Cataluña.

No, no hay salida. Esa es la triste verdad, por encima de todas las emociones y

el jolgorio de la feria democrática. Ante eso, me importa poco quién ha cortado

más orejas. Me importa poco quién, de Felipe González o el presidente Suárez,

tiene más sucias las manos por habérselas estrechado con mayor fervor a los

etarras.

Hicieron mal en no levantar la sesión después del voto de censura anunciado por

los socialistas. Ese sobrero, no debió ser autorizado por el presidente. Lo

único que ha hecho es afirmar la sentencia de la opinión sobre este pleito. Hay

quien dice que los pueblos tienen los políticos que se merecen; pero a estas

horas el pueblo español piensa que desde luego no se merece unos políticos así.

Joaquín AGUIRRE BELLVER

 

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