Rebotes     
 
 El Alcázar.    22/05/1980.  Página: 7. Páginas: 1. Párrafos: 15. 

Rebotes

• Puso en juego la pelota el equipo de UCD y éste fue el momento más brillante

del partido, justo el instante en que el arbitro tocó el pito para der comienzo

el encuentro. Programada la sesión de! martes en el Congreso poco menos que como

acontecimiento histórico, quedóse, por lo que vimos, en peloteo insulso que tuvo

la ventaja de no alcanzar ni siquiera la categoría de histérico.

Menos mal.

Ya veremos en qué para todo.

• Daba gusto ver lo hermoso y habitado que aparecía el banco azul. El banco azul

es lo único que ha tenido expansión en este último tiempo y su tendencia al

crecimiento parece que felizmente no ha tocado techo. Recordábamos que en la

última democracia que conocimos, esto es, la que nos llevó a ia guerra, el banco

azul era un pequeño rincón situado a la derecha y abajo del hemiciclo desde los

ojos de Besteito, Alba y Martínez Barrios. Ahora ocupa toda la barrera de la

media plaza que es el Parlamento. Pronto ocupará también las contrabarreras.

• Sonrientes, seguros, felices, los señores ministros. Por puro azar acabábamos

de leer en el emocionante libro del doctor Pozuelo, ¿05 últimos 476 días de

Franco (págs. 58-59], un curioso parrafito: «Saludé al Príncipe y me separé,del

grupo que se formaba siempre en torno al Generalísimo, en el cual permanecían

muchos políticos de hoy, haciéndose sitio con los codos.» Sí que se lo hicieron.

Allí estaban, bien sentados, tan campantes.

• ¿Cuántas manos tiene e) señor Suárez? Están simultáneamente en los botones de

la chaqueta, en las mangas de la misma, a la caza de ios puños de su camisa, que

se le debe encoger hacia los sobacos; se encaminan a los bolsillos del pantalón

para un breve sesteo que no se consuma porque al mirmo tiempo son requeridas por

los de la chaqueta, manipulan el indecoroso montón de folios con que nos abrumó,

lo mismo frente a él que en la mesita donde van acumulándose los restos de su

conferencia, se posan en el tablero como las de un dependiente que pregunta:

«¿No preferiría un tul color de rosa, señora?», trepan hacia la corbata, se

encaminan hacia las solapas, abrochan, desabrochan (hubo un momento en que

pareció que acudían a la bragueta con el universal ademán del que se dispone a

descansar la vejiga), toma la derecha el vaso de agua fresca de la fuente del

ujier, se va la izquierda hacia el fatigado "aladar, no paran, vuelan,

aleccitmBn, entretienen, vacilan, pero se las ve como pájaros con plomo, ya

prestas a abatirse.

El señor Suárez hubiera sido un gran prestímano, posiblemente un buen

jugador.profesional, pero desde luego, y como quedó demostrado una vez más en la

primera parte de la sesión del martes, de político no tiene un pelo. Sus

tristes, inseguras, inquietas manos, demuestran que ha perdido hasta la fe en sí

mismo.

Mientras leía con voz de nana el observador se daba cuenta de que estaba

deseando acabar y volver al hogar, dulce hogar de la Moncloa, donde todavía

puede soñar que es presidente del Gobierno del Estado de las Autonomías.

• Un gran debate parlamentario no es otra cosa que una Feria de Muestras de las

ideologías y una exhibí ción de sus hombres representativos.

En este sentido el panorama es desolador. No se alumbró ni la sombra de una idea

a lo largo del festejo, ni se pronunció una frase digna de recordarse, ni los

caballeros que leían sus trabajitos supieron hacerlo discretamente. La asamblea

anual de cualquier casino de pueblo produce más filosofía política que nuestros

políticos profesionales y aporta una baraja de soluciones más estimable que las

tercamente repetidas en la tarde del martes.

Más que una Feria de Muestras el Congreso parecía un Museo de Figuras de Cera de

la Mediocridad, el Tedio y la Languidez.

• Paro, inflación, secesionismo, desencanto, ruina, terror, desbarajuste, el

porvenir sombrío, el señor Gómez de las Rocas, increíble producto aragonés...

Y de repente, dos punteros del arte político, es un decir, se ponen a hablar de

sus cosas y de un capitán y lo que es peor, los dos hacen el más espantoso de

los ridículos.

• —Dígame usted algo gracioso, por favor.

—El Estado de las Autonomías. —Ja, ja, ja, ja...

 

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