Autor: Romero, Emilio (FOUCHÉ). 
 Pequeños relatos. 
 El laberinto     
 
 ABC.    31/05/1980.  Página: 4. Páginas: 1. Párrafos: 7. 

Pequeños relatos

El laberinto

Los analistas perspicaces de un país que no sea el suyo, tipo Jean-Jacques

Kourliands-ki —por ejemplo— en «Le Monde Diplomatic» sobre el tema vasco y cuyo

tema le parece un laberinto, podrían ver así la política española, que empieza a

dejar de ser un «laberinto». Voy ,a hacer este esfuerzo de importación

transmigratoria:

Los socialistas tienen un «programa radical» de partido, y un «programa

modererado» de gobierno. Tienen más Europa que la UCD, y hasta podrían tener más

Estados Unidos. (Ahí está el viaje de Felipe González al Irán.) Y como la

democracia ya es un hecho en España, acaban de divorciarse los socialistas con

el Gobierno de UCD, y especialmente con Suárez, para no asumir el deterioro o el

fracaso. Felipe González no ha aceptado el dilema de «o Suárez o el caos», y ha

creado la esperanza «sine die».

la UCD, o el centralismo, es un conglomerado de lo que llaman los habituales y

necrófagos españoles, «familias políticas». (En África se llaman «tribus».)

Suárez no da bien en el Parlamento si no tiene textos encima del pupitre —

tampoco propios—, y que lee bien, un poco monótonamente. No es un gobernante de

criterios firmes, y hasta podría decirse que no es gobernante de criterios, pero

es un gran «político de alcantarillas», que en versión elogiosa francesa es un

político de arreglos privados excelentes. Hasta ahora capitaneaba la esperanza y

ahora representa el aislamiento. Aparece hostigado, y mira a todos sus

colaboradores con rayos X .

Los comunistas han tenido que renunciar a los aromas emotivos de su pasado,

carecen de un presente jubiloso, y tienen una idea flexible, ignota y lejana del

porvenir. Están en la metempsicosis del marxismo a la libertad.

La derecha es Fraga. El solo es su grupo parlamentario, su partido, su programa,

su travesía imposible, su socavadora ideología y su millón de votos. Manuel

Fraga en la democracia es como un megaterio en la planicie; la domina, pero es

un ser avasallador y extraño.

Cataluña, políticamente, es otra cosa; no se parece en nada a Madrid. Pujol dijo

hace muchos años:

«Tenemos que hacer Cataluña», y no se le ocurrió decir «Tenemos que hacer

España». El País Vasco es diferente, está seriamente condicionado por «Euzkadi

ta aska-tuna» (Patria vasca y libertad), que es lo que se llama ETA, y Madrid es

para los vascos «la capital de los españoles». Galicia es un país donde la

astucia es un método, la cultura es una característica, la lengua es íntima y

los políticos son como las ostras. Andalucía se ha convertido en una fortaleza

árabe frente a Madrid, está echando los cierres en Despeñaperros y como se

descuide Alfonso Guerra se queda con el rabo fuera.

Así es como yo lo contaría si fuera extranjero, y me asombro de mis

coincidencias, pero no debo contribuir a enriquecer el «laberinto»; yo debo

pensar, otra cosa, y digo lo que Espartero a su mujer, Jacinta: «Día llegará que

todo se vea claro, pero a mí no se me da gato por liebre.»—FOUCHE.

 

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