Autor: Álvarez Álvarez, Carlos Luis (CÁNDIDO) (ARTURO). 
 De ayer a hoy. 
 En el fondo     
 
 ABC.    29/05/1980.  Página: 3. Páginas: 1. Párrafos: 4. 

JUEVES 29-5-80

De ayer a hoy

En el fondo

Pocas veces los españoles pobres han sido tan pobres españoles como ahora. Da la

sensación de que existe un vasto plan para achacar a la democracia todas las

calamidades que sufrimos. «Llueve, oh Dios, sobre mis calamidades», escribió

Quevedo traduciendo al estoico Epicteto, como podía haberlo dicho traduciendo ´a

un sencillo declarante de renta en estos tiempos funestos. Los extraordinarios

beneficios que ciertas castas súbitas o rancias han obtenido de la democracia

están exentos, entre otras tributaciones, de la fiscal, lo mismo que la belleza,

los buenos sentimientos y la estupidez. Esas castas nos han empujado a la

democracia y ellas´ se han quedado astutamente fuera. Pretenden crearnos el

reflejo antidemocrático, o bien lo que buscan es que ante la mera palabra

«democracia», que es la palabra-fetiche, nos inmolemos de balde.

¿De modo que ésta era la tierra de promisión a cuya vista Moisés prefirió

morirse antes que entrar en ella? Sancho, en su ínsula, comprendió a tiempo que

no valía para gobernar y se autocensuró. No quiero presumir de haber leído el

Quijote. Ese ejemplo ya lo adujo Ramón Pérez de Ayala en 1917, fecha desde la

cual no se tiene noticia de que el Quijote lo haya leído alguien.

No quiero tampoco sacar consecuencias mezquinas, circunstanciales y mucho menos

injustas de ese lugar cervantino. Suárez no es el autor del drama; es el

protagonista. Se le podrá negar «existencia», en el sentido que Unamuno se la

negó a Cervantes, pero, desde ese mismo punto de vista unamuniano, Suárez no es

el responsable de tanta paliza, burla, pedrada, desafuero y necesidad como fue

adelgazando el sueño de justicia de Don Quijote.

Cuando Suárez apareció por vez primera en las Cortes democráticas «in loga

candida», como aparecía Cicerón, su poder oficial estaba sometido, como sigue

estándolo, como lo estaría el de Felipe González, a una relación de poderes o de

fuerzas que son las que verdaderamente deciden sobre la naturaleza de la

sociedad española. Y asi todo el progreso democrático, incluso el de la

Constitución, cuya clave está en los desarrollos y no en los epígrafes, ha ido

encauzándose hacia esos poderes sutiles que han sobrevivido a todos los

regímenes y a todos los grandes proyectos nacionales. Por eso estos debates

resultan algo suntuarios desde la amargura del pueblo español. Porque no es

tanto que estemos mal gobernados como que estamos mal instalados. En cualquier

caso, el porvenir no es nuestro. CANDIDO.

 

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