Autor: Pérez Fernández, Herminio. 
 Casi dos horas de monótona y minuciosa exposición. 
 Fría acogida al discurso de Felipe González     
 
 ABC.    29/05/1980.  Página: 1,5. Páginas: 2. Párrafos: 24. 

MADRID, JUEVES 29 DE MAYO DE 1930 - NÜM. 23.126 VEINTICINCO PESETAS

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Casi dos horas de monótona y minuciosa exposición

Fría acogida al discurso de Felipe González

La expectación despertada por el debate político en el que hoy se votará la

moción de censura socialista a la gestión del Gobierno de UCD se vio ayer

ampliamente justificada por lo ocurrido en el Palacio del Congreso de los

Diputados. Felipe González expuso durante más de una hora y tres cuartos su

programa alternativo de Gobierno, En ese tiempo desgranó toda una serie de

medidas en materia económica, autonómica, de la función pública, de política

exterior y de seguridad ciudadana y libertades públicas. Fue su discurso

programático. Moderado en el fondo y la expresión, más socialdemócrata a la

europea que socialista revolucionario, con capacidad para ser eventualmente

aceptado sin traumas por muchos de los que no votan habitualmente socialista y

que, sin embargo, puede ser criticado por las bases más radicales del PSOE.

La sesión se había iniciado con la presentación de las razones socialistas de la

moción de censura. Alfonso Guerra leyó su intervención y se -notó. Con su estilo

de siempre, entre corrosivo e irónico, dibujó los defectos del Gobierno Suárez,

haciendo hincapié en temas como el de RTVE, en el que el PSOE se muestra siempre

beligerante. La réplica de Rafael Arias-Salgado inició una larga polémica, que

consumió prácticamente la primera parte de la sesión. Y en la réplica y la

dúplica Guerra bajó el tono, hasta caer, a veces, en la agresión verbal, y

Arias-Salgado se revelaba como un revulsivo de una UCD un tanto apagada hasta el

momento. Después, y aprovechando un turno de alusiones, Carrillo volvió a

provocar al presidente del Gobierno, esta vez a propósito de una presunta

disposición de Suárez a establecer un pacto de Gobierno con el PCE. Con réplicas

de Abril Martorell y el propio presidente del Gobierno se dio por terminada la

primera fase de la sesión. Hoy, a partir de las tres de la tarde, los grupos

parlamentarios iniciarán su turno, para pasarse luego a la votación.

MADRID (Herminio Pérez Fernández). El «Pleno de la Moción de Censura» —así

pasará, seguramente, a la historia el celebrado ayer por el Congreso de los

Diputados— tuvo dos partes bien diferenciadas-la primera, a cargo de don Alfonso

Guerra, que presentó y defendió la moción y puso en tensión a toda la Cámara con

su dialéctica agresiva; la segunda, a cargo del líder socialista, don Felipe

González, que expuso, prácticamente, durante dos horas, el programa de gobierno

que su partido desarrollaría, si consiguiera «176 ó 220 votos»..., dijo

textualmente.

Todo lo que la fase inicial tuvo de tensa, de caliente, de viva y agil, se

convirtió, inevitablemente, en la segunda, en cansancio y en fatiga. Un programa

de gobierno no es un «gano de anís». Exponerlo, pormenorizada y

minuciosamente, resulta difícil, enojoso, complejo.

No es extraño que a la salida de la sesión, al filo de las nueve y media, don

Manuel Fraga dijera a los periodistas, entre sonriente y burlón:

—Felipe González- ha logrado algo muy difícil. Ha superado a Suárez en longitud,

en burocracia, en pesadez y en aburrimiento. ¡Todo un récord!

Don Emilio Attard, de UCD, comentaba también muy sonriente:

—Cualquier parecido entre «esto» y un programa socialista es una pura

coincidencia.

La verdad es que los diputados socialistas no se mostraban muy eufóricos. La

sesión de ayer había puesto en evidencia que para un líder político —brillante,

como indudablemente lo es el señor González— es mucho más fácil dedicarse a

criticar a los demás, a censurar la labor de los otros, lo que hicieron o

dejaron de hacer los miembros del Gobierno, que trazar ante los ojos del país un

programa cautivador, atrayente y, sobre todo, que dé la impresión de que con su

aplicación se va a conseguir, realmente, algo más de lo que el Gobierno ha

logrado... La posición es tan dispar que ayer don Felipe González parecía otro y

no recordó, en ningún momento, al parlamentario incisivo de la semana pasada.

EL GOBIERNO AFRONTA LA MOCIÓN

Con sus réplicas a Alfonso Guerra Arias-Salgado cambió ayer el signo del debate

REVELACIÓN DE ARIAS-SALGADO. — En la primera parte hay que destacar, de manera

singular, la sorprendente revelación de Rafael Arias-Salgado, como parlamentarlo

brillante, dominador, seguro de si mismo y con una fuerte garra,capaz de

arrastrar detrás de sus palabras no sólo a su grupo, sino también a buena parte

del público espectador. Puede decirse que sus intervenciones cambiaron

radicalmente, y en sólo unos instantes, el signo y el panorama de la sesión.

Durante la primera media hora, larga, que don Alfonso Guerra dedicó a asaetar,

una vez más,al Gobierno y a UCD acusándolos, como tantas veces, de corrupción,

de falta de eficacia, de presentar un pobre balance de actuaciones para resolver

los problemas del país, se podía ver a los miembros del Gobierno, que llenaban

el «banco azul», incluso a! propio presidente Suárez y a todos los diputados del

grupo centrista, como cariacontecidos y apesadumbrados.

Cuando el señor Arias-Salgado saltó a la palestra y calificó reiteradamente las

razones de esa falta de seriedad, la Cámara cambió de imagen. Los diputados

centristas comenzaron por sonreír ante algunas palabras del ministro de la

Presidencia; luego se fueron calentando, poco a poco, y rompieron varias veces

en aplausos y en gritos de aprobación y de apoyo. El señor Arias-Salgado, sin

duda alguna, levantó la moral de UCD y del Gobierno y transformó radicalmente el

giro del debate.

E! señor Guerra, que es combativo e Indomable, no se calló ante las acusaciones

del ministro. Una y otra vez replicó en so tono habitualmente agresivo, pero ya

sin la firmeza del comienzo, porque ahora se tralaba de improvisar y a cada

intervención del señor Guerra el señor Arias-Salgado replicaba con la misma

tenacidad y firmeza, .hasta que el presidente del Congreso, señor Lavilla,

considerando que el tema había sido sobradamnte debatido, pidió a ambos

«contendientes dialécticos» que pusieran fin al «combate».

«DUELO» CARRILLO -SUAREZ- ABRIL— Pero ocurrió que el señor Arias-Salgado, en una

de sus argumentaciones, aludió a los riesgos que para el país representaría si

triunfara la moción de censura, que el PSOE tuviera que gobernar apoyado por el

Partido Comunista. El señor Carrillo consideró estas palabras como un intento de

«descalificación» de su partido y salió, ágil y presuroso, al podio de los

oradores para contar —como ya lo hiciera la semana pasada— interioridades de sus

visitas a la Moncloa-: que si el señor Abril y hasta el propio presidente Suárez

le ofrecieron la posibilidad da constituir una mayoría parlamentaria UCD-PCE,

que si él no podía creerlo, etcétera, etc.

Como el Gobierno parece que no está dispuesto a dejar ninguna alusión sin

respuesta, subieron inmediatamente al estrado el .vicepresidente, señor Abril

Martorell, y el presidente Suárez, para replicarle por dos veces.

El señor Carrillo aludió a aquellos tiempos en que era llamado con más

frecuencia a la Moncloa. No es extraño, sin embargo, que el presidente Suárez no

quiera llevarlo a su despacho muchas veces, en vista de que aprovecha la primera

ocasión que se le presenta para contar todo lo que allí oyó, se le dijo a se le

propuso.

EL «duelo» verbal fue accidental, anecdótico, completamente marginal en cuanto

al tema que se debatía, pero tuvo tensión, Interés, vivacidad y hasta momentos

divertidos.

El presidente de la Cámara, comprendiendo que no resultaba muy ortodoxo

conceder, en ese momento, la palabra a! secretarlo general del PSOE, prefirió

suspender la sesión por un cuarto de hora, para que las cosas volvieran a su

cauce.

INTERVENCIÓN DEL LÍDER DEL PSOE.— Puede afirmarse, sin embargo, que todos le

hicieron un flaco servicio a Felipe Gonzá-lez. El clima «apasionado y

apasionante» de la primera parte del debate acentuó inevitablemente el tono

grave, lento, pesado de la segunda.

Porque don Felipe González comenzó su exposición a las siete y veinte de la

tarde, y, sin más respiros que los necesarios para tomar unos sorbos de agua,

habló y habló hasta las nueve y cuarto, es decir, prácticamente durante dos

horas.

Como el resumen de su intervención se recoge en otro lugar de este número, aquí

sólo cabe decir que, dentro de la inevitable monotonía de una exposición tan

dilatada y tan compleja, el señor González tuvo momentos muy importantes y

realizó un trabajo minucioso, aunque dando a su proyecto de programa un

tratamiento desigual, pues mientras hubo aspectos —como el desarrollo

autonómico—, que fueron tratados con toda amplitud —probablemente buscando

apoyos del PNV, del grupo mixto, de los andalucistas, entre otros—, hubo también

cuestiones, muy importantes, que no pudo abordar con el mismo detenimiento,

entre otras razones, porque su exposición habría resultado interminable.

Cabe destacar como uno de los signos más sobresalientes de la intervención del

líder socialista, su moderación. Los miembros de! grupo radical de su partido no

debieron sentirse muy a gusto, escuchando las contenidas afirmaciones sobre el

programa energético, por ejemplo, que ni siquiera rechazó las centrales

nucleares, limitándose a concederles una participación subsidiaria, reducida al

mínimo indispensable, y sólo como último recurso.

Se comprenden, por eso, comentarios como el del señor Attard, que recogemos al

comienzo de esta información.

A las 8,55 el presidente de la Cámara tuvo que pedir al señor González que

abreviara su intervención, porque ya se había pasado treinta y cinco minutos de

la hora que le había sido concedida.

El discurso del señor González fue largamente aplaudido en los escaños de la

oposición, sumándose cuatro diputados del Gru-po Mixto, detalle a tener en

cuenta.

Al terminar la primera sesión de la pasada semana señalábamos que las espadas

estaban en alto. Hoy podemos- decir lo mismo. Porque la sesión fue levantada

inmediatamente después de finalizar la intervención del líder socialista y no se

reanudará hasta hoy a las tres de la tarde.

Falta, conocer ahora la opinión y la actitud de todos los grupos parlamentarios.

Aunque sólo el Partido Comunista ha anunciado que apoyará la moción de censura,

y aunque después de conocer la opinión del señor Fraga ya puede suponerse la

dirección de! voto de AP, sino la de CD, quedan algunas incógnitas interesantes;

asi, la decisión final del PNV. Ayer, sus componentes estaban en Madrid. No

estuvieron en el Congreso ni en el hemiciclo. ¿Acudirán hoy? De todos modos, he

aquí una pauta para el lector: el PSOE necesita 176 votos. Su grupo cuenta con

110; los andalucistas, con cinco; el PNV, con siete; la Minoría Catalana, con

ocho; el Grupo Mixto, con 11; Coalición Democrática, con nueve; comunistas, con

23, y UCD, con 167... Hagan cuentas, que no es difícil.

 

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