Autor: Urbano, Pilar. 
   Felipe destrozó su mito     
 
 ABC.    29/05/1980.  Página: 5. Páginas: 1. Párrafos: 4. 

Hilo directo Felipe destrozó su mito

Mal día para el socialismo «aspirante». El Poder se les fue de las manos. El

«censor» Guerra resultó censurado. El «candidato» Ganzález defraudó. Ayer Felipe

destrozó su mito. No lo «digo yo. Lo dicen sus señorías, de muy distintos

«colores», a bote pronto, saliendo de un hemiciclo donde la tensa expectativa,

deseada para unos, temida para otros, se había ido convirtiendo en tedioso

marasmo: «Ha sido una carta de vaguedades, tan burocrática, larga y aburrida

como cualquier investidura», decía Fraga.

«Los comunistas no pueden identificarse con ese programa... es demasiado

genérico, está poco acabado, habría que examinarlo, pulirlo, concretarlo...,

pero, al menos, permite vislumbrar una alternativa», me comentaba Solé Tura.

Para Roca Junjent: «Mi abstención, des-pues de oír a Felipe, hoy, está más

confirmada.Ha demostrado el trecho que va entre hablar desde la oposición y

hablar desde la aspiración a ser Gobierno.»

• ¿Qué decir de los ministros de Suárez? Pérez Llorca: «Me ha decepcionado

por superficial. Y tiempo ha tenido el que ha querido.» Rafael Arias: «¡Se

parece tanto al discurso de investidura de Suárez de hace un año! Muy flojo, no

aporta nada importante. Sus soluciones, o ya están realizadas, o están en

marcha. Y la oferta autonómica, o lleva a una disfunción o ha de globalizarse.»

Sánchez Terán: «De Felipe González, sinceramente, yo esperaba una propuesta

realizable para combatir el paro. Pero, como ministro de Trabajo, te diré que me

ha defraudado! ¡No ha dicho nada de nada... Creí que estaba leyéndonos un

"manual de empleo"! Las acciones del Gobierno, en este punto concreto, superan

en mucho ese programa.» Jiménez Blanco, con sorna: «Se parece tanto a

nuestro programa, que da hasta sonrojo votar en contra. Yo creo que se ha

equivocado de banco.»

• Yo había anotado en mi block, con cierta alarma, los deseos felipistas de

«nacionalizar la red de alta tensión». El ministro de la Presidencia me comentó:

«Eso quiere decir que va a nacionalizar los postes, o a nacionalizar la

distribución de la energía eléctrica... Saca tú la conclusión.» La conclusión es

fácil: un paso de gigante hacia la estatalización de la gran industria. Recuerdo

al propio González era una sobre-cena: «No os creáis que vamos a nacionalizar a

las castañeras.»

• En cuanto al «western» Guerra-Arias, Suárez-Carrillo... fue «un

ataque duro y mal planteado, que al Gobierno le dejó mejor que estaba: sin

tocar», en opinión de Roca Junyent. Las «hablillas» de pasillos resumían la

escaramuza «censuras en un «tirarse los trastos a estilo más de mercado que de

Parlamento». Rojas Marcos: «Un tribunal de ética parlamentaria condenaría hoy

al señor Guerra y al señor Carrillo; aquí no se puede venir a insultar ni a

ventilar conversaciones privadas.» Parecía que asistíamos a la purga del

consenso y al Nuremberg de Televisión Española, más que a una sería condena del

Gobierno. Rafael Arias dio una lección de buen estilo..., aunque se le escapase

(todos tomaron nota) una hipótesis futura de «amnistías, muy discutible.—Pilar

URBANO

 

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