Autor: P. J. R.. 
   Felipe González, a 176 votos de la presidencia del Gobierno  :   
 Dramático y positivo ejercicio de democracia parlamentaria en una jornada de fuerte protagonismo socialista, con réplicas del presidente y seis ministros. 
 ABC.    22/05/1980.  Página: 1,5. Páginas: 2. Párrafos: 18. 

MADRfD, JUEVES 22 DE MAYO DE 1980 - NÜM. 23.120 VEINTICINCO PESETAS

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EL MARTES SE VOTARA LA MOCIÓN DE CENSURA

FELIPE GONZÁLEZ, A 176 VOTOS DE LA PRESIDENCIA DEL GOBIERNO

Dramático y positivo ejercicio de democracia parlamentaria en una jornada de

fuerte protagonismo socialista, con réplicas del presidente del Gobierno y seis

ministros

MADRID (P. J. R.). El Congreso de los Diputados vivió ayer la más dramática,

tensa, apasionante, crispada y positiva sesión de sus tres años de existencia

como Cámara democrática, Felipe González, en nombre del grupo socialista,

presentó una moción de censura contra el Gobierno, que automáticamente le

convierte en candidato a liderar una nueva mayoría y le obliga a presentar un

programa alternativo al desarropado anteayer por el presidente Suárez.

A lo largo de una maratoniana sesión de más de siete horas de duración se

sucedieron !as confrontaciones dialécticas entre el Gobierno y los diversos

grupos parlamentarios. Culminación de todos estos choques fue el emocionante y

grave mini-debate coprotagonizado por Felipe González y Adolfo Suárez —frente a

frente por primera vez en la historia de la transición—, a propósito de los

supuestos intentos de negociación con la organización terrorista ETA.

CINCO MINISTROS A ESCENA.—Fernando Abril, Juan José Rosón, José Pedro Pé-rez-

Llorca, Agustín Rodríguez Sahagún y José Luis Leal, todos ellos miembros del

Gobierno de la nación, fueron compareciendo sucesivamente ante el resto de la

Cámara para aclarar, matizar o explicar diversos aspectos de los propósitos de

la mayoría minoritaria actualmente en el Poder. Nunca una sesión había dado

tanto de sí en cuanto a concreción y detalle. Nunca los españoles de las

actuales generaciones habían podido seguir un ejercicio de democracia de tales

proporciones.

La moción de censura de los socialistas fue presentada como culminación del

brillante discurso parlamentario pronunciado por Felipe González al inicio de la

sesión. Con el único apoyo de unas cuantas notas, el líder de la oposición

criticó eficazmente algunos aspectos de la oferta política presentada por el

presidente en su extensísima intervención de la víspera.

El gran error de fondo del presidente fue, según González, el plantear una serie

de problemas y supuestas soluciones a los mismos. «sin haber establecido el

enlace necesario entre todo ello para poder hablar de un proyecto global».

GONZÁLEZ CONTRA EL «FATALISMO».— Siempre según el líder de la "oposición, la

gran insuficiencia del Gobierno es luego su «falta-de credibilidad», en parte

consecuencia del «fatalismo» de algunos de sus planteamientos.González defendió

enérgicamente el papel de la Prensa, libre en la democracia

«PULSO» GOBIERNO - GRUPOS POLÍTICOS EN EL CONGRESO

MOMENTOS DE FUERTE TENSIÓN DIALÉCTICA

La Junta de Portavoces decide hoy la dinámica a seguir ante la moción de censura

y aseguró que «este Gobierno ha conseguido el mayor clima de inseguridad con

menor expectativa de libertad y mayor falta de autoridad».

Fue poco concreto en su reacción ante la oferta autonómica esbozada por Suárez,

admitiendo que el proceso en marcha debe tener ciertas connotaciones

federativas, pero recordando que el articulo 151 es tan parte de la Constitución

como el 143. En último extremo, González insistió en que «aun en el caso de que

el proyecto fuera bueno, el Gobierno carecería de la credibilidad para

aplicarlo».

Al presentar —entre los aplausos de su grey— la moción de censura, González la

planteó corrió una demostración de «fuerza moral». Ya en los pasillos comentaría

que esta iniciativa puede o no puede tener consecuencias políticas concretas a

corto plazo, pero significa el desbloqueo de la situación y la apertura cíe todo

un proceso en el que también hay que contemplar el medio y el largo plazo.

ABRIL Y EL DIALOGO NORTE-SUR.—Para José María de Areilza la intervención de

Felipe González —entusiastamente aplaudida por su compañero de grupo, Senillosa—

, «ha sido el mejor discurso que he escuchado en este Parlamento». El propio

Suárez reconoció, primero ante los periodistas y luego desde el podio, que

González había estado «brillante». Según Fernando Abril, su secreto es que

«comunica bien».

No puede decirse otro tanto del propio vicepresidente Económico y menos a la luz

de su réplica a la propia intervención de González. Pretendiendo rebatir sus

tesis económicas, Abril se enzarzó en una cadena de alusiones al diálogo Norte-

Sur, que terminaron siendo acogidas con murmullos y sonrisas, tanto en los

bancos del hemiciclo como en las tribunas de Prensa e invitados. El primer turno

del debate concluyó con la intervención de Jiménez Blanco, en

representación de UCD.

SUÁREZ: «AL FIN, ALTERNATIVA».—La reacción del Gobierno ante el gesto de

González fue en realidad de" absoluta sorpresa. Interrumpida la sesión, Suárez

se reunió con sus más íntimos colaboradores para analizar la estrategia a

seguir. Luego fue convocada la Junta de Portavoces, que decidió la continuación

del debate con el turno de réplicas, pero la supresión del posterior trámite de

presentación y defensa de mociones, por considerar que el voto de censura es en

realidad una supermoción que engloba todas las demás. Hoy se reunirá la Junta de

portavoces para fijar las normas que regularán e! debate sobre la moción de

censura.

El presidente Suárez abrió e! turno de réplicas lamentando que González no

hubiera presentado «ninguna alternativa» y hubiera incurrido en «una

descalificación global, más desde perspectivas personales que conceptuales» Dijo

que el PSOE «carece de alternativa económica», y calificó su documento sobre

esta parcela de «pobre, contradictorio y poco estudiado».

Suárez fue ovacionado por los suyos al concluir diciendo que al presentar su

moción de censura los socialistas han protagonizado una de sus pocas actuaciones

coherentes y que, como consecuencia de ello, «a! fin podremos enterarnos de cuál

es su alternativa de poder».

ROSÓN, SOLCHAGA, BENEGAS.—Si alguien creía que las emociones más fuertes de la

tarde habían sido ya vividas, se equivocaba de punta a punta. Las críticas a la

política antiterrorista formuladas por el portavoz do los socialistas vascos

Carlos Solchaga movieron al ministro del Interior, Juan José Rosón, a

presentar todo un plan de una docena de puntos.

Rosón estuvo contundente y serio. Los propios socialistas podrían haber asumido

su discurso, de no ser por la critica al comportamiento mantenido en el pasado

por José María Benegas, secretario general del PSE-PSOE y ex consejero del

Interior del CGV. Rosón le achacó su antigua, defensa de la negociación con ETA,

celebrando que hubiera cambiado de criterio. Tras varias réplicas y

contrarréplicas entre Solchaga y Rosón, subió al estrado Felipe González, quien,

en pose de indignación, se dirigió, al ministro: »Usted no tiene fuerza moral

para criticar a Txiqui Benegas.» Y haciendo un ademán desafiante, a la vez que

elevaba la voz, añadió: «Porque cuando él habló de la negociación con ETA, ¡el

presidente del Gobierno estaba de acuerdo!»

FRENTE A FRENTE, EN TORNO A ETA.— Los socialistas, puestos en pie, tributaron

entonces una larga y cálida ovación a Benegas, que, habiendo renunciado a su

escaño en el Parlamento de Madrid, seguía la sesión desde la tribuna de

invitados. Entre tanto, los centristas echaban en talla otra presencia: la del

propio presidente Suárez que, perdida por los pasillos, no había escuchado la

alusión. Fueron momentos de tensión indescriptible. Advertido de que algo

pasaba, Suárez entró corriendo en el hemiciclo y fue puesto a! corriente al pie

del banco azul. Desde allí pidió la palabra, haciéndose un terrible silencio.

Entonces siguió el vivo diálogo sobre ETA que recogemos en la página 8.

Cuando esta crónica llegue hasta sus lectores la sesión parlamentaria de ayer

será ya parte importantísima de la historia contemporánea de España. La era del

consenso, los trapicheos bajo cuerda y los graves secretos, más o menos

compartidos, parece dejar paso así a la era de la confrontación parlamentaria, a

la era de la luz y los taquígrafos, a la era de la democracia forma! plena.

 

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