Autor: Areilza y Martínez-Rodas, José María de. 
   El voto de censura     
 
 ABC.    01/06/1980.  Página: 3. Páginas: 1. Párrafos: 9. 

EL VOTO DE CENSURA

LA moción de censura presentada por el PSOE, con la alternativa de Felipe

González como candidato a la Presidencia del Congreso, obtuvo el sufragio

favorable de 152 diputados. Le faltaron 24 votos para alcanzar los 176 que exige

el texto constitucional. Votaron contra la moción 166 diputados, es decir,

estrictamente, los diputados del partido gubernamental. Se abstuvieron 21

diputados. El señor Abril llamará a este resultado una «derrota moral y

material»

del partido socialista, pues asi lo anticipó en una de sus intervenciones en el

debate. También dijo otro ministro que una vez rechazada la moción, el asunto

«estaba terminado». Es decir, a partir del lunes, «business as usual» y

volveremos a la situación de costumbre.

¿Es cierto un análisis tan elemental de lo sucedido? ¿Se trata del simple ensayo

fracasado de una vía constitucional para cambiar de gobierno? ¿Era eso lo único

que allí se ventilaba? En el voto de investidura, hace catorce meses, el

presidente obtuvo 185 sufragios en su favor, número que ahora se ha reducido a

166. Los grupos que se abstuvieron esta vez lo hicieron manifestando

explícitamente que no votaban en contra de la moción porque también ellos

coincidían en censurar al Gobierno, aunque no propiciaban una solución con

presidencia socialista. El Gobierno actual se ha quedado solitario en el

Congreso, con la minoría más numerosa, la suya, sin lograr arrancar ni un voto

ajeno en ocasión tan importante. Parecía lógico que el Gobierno hubiera apelado,

después de terminado el debate a la moción de confianza, que aclarase su

respaldo verdadero en la Cámara. Al no hacerlo, reveló acaso su temor al

resultado adverso. Pero sí está demostrado con este escrutinio que no tiene, hoy

por hoy, la mayoría necesaria para sacar adelante su programa y su acción

ajecutiva, ¿cómo podrá convencer a la opinión de que sus planes y proyectos

ofrecen verosímil credibilidad?

Porque la opinión cuenta cada día más. La retransmisión global del debate ha

llevado hasta la más remota y escondida España la participación popular masiva

en los grandes temas de la cosa pública. Se ha comprobado que el interés por los

problemas debatidos es superlativo y que, asimismo, el español se apasiona por

conocer en directo lo que piensan los políticos actuales- acerca de las

eventuales soluciones que cabe aplicarles. El debate del "Congreso ha sido, con

mucho, el más contemplado de los «grandes relatos» de la televisión. Se ha

convertido en un aspecto decisivo de lo que llamó Felipe González la

profundización de la democracia. Don Antonio Maura habló, a comienzos de este

siglo, de luz y taquígrafos, como símbolos de la transparencia informativa de su

tiempo. La radiografía televisiva ha llevado el sistema democrático a sus más

avanzadas cotas. Y es importante reconocer que ese «test» califica y descalifica

a un tiempo, y que tal prueba nada tiene que ver con la ideología del orador.

Será interesante conocer a través de muestreos auténticos el grado de aceptación

o rechazo de los portavoces de las distintas tendencias manifestadas. El aire

libre y el oxígeno de la confrontación democrática van mejor a unos que a otros

y puede haber pulverizaciones repentinas, como ocurre al salir el sol, ciertas

momias arcaicas conservadoras en la penumbra que se descomponen en pocas horas,

incapaces de resistir la luz del día.

El problema más apremiante es el de cómo gobernar con este Parlamento. El

presidente anunció su, propósito de no di-solverlo y mantener la vigencia del

mismo hasta el término legal que acaba en 1983. En esa perspectiva hay que tomar

un camino lo antes posible. En las actuales circunstancias, la mayoría

parlamentaria debe establecerse con la holgura suficiente para que los difíciles

obstáculos que nos amenazan en los tres años próximos puedan ser superados. Hay

opciones para constituir varias mayorías posibles y coherentes en esta Cámara.

Las de centro-derecha y las de centro-izquierda. Desde un punto de vista

teórico, ambas serían perfectamente funcionales. Depende de lo que un gobierno

quiera establecer como rumbo y orientación de su política. Se recordó en el

debate que «gobernar es elegir».

Quizá conviene completar esa cita. Gobernar es elegir entre inconvenientes.

Porque ambos itinerarios tienen en forma evidente ventajas y rechazos. Pero sea

una u otra la decisión, la que no debe tomar el Gobierno del presidente Suárez

es de gobernar en solitario con los 166 votos de su partido. Pactando mayorías

.precarias, cada mañana, con este o aquel grupo. Sería un gobierno tambaleante,

sujetado por apoyos coyunturales. Y Talleyrand decía que «un gobierno que hay

que sostener es un gobierno que se cae».

No es exacto el argumento de que también el resto de las democracias

occidentales se rigen, hoy día, por gobiernos de minorías. En Alemania gobierna

desde hace bastantes años un gobierno de coalición de socialdemócratas y

liberales que dispone de mayoría parlamentaria.

En Portugal funciona una coalición de centro-derecha. En Francia la V República

se rige por una coalición de tres grupos centristas, que controla la mayoría de

la Asamblea. En Gran Bretaña, el partido conservador tiene por sí solo los votos

suficientes en la Cámara de los Comunes. En Italia hay, sin excepción, desde

hace muchos años, sucesivas coaliciones de la Democracia Cristiana, partido

dominante, pero no mayoritario, en el Parlamento, con el socialismo y otros

grupos de la izquierda moderada. Y así podríamos seguir enumerando ejemplos.

Pero, ¿de dónde surgen los datos equivocados que desembocan en afirmaciones sin

base como ésta que contamos?

El presidente en su breve discurso declaró que nada se puede hacer en este

Congreso sin pasar por la UCD. La afirmación es obvia. La UCD, tal es mi

convicción, debe seguir vinculada a las responsabilidades de gobierno mientras

exista este Parlamento, porque ese fue el sentido del resultado electoral de

marzo del 79 y no se puede alterar sin cometer un fraude antidemocrático. Pero

la UCD no debe convertirse en una sola interpretación del Poder.

Admite, como se dice ahora de la Constitución, varias lecturas. Los que

estuvimos en las épocas predemocráticas del país en la gestación de la idea del

Centro, como ideología y como práctica de las tendencias de la derecha

civilizada del Occidente europeo en las últimas décadas, podemos opinar sobre la

cuestión sin que se nos acuse de interferir en las decisiones internas del

prójimo.Las ideas no se patentan. Pertenecen al común de los mortales. Esa es,

al fin y al cabo, la esencia del principio de la libertad de expresión.

España necesita un gobierno que tenga las intenciones claras, que goce de un

firme apoyo parlamentario y que sea capaz de levantar una ilusión colectiva

frente al pesimismo general. El joven líder socialista !ó subrayó en sus

intervenciones una y otra vez desde la izquierda.

Manuel Fraga, por la derecha, expuso rotundamente el mismo concepto. ¿Consistirá

el Centro en situarse en medio y no decir nada? No lo creo posible.

Modernizar la vida española. He ahí la tarea esencial que se desprendía del

contenido de las discusiones. Reformar la Administración y la burocracia

públicas son los primeros pasos instrumentales para hacerlo. Informar a la

opinión para que ésta tome conciencia de la magnitud de los problemas y se

responsabilice de las decisiones es el otro gran factor de progreso. Superar ios

hábitos de discordia y los prejuicios del pasado resulta, asimismo, otra

exigencia urgente. No se pueden exhibir fantasmas del miedo al discutir con el

adversario. No somos ya un pueblo que pertenece a la esfera de la infracultura

política.

El debate del voto de censura ha puesto en marcha un proceso interior de

dinamismo político, cuyas consecuencias no tardarán en hacerse evidentes.

José María de AREILZA

 

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