Fernando Arias Salgado. 
 España y los no alineados     
 
 Diario 16.    12/03/1983.  Páginas: 1. Párrafos: 9. 

FERNANDO ARIAS SALGADO

Diplomático.

España y los no alineados.

La existencia de una delegación española a la «cumbre» de Países No Alineados,

junto a Fidel Castro, Bignone, Mugabe y otras personalidades más agradables como

Indira Gandhi, ha causado cierto estupor.

Aquí se plantean las ventajas que pudieran obtenerse con este tipo de acción

exterior.

La participación de España en la VIl «cumbre» de los Países No Alineados en

Nueva Delhi, merece, por su importancia, una serie de consideraciones. En

principio creo positivo que la diplomacia española esté presente en todos los

foros internacionales donde haya intereses españoles que defender. Y con los

países no alineados — recordemos Iberoamérica— los tratados de pesca, el

petróleo, etcétera, hay muchos y muy importantes.

Esta política de presencia activa permite fomentar en beneficio mutuo una

cooperación bilateral y multilateral más intensa y participar en ciertas

soluciones eficaces, basadas en la solidaridad para resolver el problema del

hambre y de la miseria y del subdesarrollo económico y cultural de cientos de

millones de seres en nuestro mundo. Hay que convencerse que sólo superando esas

causas conseguiremos la paz y la distensión entre las naciones.

África

Pero además y ya en el terreno de las realidades inmediatas, España tiene un

frente muy vulnerable que hay que defender con inteligencia y persuasión frente

a las tentaciones de Marruecos e, incluso, de Argelia, de abrir un contencioso

territorial en Ceuta y Melilla por no hablar de Canarias.

No hay que olvidar, además, nuestra reivindicación frente a Gran Bretaña, en

gran medida mantenida con el apoyo de países del llamado bloque afroasiático y,

sobre todo, de Iberoamérica. Y es conveniente que estos pueblos sepan que desde

su identidad europea y atlántica, España está con ellos en sus legitimas

aspiraciones a un orden económico internacional más justo que permita un

desarrollo adecuado dé sus recursos y de su nivel de vida.

Todas estas consideraciones no deben hacernos olvidar que debemos los españoles

resolver una serie de contradicciones que todavía existen en nuestra política

exterior. La primera es, sin duda, el contencioso territorial con Gran Bretaña

sobre Gibraltar. No es posible seguir aceptando como nación europea democrática

y aliada del Reino Unido una situación «colonial» que hipoteca gravemente

nuestra autonomía política, regional y atlántica. En mi opinión, la autonomía,

siempre deseable, se obtiene «desmontando» los resortes que atenazan nuestra

libertad de decisión en nuestra área de influencia natural.

Esta actitud lleva a no aceptar ni mediatizaciones ni liderazgos de otras

potencias europeas amigas y aliadas, como pueden ser Francia e Inglaterra.

La OTAN

Desde mi punto de vista, la permanencia en la Alianza Atlántica está

directamente-vinculáda a una solución, satisfactoria para los intereses de

España en la cuestión de Gibraltar. Pero lo primero que hay que hacer es

plantearla bilateral y multilateralmente con nuestros amigos y aliados con

rigor, solvencia y flexibilidad a la hora de proyectar las soluciones posibles

en el tiempo. También deberemos nosotros, quizá, revisar nuestra posición

diplomática tradicional, introduciendo el principio democrático de participación

de los gibraltareños en las decisiones que afecten a su futuro.

En segundo lugar, es indispensable acabar con las ambigüedades respecto a Ceuta

y Melilla; en este sentido hay que apoyar con toda energía al Gobierno en su

política de firmeza frente a Marruecos. Las Cancillerías de nuestros aliados

deben saber que hay una decisión nacional de defender sin concesiones nuestra

integridad territorial a uno y otro lado del Estrecho.

No parece, por, tanto, perjudicial nuestra presencia en la «cumbre» de Nueva

Delhi, siempre que no intentemos jugar a la ambigüedad de nuestros compromisos

con Occidente y con la Alianza Atlántica. España tiene todavía muchos problemas

que resolver en su entorno geográfico europeo y mediterráneo.

Concentremos ahí nuestros esfuerzos y ofrezcamos lealtad a nuestros compromisos,

solidaridad con nuestros amigos y aliados y asi estaremos en condiciones de

exigir y obtener la reciprocidad que nos es debida para la defensa de nuestros

intereses nacionales.

 

< Volver