Autor: García Rivas, Ana. 
 100 días. Calviño y Balbín lograron el descontento. 
 RTVE, una casa que sigue en pie de guerra     
 
 Diario 16.    11/03/1983.  Página: 9. Páginas: 1. Párrafos: 12. 

Radio Televisión Española está en pie de guerra.

La gestión del nuevo equipo, nombrado por el LOPEOR Gobierno, no satisface a

la opinión pública, que sigue desconfiando de la «caja tonta» y en la casa los

trabajadores amenazan con la huelga, mientras en sus pasillos se cuecen las más

curiosas «conspiraciones», salen a relucir recelos, se caldea el ambiente...

Calviño y Balbín lograron el descontento.

RTVE, UNA CASA QUE SIGUE EN PIE DE GUERRA

Ana García Rivas

El nombramiento del «independiente» José María Calviño como director general de

RTVE era algo sabido desde meses antes de celebrarse las elecciones, realmente

el PSOE no tuvo jamás otro candidato tan firme. Pero lo que también era sabido y

temido dentro de la casa, era que tras la barba de Calviño venía la pipa de

Balbín a husmear sobre los informativos.

El movimiento de oposición al director de «La clave» fue tan grande que Calviño

llegó a proponerle el puesto a Eduardo Sotillos, de quien se dice que llegó a

decir: «¿Quién es ese imbécil que quiere bajarme de categoría?» Al final Felipe

González se llevó a Sotillos y los de Televisión tuvieron que pechar con Balbín

para que les dirigiera los informativos. Por cierto, de los peores que se

recuerdan desde hace bastantes años.

Calviño tomó posesión de su despacho y Balbín del suyo, pero éste situado a

bastantes metros de distancia de la zona en donde se ven los teletipos: para la

pelea diaria con la gente, Balbín llamó a Iñaki Gabilondo que no aceptó, a Julio

de Benito que decidió irse de RNE, a Fermín Bocos que se quedó en Z, y a Miguel

Ángel Aguilar, que no fue, y finalmente puso a Enrique Vázquez, su mano derecha

de casi siempre.

Para dirigir TVE Calviño nombró a Antonio López, antiguo director técnico y uno

de los hombres con más prestigio dentro de la casa. Para la Primera Cadena se

pensó en Gonzalo Vállelo, anterior jefe de cinematográficos, para la Segunda

Cadena en Clara Isabel Francia y se creó una dirección de programas, uno de los

puestos claves de la casa, para que la llevara Ramón Gómez Redondo, realizador y

vocal socialista en el consejo de administración.

Prado del Rey recibió «el cambio» con expectación e interés, unido al

descontento generalizado de la gente de informativos. Paralelamente echó a andar

la ley de Incompatibilidades que afecta a todos los trabajadores que cobran de

la Administración Pública, y en particular a los de RTVE sujetos, además, a un

artículo de su ordenanza laboral que prohibe se simultanee su trabajo en el ente

público con otro en la empresa privada. Llegaba la época de austeridad a RTVE y

además era bien vista por la opinión pública.

El primer conflicto en RCE: 21 trabajadores de los servicios informativos

centrales se quedaban en la calle el último día del año, ante la orden de que no

se le renovaban los contratos, a pesar de que el consejo de administración había

intervenido anteriormente en favor.Los informativos de la emisora se quedaron en

cuadro.

Pero el «boom» se produjo en «La clave», Balbín, sin cobrar, seguía haciendo

doblete: dirigía los informativos de TVE y presentaba y dirigía «La clave». La

invitación al expulsado del Ayuntamiento de Madrid, Alonso Puerta, en un

programa sobre los Ayuntamientos de izquierda y su posterior veto por alto cargo

del Gobierno, procedente también del mando municipal, hizo que el programa se

suspendiera por «enfermedad» de Balbín, que en vez de meterse en la cama se fue

a Alemania. El escándalo fue mayúsculo, llegando incluso a afectar la

credibilidad del Gobierno. Guerra empezó a buscar a marchas forzadas sustitutos

mil y a guardarlos en el cajón para que se conservasen frescos.

Después, Calviño fue llamado al Congreso, en donde abrumó con «terroríficos»

datos sobre la situación heredada en RTVE y no satisfizo a ningún padre de la

Patria.

Mientras tanto, el director general que había hablado de que RTVE iba a ser una

«casa de cristal», se descuelga con el borrador de un proyecto netamente

fascista para poder controlar de dónde sacan la información los periodistas que

escriban mal de RTVE. El proyecto era de Robles Piquer, pero ni éste se atrevió

a proponerlo en su época.

Y otro dato viene a ensombrecer el panorama. Balbín quiere llevarse «La clave»

al área de informativos, con la oposición de la directora de la Segunda Cadena y

del director de TVE. El ente público es, cada vez más, un reino de Taifas.

Los más antiguos del lugar no recuerdan una época de RTVE tan convulsionada como

la actual. Calviño entró llamando analfabetos a los trabajadores de la casa,

después dijo que no había encontrado talento y ahora, siguiendo las directrices

de Hacienda pretende «congelar» sus salarios. La casa está en pie de guerra, sin

que se descarte la posibilidad de ir a la huelga y el Congreso ha vuelto a

pedirle que comparezca en sus salas para que explique por qué no retransmitió en

directo el Pleno de Rumasa. La programación es heredada de etapas anteriores o

comprada al extranjero.

RTVE se tambalea. Dentro nadie está contento; en la calle se sigue con

expectación y el Gobierno la mira con creciente preocupación.

 

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