Autor: Rubio, Rafael. 
 100 días. Economía. 
 Y además, Rumasa     
 
 Diario 16.    11/03/1983.  Páginas: 1. Párrafos: 10. 

100

ECONOMÍA Y además, Rumasa

Rafael Rubio

Una política y un ministro han emergido con especial fuerza en estos cien

primeros días de Gobierno socialista. Tal y como se esperaba, la política

económica y Miguel Boyer se han convertido en los verdaderos protagonistas.

Algo hay, de entrada, en lo que empresarios, banqueros y especialistas

económicos están de acuerdo a la hora de hacer un análisis de la gestión

económica del Gobierno socialista: se ha gobernado. Se ha gobernado, al margen

de que las medidas adoptadas hayan sido mejor o peor recibidas, lo que no parece

poco después de la actitud del anterior Gobierno, remiso a tomar ninguna

iniciativa.

Un sábado. Al mediodía, Miguel Boyer, ministro de Economía, Hacienda y Comercio,

se nos metió en nuestra casa, de forma inesperada, a través del televisor, para

anunciarnos la gran primera medida económica que el Gobierno iba a adoptar, la

devaluación de la peseta en un 8 por 100 en relación con el dólar. Los

ciudadanos españoles, incluso aquellos que se obstinaban en llamar

«extraterrestres» a los nuevos ministros socialistas, porque nadie los conocía,

iban a tener ocasión de familiarizarse en muy poco tiempo con aquel rostro.

Rostro serio y voz suave, pero firme, que utilizaría otra veces la pequeña

pantalla para justificar una importante operación bancada o la expropiación de

Rumasa.

Banca

La medida devaluatoria parecía imprescindible y oportuna y fue, por tanto, bien

acogida, lo que no ocurrió con otras decisiones que la acompañaron.

El aumento de un punto en el coeficiente de caja supuso el primer encontronazo

de los socialistas con el mundo de la Banca privada, que sintió con esta medida

que se le arrebataba una parte importante de sus recursos. Aquello fue

suficiente para que se empezara a hablar de una nacionalización del sector

bancario, vía coeficiente de cajas. El tiempo y Rumasa parecen haber vuelto las

aguas sobre su cauce y la relación, sin ser cordial, se mantiene civilizada y

constructiva.

El tratamiento de los bancos en crisis, verdadera prueba de fuerza para los

responsables económicos socialistas, ha sido ocasión también para que se

manifieste la colaboración entre Gobierno y Banca. La solución al problema

planteado por el Banco Urquijo —y del que se ha hecho responsable el Banco

Hispano Americano— ha sido un ejemplo claro de cómo han funcionado esas

relaciones. Por el momento, y mientras se ha impuesto la tesis de que los bancos

en crisis han de volver al sector privado, han aparecido por el horizonte los

temidos nubarrones de un enfrentamiento Banca-Gobierno.

Subidas mil.

La devaluación de la peseta puso en marcha todo un proceso de gran trascendencia

doméstica donde el Gobierno ha mostrado de forma clara cuál es su política. La

inmediata y siempre impopular subida de precios, producto —entre otras cosas— de

una devaluación que encareció los productos petrolíferos, dio oportunidad al

Gobierno de poner en práctica una política de precios realista. Política que

supuso, ni más ni menos, que un aluvión de subida de precios, generalmente bien

acogida por el mundo empresarial y aceptada con impotencia por las amas de casa.

La firma del acuerdo interconfederal, en la que el Gobierno no ha tenido

intervención directa, pero sí decisiva, hay que incluirla dentro del balance

como aspecto positivo. Más importante aún teniendo en cuenta que se ha

conseguido a base de un mayor sacrificio por parte de los empresarios y sin que

ello haya supuesto ceder en uno de los puntos programáticos de su campaña

electoral, la reducción de la semana laboral a cuarenta horas.

CEOE y Rumasa

Pese a las tensiones y dificultades, el Gobierno ha logrado también en esos cien

días mantener sus relaciones con la gran patronal. La habilidad del presidente

González y el pragmatismo de Carlos Ferrer lo han hecho posible.

La expropiación de las empresas de Rumasa ha sido, sin duda, la medida de mayor

trascendencia y la más atrevida de cuantas ha afrontado el Gobierno. La tibia y

tímida reacción, cuando no el decidido apoyo de la Banca y la CEOE, a la

decisión del Gobierno son ya suficientes indicios de la oportunidad de tal

medida. La publicación de las cuentas de Rumasa es un dato contundente que ha

impedido incluso a la oposición política poner otros peros, que no sean los

jurídicos, a la decisión de expropiar.

Se echa en falta en estos cien días no poder decir nada de unos Presupuestos

Generales que, pese a las evidentes dificultades que presenta su elaboración,

deberían estar ya en el Congreso. Y, sobre todo, el compromiso de crear 800.000

puestos de trabajo en cuatro años sigue siendo el gran reto —el más difícil

todavía— tras estos primeros cien días de Gobierno socialista.

El ministro Boyer

 

< Volver