Autor: Campmany y Díez de Revenga, Jaime. 
   Los cien días     
 
 ABC.    11/03/1982.  Página: 13. Páginas: 1. Párrafos: 4. 

Escenas políticas.

LOS CIEN DÍAS.

LO peor de los cien días es que parecen cien mil. Ha dicho don Alfonso Guerra

que los socialistas están haciendo demasiadas cosas y que están tocando al mismo

tiempo todas las teclas. Y claro, se les amontona la escritura, se les acumulan

las faltas y aporrean el piano. No es que hayamos llegado a los cien días de

Gobierno socialista, es que parece que estamos en la guerra de los Cien Años.

Los socialistas arbitran medidas legislativas y toman medidas de Gobierno como

quien libra batallas. No se plantean la problemática social, médica, jurídica y

ética del aborto. Libran la batalla del aborto. Y así sucesivamente. No estudian

la problemática laboral de la reducción de horas de trabajo y del período de

vacaciones. Libran la batalla de la disminución del trabajo. Libran la batalla

contra la objetividad informativa, contra la independencia de los profesionales

en los medios de comunicación del Estado para ponerlos al servicio del Gobierno

y del partido. No se plantean la problemática de moderar los excesos del

capitalismo. Libran la batalla contra el sistema capitalista. No desarrollan el

ordenamiento jurídico.

Buscan la trampa para hacer lo que quieren hacer, aunque sea contra el

ordenamiento jurídico. No gobiernan para todos, buscando la justicia y la

equidad, sino que gobiernan para unos en contra de los otros. Más que aplicar un

programa político parece que quisieran ganar una guerra. Mal asunto.

En este país hay por desgracia muchos problemas encima de la mesa de los

gobernantes. Muchos y graves. En los más graves, cualquiera podría observar un

deseo común de los españoles: el deseo de que se resuelven, o de que se

mitiguen, o de que se afronten con voluntad de acertar. A los españoles, a todos

los españoles, nos preocupa el paro, y muy concretamente la falta pavorosa de

primer empleo para los jóvenes; nos preocupa el terrorismo, unido a los

separatismos más o menos encubiertos; nos preocupa nuestro aislamiento exterior,

los desvíos de Europa, la exclusión de Occidente, el hostigamiento del Este; nos

preocupa la necesidad de fundar una democracia sólida y vigorosa, de afirmar la

supremacía de la Constitución sobre cualquier veleidad política o partidista;

nos preocupa avanzar en la reconciliación nacional y archivar en la Historia de

las pesadillas la guerra civil y sus consecuencias; nos preocupa el prestigio y

la robustez de las instituciones; nos preocupa la situación de nuestra economía,

cuyo despeñamiento es acongojante.

¿Qué ha hecho el Gobierno socialista en todos estos temas? Poco, se dirá. Pero,

¿ha hecho algo? Casi nada. Nada, más bien. Las cifras del paro ascienden. Hay

más parados que hace cien días, y la tendencia continúa invariable. Los

terroristas han llegado al máximo descaro. Proponen una «mesa de paz» en la que

negocien de tú a tú con el Gobierno. Desarman a esa Policía que iba a ser la

panacea para los males del País Vasco. Los «hembatasuneros» de Francia se

presentan a las elecciones francesas de! brazo de los socialistas de Mitterrand.

El órgano de expresión del PNV ha dicho que los vascos deben hacer allí, en

Vasconia, el servicio militar, para no servir a una patria que no es la suya. No

entramos en Europa ni se ve el camino ni la fecha. No sabemos si pertenecemos al

Pacto Atlántico o al de Varsovia, o a ninguno de los dos. No sólo se resiente la

democracia y el respeto a la Constitución. Se resiente el Estado de Derecho.

En el camino de la reconciliación nacional hemos retrocedido años y leguas. Han

aparecido el revanchismo y la depuración. El poder ejecutivo avasalla las demás

instituciones cada vez que suponen un obstáculo para una medida de Gobierno.

Nuestra economía se hunde cada mes un poquito más.

Pero, eso sí: se están librando batallas contra el concepto general de la moral,

contra los principios de la religión, contra el sistema económico, contra el

imperio de la Ley. Llevan cien días de batallas.

Jaime CAMPMANY

 

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