Autor: Peiró, Luis. 
 Investidura de Felipe González. Tras las imprecisiones del discurso programático. 
 Felipe González impuso su estrategia en el debate de investidura     
 
 ABC.    02/12/1982.  Página: 27. Páginas: 1. Párrafos: 9. 

NACIONAL

Investidura de Felipe González.

Tras las imprecisiones del discurso programático.

Felipe González impuso su estrategia en el debate de investidura.

MADRID (Luis Peino). En siete largas horas de debate, tres de las cuales

consumió en sus Intervenciones el candidato a la Presidencia fue colgando de las

líneas maestras, globales e Imprecisas que tendiera el día anterior, algunas

precisiones, muchas y próximas Iniciativas legales y varias medidas de Gobierno

inmediatas. En definitiva, un calendario no excesivamente delimitado, aunque

mucho más orientador de lo que la Cámara pudiera conocer con su discurso

programático.

Felipe González se despegó del papel, aunque utilizó uno y mil apuntes, uno y

varios informes concretos, y no volvió a fijar las manos en el atril. Es su

terreno. Aunque en lides de candidato, ya casi presidente, la Cámara volvió a

escuchar al parlamentario González Márquez. Es la imagen habitual, muy distante

del encorsetado candidato del día anterior por mor del texto escrito y de

ceñirse a un texto propiedad de muchos técnicos del partido. Y como cuando sólo

era diputado desplegó una estrategia que, al menos para sus propósitos, resultó

perfecta. La única ventaja que tiene el todos-contra-uno que supone la ceremonia

parlamentaria de la investidura es que todas las referencias de los

intervinientes tienen que partir del discurso inicial del candidato. A través de

las imprecisiones del día anterior, de las amplísimas formulaciones de

propósitos, Felipe González obligaba a todos sus interlocutores a consumir su

tiempo en pedir detalles en puntos concretos. Su tumo de réplica, y a todos, uno

por uno fue contestando, se consumía en anuncio de medidas, paquetes

legislativos o precisiones, que en todo momento ño rebasaron las formulaciones

de un ya conocido programa electoral. No quedaba tiempo para más y la réplica

del representante de cada grupo no daba tiempo más que para comprobar si había

sido o no contestado o si le parecían bien o mal los anuncios de medidas o los

trazos gruesos del programa. Difícilmente se podía entrar en profundidad y

difícilmente se entró. Pero hubo, y le salió bastante bien, una maniobra a más

largo plazo. Todo candidato en trance de Investidura sabe que tiene una última

prueba definitiva, una especie de apoteosis final del espectáculo democrático,

midiéndose con su oposición. Felipe González fue trazando en sus respuestas a

cada minoría nuevos detalles y abordando temas escasamente apuntados el día

anterior o ni siquiera mencionados. Cuando llegó a la ulterior prueba en su

debate con Fraga Iribame, al líder de la oposición no le quedaban ya temas

concretos sobre los que ya no se hubieran hecho precisiones. La discusión

quedaba ya ceñida a problemas más generales, casi a confrontación de ideologías;

incluso de la inconcreción, otra cosa era —como fue— que las precisiones no

parecieran suficientes— y evidentemente a Fraga no se lo parecieron.

LA SORPRESA, PARA ROCA

Una argucia más del candidato fue reconducir su confrontación con la oposición a

una discusión no de su propio programa, sino del del contrario. Fraga,

lógicamente, en su papel de oposición, tuvo que anunciar que, desde ya, sus

críticas irían siempre acompañadas de alternativas. En buena hora lo dijo. De

las continuas formulaciones de Fraga sobre la inadecuación del programa

socialista a las necesidades de la economía, de que las cuentas no salían, se

pasó ai examen por parte de Felipe González de la propuesta de reducción de los

impuestos de la coalición AP-PDP durante la campaña electoral, o de la forma en

que la derecha liberal-conservadora pensaba manejar el déficit.

No le quedaron al jefe de la oposición sorpresas que arrancar, ni siquiera la

lista de Gobierno, porque Felipe González quiso dársela a Roca—tampoco era

sorpresa, bien es verdad, aunque con ello se cumplía el trámite, que desde la

oposición reclamara en otras ocasiones el propio González a Suárez y Calvo-

Sotelo, de que junto al programa se supiera el Gobierno.

Al hilo de las intervenciones de los miembros del Grupo Mixto y de las dos

minorías nacionalistas, González fue detallando sobre las grandes cuestiones,

aunque nunca por encima —incluso a veces sólo rozando— los postulados del

programa electoral. Quedó aclarado que el nuevo Gobierno no piensa dar marcha

atrás sobre los pactos autonómicos, que los considera positivos para entrar en

un segundo estadio de la España de las autonomías en el que habrá que discutir

cuestiones administrativas y de transferencias, así como cargas económicas; para

ello hay oferta de diálogo y de consenso. No la hay —sin embargo-- para la

LOAPA, «primero tendrá que decidir el Tribunal Constitucional».

La respuesta no satisfizo, por supuesto, ni a Roca ni a Marcos Vizcaya; de ahí

su abstención. Alguna afirmación más a añadir al «en tomo a la OTAN cumpliremos

nuestros compromisos con el pueblo español» del martes. El Gobierno socialista

congelará la integración militar de España en la OTAN. Sobre la salida o no,

habrá referéndum. Pero no hubo plazos —como tampoco los había en el programa

electoral—. Sólo un genérico, «en su momento, cuando el Ejecutivo lo considere

oportuno».

Evidentemente, Santiago Carrillo, quien ayer se constituyó en la voz de otra

izquierda distinta a la que ahora gobernará, se quedó insatisfecho. Algo más

sobre la contradicción, OTAN no, tratados bilaterales con los Estados Unidos,

sí; el Gobierno socialista se replanteará la renegociación de los actuales. Y el

recurso populista, a veces usado desde la oposición: «No vamos a permitir que un

almirante extranjero le dé órdenes a un almirante español sobre territorio de

nuestra soberanía»

APERTURA DE LA VERJA

Se reservó el candidato dos materias importantes para cuando vinieran bien:

educación y Gibraltar.

Landelino Lavilla, en un discurso mitad institucional mitad oposición, los sacó

a relucir. También él discrepó: «No me salen las cuentas, señor González, de su

programa económico» —lo mismo que interpelaría después Roca Junyent—, que tontas

veces ha oído el líder socialista, y al que tan vagamente contestó ayer. En

educación, una líneas muy generales, calcadas no ya del programa, sino casi

íntegramente de la Constitución. Sí a la libertad de enseñanza, concebida como

la que tienen los padres a elegir el centro en el que estudiarán sus hijos, o la

educación religiosa que se tes dará. Sí a la libertad de crear escuelas

privadas; sí a las subvenciones, siempre y cuando estén abiertas a todos los

ciudadanos y padres y alumnos intervengan en su marcha. Exactamente reorientar

el Estatuto de Centros, según los postulados del PSOE; a la Constitución. La

oferta electoral era la simple derogación.

Largas y profusas fueron las intervenciones del candidato en materia económica,

aunque no hubo respuestas novedosas. Si acaso algún dato más del cuadro

macroeconómico —el candidato quiso dar la impresión de que to maneja con total

soltura— y el aventurarse a decir que en el próximo año se recuperarán un 0,5

por 100 de los puestos de trabajo perdidos. Y larga perorata para demostrarle al

señor Carrillo y a Landelino Lavilla —el líder de UCD no se lo había pedido— que

el programa socialista no es un programa de estabilización: si se estabiliza no

puede haber aumento del PIB del 2,5 «y ése es nuestro objetivo»: contener,

aunque no acabar con el déficit, etcétera. Y las consabidas referencias a la

confianza del PSOE en la represión del fraude fiscal. Gibraltar es el

contencioso sobre el que González hizo primer anuncio de una medida concreta

para el primer Consejo de Ministros que presida: apertura peatonal de la verja

en función de criterios de necesidades humanas.

La única novedad en tos procedimientos que aportó la confrontación Gobierno —«in

pectore»— oposición: la televisión privada. Manuel Fraga señaló que la sentencia

del Tribunal constitucional obligaba al Gobierno a una iniciativa legal que la

pusiera en marcha. Felipe González argumentó que el alto Tribunal se limitaba a

establecer la posibilidad de regularía o no. Y una razón que para él haría hasta

Inviable la ley: no habría acuerdo, aunque se lo propusieran, entre todos tos

que han solicitado canales privados. Hasta cuatro veces se relevaron Fraga y

Felipe González en la tribuna para ensayar lo que será la dialéctica poder-

oposición en la nueva legislatura. Los aplausos fervorosos y tos pateos y

murmullos, de izquierda a derecha de la Cámara, hacen presagiar un diálogo de

durezas y acritudes. Demasiado subido de tono.

Manuel Fraga: «Cada uno ha cumplido con su deber»

´ MADRID. Manuel Fraga manifestó anoche, al término de la sesión de investidura

en que Felipe González ha sido elegido presidente del Gobierno: «Creó que cada

uno ha cumplido con su deber en esta sesión de investidura. Ahora llega la hora

de la verdad para el nuevo Gobierno socialista. Ahora es cuando el PSOE tendrá

que gobernar y a nosotros nos toca esperar a ver cómo inicia esa labor de

Gobierno.» Sobre la postura de su grupo parlamentario en el futuro, Manuel Fraga

manifestó: «Será la de mantener ese diálogo con el PSOE, que hemos ofrecido

durante la sesión de investidura, y la de representar al pueblo español que nos

ha votado para que ejerzamos la oposición parlamentaria.»

 

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