Las asociaciones y las leyes fundamentales     
 
 ABC.    28/03/1976.  Página: 3. Páginas: 1. Párrafos: 9. 

LAS ASOCIACIONES Y LAS LEYES FUNDAMENTALES

Requerir a las asociaciones políticas conformidad con la Declaración de los Derechos Humanos y con la

propia ley que va a regularlas es clara exigencia, requisito fácil, puerta de acceso que nadie se negará a

cruzar. Pero, ¿cabe pensar, con planteamiento realista, que sucede lo mismo con la demanda de

conformidad con las Leyes Fundamentales?

No faltan motivos para temer que la respuesta sea negativa, que este condicionamiento de las Leyes

Fundamentales desaliente a posibles asociaciones y, desde luego, a partidos ya formados que se negarán a

ingresar en la legitimidad.

Pero, vamos a entendernos. Esta opinión no prejuzga, al menos en nuestro criterio, que en las Leyes

Fundamentales se contengan propuestas inadmisibles. Nada de eso. En conjunto, en el conjunto de cada

uno de sus textos, se contiene una mayoría absoluta de proposiciones normales, aceptables. Ocurre, sin

embargo, que su simbolismo, derivado de su cronología —son del pasado, de ese pasado irrepetible que

comenzó a contar el 20 de noviembre de 1975— es ahora, o así se entiende, no conforme con el cambio

hacia la democracia. Y ante tan rotunda reacción muy poco se puede hacer.

Pero ocurre, además, que el conjunto de las Leyes Fundamentales está también, de alguna manera pero

muy claramente, sometido a reforma, a repaso, a revisión. Y, por supuesto, no forman un conjunto

constitucional pensado para la plural competencia política de los partidos. Esto debe reconocerse si se

mira de frente y sin miedo a la verdad; si no se pretende un engaño que a nada conduce.

En tales circunstancias, la demanda que se hace a las asociaciones relativa a las Leyes Fundamentales

resulta, por lo menos, ambigua nebulosa quizá intempestiva...

Naturalmente, no sería tampoco solución, al menos en la línea evolutiva que se sigue, prescindir de un

requisito de acatamiento a la constitucionalidad. Pero, ¿no hubiese sido posible definir esta

constitucionalidad en el propio texto de la ley asociativa, espigando los conceptos más básicos y

generales de las Leyes Fundamentales, sin hacer expresa remisión genérica a todas ellas?

De momento. por esta genérica remisión se produce otro efecto derivado que tampoco es positivo Para

decidir si este o aquel programa asociativo concuerda con las Leyes Fundamentales o se opone a las

mismas, será necesaria una operación interpretativa que actuará, forzosamente, en un ancho marco de

discrecionalidad, de interpretación subjetiva de la autoridad. Y las interpretaciones de este

género pueden producir errores y controversias.

Es siempre mejor la objetividad en la ley, la definición, la clara tipificación de cada figura. Mucho mejor,

aunque deba esperarse, con fundamento sobrado, que del propósito sinceramente aperturista y

democrático del Gobierno no se van a proyectar obstáculos o dificultades a las asociaciones, sino

facilidades, comprensión y seria tolerancia. Únicamente tendrán cerrada la puerta aquellas asociaciones

que concretamente define ilícitas la ley.

No parece arriesgado predecir que este problema suscitará animados debates en las Cortes. Por supuesto,

tiene enorme importancia, tanta que va a condicionar, seguramente, el éxito de la ley y del asociacionismo

político.

 

< Volver