Autor: Lafora, Victoria. 
   Mis queridas señorías  :   
 Voy a responder, pero no a ofender. 
 Diario 16.    02/12/1982.  Página: 4-5. Páginas: 2. Párrafos: 13. 

>>Voy a responder, pero no a ofender>>

SI el martes sólo Felipe González trajo su portafolios, ayer todos los líderes

llevaban bajo el brazo una cartera, algunos abultada, con la respuestas al

candidato. Gregorio Peces-Barba, muy en su papel de presidente, aseguraba que

pensaba cortar las intervenciones a las nueve en punto y seguir a rajatabla el

orden del día. Así, cada cual con sus apuntes, fueron ocupando la tribuna. Los

diputados de AP se habían reunido por la mañana para redactar el definitivo

reglamento del grupo y cuentan que Manuel Fraga se ha tomado tan en serio su

papel de líder de la oposición que no admite broma o comentario de los suyos

sobre el nuevo Gobierno.

«No admito que en mi presencia...», ha tenido que repetir más de una vez a

cierto díscolo parlamentario.

El presidente Felipe González llegó con el aspecto de «sosiego», que cada vez se

hace más cualidad de la persona y ante las críticas de su discurso, aseguraba:

«Hay una diferencia entre hablar y leer y yo creo que el Parlamento es una

institución para parlamentar.»»

No parecía Felipe González muy preocupado por la dureza del debate (sin duda se

sabe mejor improvisador que lector) y matizaba que la vehemencia de sus

respuestas sólo dependía del resto de las intervenciones. «Por mi personalidad

tiendo a no ofender, pero sí sé responder.»

Alfonso Guerra entró en el Congreso pegado a los talones del presidente y fue

«raptado» por el portavoz de UCD, Landelinó Lavilla, quien quiería hacerle

algunas preguntas sobre su propia intervención «que va a ser en buen tono»,

dijo, y en las tribunas de público el «staff» del presidente ocupó ayer el

balcón de la familia. Julio.

Feo, jefe del gabinete presidencial, y Roberto-Dorado, jefe del gabinete

técnico, seguían atentamente las palabras de Felipe González. Ambos trabajarán

con él, codo a codo, en la Moncloa y Roberto Dorado tendrá que dejar su cargo en

el consejo de RTVE, «va a suponer un enorme trabajo y una gran

responsabilidad», aclaró Roberto Dorado, quien sabe mucho de esfuerzo y horas de

trabajo. Hubo un tiempo en que su familia a punto estuvo de mandarle la cama

directamente a Santa Engracia, en vista de que no le veían el pelo. Mientras

tanto, siguen en el aire muchos cargos intermedios; en el secreto

de las reuniones se pacta, se cede o se resiste según la oferta recibida. Por

ejemplo, Manuel Marín ha ganado su batalla personal y tras arduas negociaciones

acepta la propuesta de llevar la Secretarla para las Relaciones con las

Comunidades Europeas; tras el primer Consejo de Ministros verá su nombramiento

en el «BOE». Y como polo opuesto, el secretario primero de la Cámara, Ciríaco de

Vicente, todavía no sabe, o no le han explicado, las causas que le apartaron en

el último momento de la labor para la que se había preparado. Ayer, haciendo

gala de su disciplinada militancia, llevaba preparadas en un cuaderno todas las

respuestas sobre los temas sanitarios por si se necesitaba su colaboración en ¡a

materia poder mandar a los suyos una discreta notita escrita a mano.

Y es que dicen los técnicos del partido que su sustituto, Ernest Lluch, anda

estos días «empollando» como un loco todo lo que se refiere a temas de sanidad,

ya que la cartera que le habían ofrecido previamente era la de Transporte y

Comunicaciones y ambas materias son, sobre todo, dispares.

Por lo que se refiere a Cultura, el titular Javier.

Solana piensa y medita sobre la formación de su equipo y ya el diputado Miguel

Ángel Martínez, el «experto» en temas de deporte, le ha dicho que no quiere

dejar su escaño. «Es un problema de interpretación —aseguraba Miguel Ángel— ya

que, al parecer, el ser presidente de un organismo autónomo lleva consigo el

dejar el acta de diputado», y claro, no quiere, porque además conoce

perfectamente la conflictividad del cargo al que sólo se puede ir «con sentido

de servicio». No obstante, aseguró que estaba dispuesto a darle al nuevo

ministro veinte o veinticinco nombres para ocupar ese carpo.

 

< Volver