Autor: Cabellos, Carmelo . 
 Análisis. 
 Programa por entregas     
 
 Diario 16.    02/12/1982.  Página: 5. Páginas: 1. Párrafos: 6. 

ANALISIS

Carmelo Cabellos

Programa por entregas

En la tarde-noche de ayer, al seguir detenidamente el debate de investidura del

presidente González noté la necesidad de disponer de una minicomputadora casera

para poder asimilar y ordenar la enorme cantidad de datos que, casi en

cuentagotas, componen el mosaico del programa del Gobierno socialista.

Compadézcame el lector —y mejor lo hará si ayer fue paciente oyente o

telespectador del debate— si no me encuentro con la capacidad suficiente para

ordenar todas o algunas de las muchas ideas que ayer saltaron a la palestra del

hemiciclo del Palacio del Congreso. Si la estrategia planificada por los hombres

de Felipe González facilitó un tanto la agilidad del debate, nos metió a todos

en un mundo completamente enmarañado.

La falta de concreción en la exposición inicial del candidato, el martes, se vio

ayer compensada por una exposición fragmentada —un programa por entregas— de las

medidas y calendario de actuación de! nuevo Gobierno. Felipe González mezcló

hábilmente las contestaciones a todos y cada uno de los portavoces con una

dosificación en pildoras de su programa.

De alguna manera, y sálvese el símil, los distintos intervinientes tuvieron que

hacer de sacacorchos para que el líder socialista escanciara sobre la Cámara las

esencias del vino del cambio. Por todo ello,

habrá que dejar para mejor ocasión la disección y análisis de los muchos

elementos expuestos ayer ante la opinión pública y parlamentaria y que, además,

la propia gobernación de los socialistas dará ocasiones suficientes para su

análisis sobre el terreno.

Pese a todo, si se puede hacer un valoración global del debate, que fue ágil

dentro de las naturales limitaciones que da el tratar tan varios y arduos temas

Felipe estuvo brillante y dosificó con inteligencia las múltiples intervenciones

Incluso quedó fuera del «corsé institucional» en que voluntariamente se había

metido la víspera.

Con la rapidez mental que le caracteriza, el nuevo presidente estuvo sembrado de

sutilezas e impregnado del tono amable en que se desarrolló el debate, tan sólo

quebrado en algún momento por las impetuosidaces del líder de la oposición,

Manuel Fraga, que nos ofreció algunas de sus ya clásicas salidas de tono.

Resumiendo las intervenciones, destacaría la reaparición de un Bandrés

«domesticado», el catalán Vicens, como una reliquia del siglo pasado, un Suárez

que dijo lo que le hubiera gustado oír de él mismo en ocasión similar y un

Camilo completamente apagado. Junto a ellos, el Marcos Vizcaya desconfiado, un

Roca inteligente — quizá la mejor intervención— y un Fraga entre la convulsión,

e! chiste y un nuevo aire de pretendida racionalidad.

 

< Volver