Autor: Santos, Carlos. 
 El debate: El presidente obtuvo 207 votos a favor, 116 en contra y 21 abstenciones. 
 Felipe González le ganó el pulso a Fraga     
 
 Diario 16.    02/12/1982.  Página: 6-7. Páginas: 2. Párrafos: 19. 

Con 207 votos a favor (PSOE, PCE, Euskadiko Esquerra y CDS), 116 en contra (AP y

UCD) y 21 abstenciones (las minorías nacionalistas). Felipe González fue

investido ayer como presidente del Gobierno. El «Boletín Oficial del Estado»

publica ho su nombramiento. La votación de investidura estuvo

precedida por siete horas y media de debate, que, en gran parte, estuvieron

dedicadas a cuestiones económicas. Felipe González hizo a los grupos ofertas de

colaboración y cooperación que fueron, por todos aceptadas. La sesión culminó

con un debate denso y esperado y Felipe González le ganó el pulso a Fraga.

El presidente obtuvo 207 votos a favor, 116 en contra y 21 abstenciones.

Felipe González le gane el pulso a Fraga.

Carlos SANTOS.

Madrid — El debate previo a la votación de invetidura que se prologó hasta la

memedianoche, finalizó con un duelo verbal esperado: el enfrentamiento entre el

candidato Felipe González y el nuevo líder de la oposición, Manuel Fraga.

Felipe Gonzázlez, casi al final del diálogo, confirmó a Fraga como su primer

opositor, diciéndole: «En las cuestiones de Estado estará usted siempre

representando a la oposición y yo lo reconoceré como representante de la

oposición que legítimamente ha elegido el pueblo español.»

El líder de AP, portavoz del grupo popular, había subido a la tribuna a las diez

en punto de la noche, cargado con 41 folios —cuyo contenido textual no respetó—

y su habitual bagaje de frases jocosas como la de «A España la pueden arruinar

las mujeres, el juego y los técnicos...»

Repaso

Desde el primer momento, conforme a lo previsto, comenzó a dar vara, con un

repaso al programa del XXIX Congreso del PSOE, partido al que atribuyó un pasado

«revolucionario e incluso marxista-leninista» que despertó ciertas protestas de

la izquierda. Luego entró en un análisis del programa electoral socialista, que

le mereció esta valoración global: «Si se cumple tal cual puede crear una

difícil situación.»

Fraga se limitó a sobrevolar los temas típicos de su retórica parlamentaria y

política (el terrorismo) y se mostró más interesado por las cuestiones

económicas: el presumible aumento de la presión fiscal, el sector público, la

masa monetaria...

En política exterior se mostró satisfecho con que la apertura de la verja de

Gibraltar sea sólo «peatonal» y alabó ta moderación y prudencia del candidato en

el tema OTAN: «Sería lamentable — afirmó— que el primer éxito de Andropov fuera

la entrada del Gobierno socialista en España.» Fue ahí donde se produjo el

primer pateo de la segunda legislatura. Al final de su primera intervención

(luego hubo réplicas), los miembros de su grupo lo aplaudieron.

Respuesta

Felipe González le pagó con la misma moneda y criticó a fondo la oferta

electoral de Fraga, considerán-

dola en muchos aspectos «irreal». Por lo demás, dio respuestas puntuales a los

temas planteados, ciñendose una vez más en lo económico, que ayer fue el tema

que llevó más tiempo y suscitó más incomprensión.

A las autoproclamaciones de liberalismo de Fraga, el hoy presidente González

respondió que «si usted conoce mejor el liberalismo que yo, lo dejó a juicio de

los liberales». A su defensa de la televisión privada, le espetó: «Yo no estoy

en contra. Pero me gustaría hacer una prueba: que todos los que la solicitan se

metan en una habitación a ver si se ponen de acuerdo.»

Hablando del terrorismo, el líder de AP había dicho una cita trágica y sonora:

«Cuando corre la sangre inocente de los ciudadanos un Gobierno debe preferir

tener sangre en sus manos y no agua, como Pílalo.»

En este tema, el candidato fue contundente: «Nuestra preocupación por la paz

ciudadana se sitúa al

mismo nivel que la de cualquier otro miembro de esta Cámara.»

Previamente, a lo largo de siete horas, Felipe González había contestado a las

preguntas, dudas, aseveraciones, reticencias y puyazos —pocos— de los restantes

portavoces de la oposición.

El candidato, que ayer no estuvo encorsetado como en la primera sesión del

Pleno, contestó a todos con ofertas concretas y respuestas precisas. Ayer volvía

a ser el Felipe-asambleista: Moduló el tono de voz, señaló con el índice,

levantó la mano... En todo momento con la colaboración de un manager de

excepción, Alfonso Guerra, que a lo largo del debate le hizo sugerencias y le

seleccionó, preparó y subrayó los papeles mecanografiados con que el líder

apoyaba luego sus intervenciones.

Los primeros en intervenir, Juan María Bandrés (Euskadiko Ezkerra) y Adolfo

Suárez (CDS), le expresaron su apoyo con muy pocas reservas. El primero le

preguntó por la ley Antiterrorista y por la central de Lemóniz. Sobre la ley

Antiterrorista, Felipe aseguró que «pronto dejará de tener sentido».

Sobre Lemóniz, dio la callada por respuesta.

Santiago Carrillo (PCE) expresó su temor de que «la ilusión no se desinfle una

vez más amargamente», y planteó una serie de reservas puntuales al discurso,

especialmente en el área económica. El candidato aseguró al contestarle, que no

habrá un plan de estabilización y ennumeró una larga retahila de leyes, como

hizo con casi todos sus interlocutores.

Minorías

Los portavoces nacionalistas. Roca (minoría catalana) y Marcos Vizcaya (PNV)

mostraron también especial interés por el área económica y dejaron para el final

su principal preocupación: la LOAPA y demás intenciones socialistas en el

terreno autonómico. Felipe González repitió varias veces, a lo largo de la

tarde, que, en la LOAPA, el PSOE aceptará el dictamen del Tribunal

Constitucional. Asimismo, ofreció un acuerdo de las fuerzas políticas para

culminar le segunda fase del proceso autonómico. No los convenció: los catalanes

y los vascos se decantaron por la abstención.

Landelino Lavilla, hoy líder de otra minoría (la centrista), hiló un discurso

medido y comedido y endulzó al máximo sus duras críticas, transformándolas en

«dudas e inquietudes». El candidato le contestó con una larguísima lista de

futuras leyes e intenciones, como la de mantener las subvenciones a la enseñanza

privada.

Sin acidez

La sesión transcurrió sin altibajos y sin acidez, rayando a veces en los

versallesco, aunque la expresión «su señoría» haya sido .sustituida por «usted».

Los grupos de la oposición —incluido Fraga— coincidieron en un denominador

común: la voluntad de cooperación.

El hemiciclo contó, en todo momento, con una considerable presencia, reforzada

por el interés histórico del debate y por la lejanía actual de la cafetería del

Congreso, en la quinta planta del edificio anexo.

El presidente Peces-Barba ejerció con precisión y cierta contundencia y acalló

con el reglamento en la mano las dos únicas protestas, de Fraga y de Carrillo,

que llegó a calificar su actuación como «atropello».

Los escaños azules del Gobierno permanecieron semidesiertos prácticamente

durante todo el debate.

hasta la hora de la votación. Los ministros más aguerridos vivieron su último

día en el Parlamento (solamente dos, Cabanillas y Ortiz, conservan el escaño)

con resignación y, en algún caso, con disgusto, ya que fueron objetos de

múltiples criticas indirectas a las que no pudieron contestar.

 

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