Autor: Miravitlles i Navarra, Jaume. 
 Tribuna. Los errores del pasado. 
 Una advertencia cariñosa a Felipe González     
 
 La Vanguardia.    02/12/1982.  Página: 8. Páginas: 1. Párrafos: 14. 

TRIBUNA

Los errores del pasado.

Una advertencia cariñosa a Felipe González.

PAUL Lafargue, yerno de Marx, llegó a España y con la ayuda de Pablo Iglesias

fundó en Madrid el primer núcleo marxista. En Barcelona, entre el 1889 y el

1882, se formó el Partido Democrático Socialista. Otros grupos obreros nacieron

en Manresa, Tarragona y Vilanova y la Geltrú y en el País Valenciano sé formaron

otros núcleos especialmente en Ja capital y en Castellón de la Plana. Todos

estos grupos se articularon entre ellos y en el año 1888, fundaron

pública y legalmente, en Barcelona, el Partido Socialista Obrero Español y la

Unión General de Trabajadores.

Es curioso constatar que aquellos dos organismos tan importantes de la política

española nacieron históricamente en la Ciudad Condal. Sin embargo, casi

simultáneamente, entraron también en Barcelona elementos representativos del

sindicalismo ácrata. La CNT también fue fundada en Cataluña y prosperó hasta

convertirse prácticamente en la única central de trabajadores en Cataluña. En el

resto de España fueron el PSOE y la UGT las instituciones que más deprisa

arraigaron en la clase obrera española. El presidente del Partido Socialista

Obrero Español era Pablo Iglesias. Uno de sus sucesores fue Largo Caballero,

obrero de su condición, honesto, sincero y constante, pero de una

intelectualidad muy mediana. Es casi seguro que no había leído Jas obras de Marx

y si las leyó no comprendió el sentido de aquel complicado tema que es «El

Capital», la obra más significante de aquel gran creador, basa de todos los

partidos socialistas y comunistas que se formaron después en Europa.

En el cuadro limitado de un artículo, hay que hacer grandes saltos por lo que

hablaré sólo de algunos sucesos ocurridos durante la Guerra Civil 1936-39. Como

se sabe, e! golpe de Estado del 18 de julio se convirtió, debido a la

resistencia de las masas populares, especialmente en el triangulo Barcelona-

Madrid-Bilbao, en una guerra que duró casi tres años y que fue el más grande

acontecimiento de la historia de aquella época. Se han escrito más libros sobre

la Guerra Civil española que de la Segunda Guerra Mundial.

El comunismo, en tanto que partido político, tenía escasas fuerzas en España. En

unas elecciones generales la candidatura comunista encabezada por Dolores

Ibárruri. «La Pasionaria», no alcanzó en Barcelona más que 115 votos durante el

primer periodo de la República. Los comunistas sólo eligieron un diputado: era

el doctor Bolívar, más votado por su condición de médico que por sus creencias

comunistas. En la elección del 16 de febrero de 1933 salieron elegidos en las

candidaturas del Frente Popular sólo 16 diputados comunistas en toda España. En

Cataluña se formó el Frente de Izquierdas, que Incluía a todos los partidos

catalanes con la excepción de los de la derecha. El primero de la liste, Lluís

Nicolau d´Olwer, obtuvo 262.270 votos, y el último fue Joaquín Maurín y Julia,

representante del POUM, un partido comunista pero antiestalinista. En el resto

de España también ganaron torrencialmente los partidos Izquierdistas, pero los

comunistas sólo lograron, como hemos dicho, 16 diputados...

Los consejos de Stalin.

Pocos meses después, y en nombre de la «amenaza comunista», estallaba el golpe

de Estado del general Franco. Es ahora cuando entramos en la parte más esencial

de mi artículo. Para combatir el golpe de Estado, convertido en una guerra

civil, los republicanos formaron varios gobiernos representativos de la

burguesía liberal. Pasaron varias semanas para que la guerra civil se

convirtiera en un conflicto social y que, por lo tanto, había que ampliar les

bases políticas y amoldarlas para dar cabida en ellas a las clases trabajadoras.

Fue entonces cuando se creó un Gobierno de coalición en el que entraban

socialistas y dos comunistas, presididos por el líder obrero, Largo Caballero.

La Unión Soviética que se había mantenido relativamente al margen de los

acontecimientos de España, comprendió que ya era la hora de tomar partido ante

aquella situación. Estamos en el año 1936. Hace ya cerca de tres años que Hitler

alcanzó el poder en Alemania. Tengamos en cuenta que el líder nazi triunfó e

través de unas elecciones democráticas. Una de las razones de aquel inesperado

éxito fue la consigna de los comunistas germanos, impuesta por Stalin: clase

contra clase, en la que se incluía a los socialistas, llamados socialtraidores

por haberse aliado con las otras fuerzas que luchaban contra Hitler. Después del

resultado catastrófico de aquellas elecciones, Moscú cambió de táctica y creó la

teoría del Frente Popular.

Es decir, todos los partidos, el comunista, el socialista y los representantes

de la burguesía liberal tienen que aliarse en una sola categoría cuyo solo

objetivo sea «cerrarle el paso al fascismo».

Largo Caballero, como hemos dicho, llamó a dos comunistas a su Gobierno y en sus

discursos hablaba como un socialista de izquierdas. Sus enemigos eran los

franquistas, claro, pero también la burguesía liberal. Alarmado Stalin por los

rumbos que seguía Largo Caballero, le envió una carta, escrita en francés,

firmada por el propio Stalin, el jefe del Gobierno comunista ruso, Molotov, y

Vorixllov, ministro de Defensa.

En la primera carta del 21 de diciembre de 1936, Stalin le da unos «consejos» a

Largo Caballero: primero, hay que tener en cuenta a los campesinos en España,

país predominantemente agrícola; hay que pensar en reformas agrarias y fiscales

que interpreten sus anhelos. Segundo, hay que atraer al Gobierno a la pequeña y

mediana burguesía para evitar, al menos, que tome partido por el franquismo; es

preciso protegerlos y evitar la confiscación de sus bienes y asegurar la

libertad de comercio. Tercero, no hay que rechazar a los partidos republicanos;

al contrario, hay que atraerlos para que trabajen en su Gobierno. Es necesario,

sobre todo, asegurar la colaboración de Azaña y su grupo. Cuarto, se podría

aprovechar una ocasión en la que el Gobierno español declarase a la prensa que

no se dejará perjudicar la propiedad y los intereses legítimos de los

extranjeros residentes en España.

Es evidente que aquellos «consejos» eran órdenes, pues Rusia era la única nación

que enviaba armas e los españoles republicanos. El viejo socialista que

continuaba siendo marxista, sucesor de Pablo Iglesias, fundador del partido y

amigo de Paul Lafargue, yerno de Carlos Marx, no aceptará aquellos «consejos».

Fue entonces cuando Stalin decidió la eliminación de Largo Caballero de la

presidencia del Gobierno español. Las trágicas jornadas del mes de mayo de 1937,

en las que en Barcelona se enfrentaron armas en mano los socialistas de Largo

Caballero y los anarquistas de la FAI, fueron en realidad dirigidas contra Largo

Caballero. Los comunistas, por su parte, habían hecho grandes progresos en el

Ejército Popular y controlaban casi todos los mandos militares y los del

Comisariado Político.

Los generales soviéticos, residentes en la embajada rusa en Madrid, visitaban a

Largo Caballero y le pedían una actitud más enérgica contra los anarquistas y la

disolución del Partido Comunista de Izquierda, el POUM, cuyo dirigente más

efectivo era Andreu Nin, un ex militante de la CNT, que había visitado Moscú y

que convertido al comunismo fue nombrado director de la Sección Hispánica de la

Internacional Roja. Fue amigo personal de Trotsky, pero no era un trotskista

políticamente, sino un comunista ortodoxo. Largo Caballero renunció a aquellas

«órdenes» y expulsó de su despacho al general ruso que las había formulado,

Besteiro, Prieto, Largo Caballero.

El PSOE de aquella época tenía tres grandes personalidades políticas: Besteiro,

Prieto y el propio Largo Caballero. Besteiro era un profesor semejante a Tierno

Calvan, más tierno que Calvan (consulte el lector en un diccionario el

significado de la palabra galván). Prieto cometió entonces un gran error

político y, en la Ejecutiva del PSOE, apoyó a los que querían echar del Gobierno

a Largo Caballero. Fue entonces cuando se formó el Gobierno de Juan Negrín, un

fisiólogo ilustre, que hablaba varios idiomas, muy conocido en las Academias de

Medicina. Entonces se formó un Gobierno presidido por Juan Negrín; en realidad

era un Gobierno Prieto, pues éste acaparaba las carteras del Ministerio de

Defensa, con sus departamentos que incluían el Ejército, Marina y Aviación.

Prieto era, como Largo Caballero, un hombre salido del proletariado, con un

talento excepcional y un sentido de la independencia y de la realidad de la vida

española. Se produjeron entonces dos «sorpresas»: Prieto resultó ser más opuesto

a la penetración de los generales rusos y en cambio Negrín, que hablaba el

español, el francés, el inglés, el alemán, y también el ruso, por haberse casado

con una ciudadana de aquel país, se mostró más «permeable». Stalin se dio cuenta

de la situación: había llegado la hora de romper con Prieto y de poner todas las

riendas del Gobierno en manos de Negrín. Esta grave maniobra la explica Prieto

en un libro titulado «Cómo y por qué salí del Ministerio de Defensa Nacional».

Los republicanos españoles perdieron la guerra por la debilidad de Londres y

París y por ¡a ayuda descarada de Hitler y Mussolini al general Franco. Pero

contribuyó mucho a la derrota el resquebrajamiento del Estado republicano,

particularmente en la falta de unidad del Partido Socialista Obrero Español.

Las circunstancias han cambiado.

Por esta razón me he decidido a publicar este artículo. Las circunstancias han

cambiado enormemente el panorama político mundial y español. Stalin está muerto

y enterrado y en España Santiago Carrillo no representa peligro alguno. El

partido socialista español no es un partido marxista. Felipe González ha

logrado, merecidamente, ganar la confianza de la gran mayoría del pueblo

español. Pero los problemas que tiene que resolver el Gobierno en la actual

coyuntura internacional son extremadamente difíciles y por ahora no ha habido

ningún partido ni fuerza política capaz de superarlos. La entrada de Guerra en

el Gobierno ha salvado el primer obstáculo político, pero ha sido un síntoma

inquietante. Yo no soy más que un periodista jubilado, no pertenezco a ningún

partido, pero considero mi deber dar a la publicidad ciertos hechos ocurridos a

lo largo de mi vida. Yo fui en Barcelona secretario general de las Milicias

Antifascistas y después comissari de Propaganda del Govern de la Generalitat. En

Nueva York fui el representante del Gobierno republicano en el exilio de París

en los tiempos en que lo dirigían, sucesivamente, José Giral, Alvaro de Albornoz

y Rodolfo Llopis, el único todavía en vida y al que saludo desde aquí

afectuosamente.

Mi único objetivo es recordar, amargamente, los errores de! pasado, deseando que

no se repitan en el futuro.

En todo caso declaro honestamente que Felipe González es el único político

español capaz de ¡levar a buen término la grandiosa y difícil tarea que le

espera.

Jaume MIRAVITLLES

 

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