Autor: Permanyer, Lluís. 
 La Investidura. País. 
 El peso de la púrpura     
 
 La Vanguardia.    02/12/1982.  Página: 7. Páginas: 1. Párrafos: 4. 

País

El peso de la púrpura

EL primer día que me percaté de que el rostro de Felipe González había

súbitamente cambiado a peor, fue cuando hace una semana comentó la eventual

Iista de Gobierno. Sí, la huella característica del cansancio infinito se había

apoderado del personaje. El aire risueño, casi festivo, que solía distinguir una

testa hecha de curvas amables y sobre todo iluminada por una juventud de mucho

empuje; la sonrisa, presta a florecer; la mirada, despierta, vivaz; un aire

entre deportivo y dinámico; pues bien, todo eso había súbitamente desaparecido

en horas veinticuatro. Ojeras muy oscuras y hasta abultadas subrayaban tinos

ojos sin brillo, fatigados; su aspecto general era parecido al de quien lleva

unas jornadas desvelado, sin haber tenido siquiera la oportunidad de dar unas

cabezadas; el talante, grave y muy preocupado.

Esa fue casi Ja misma imagen que percibí en el trascendental momento de

pronunciar el discurso de investidura. De ahí que un hombre con reconocida

facilidad de palabra, aplomo y tan seguro de sí mismo, cometiera tantas

equivocaciones y titubeos en la lectura del texto programático.

Cuan errado iba aquél estadista que hace ya más de medio siglo sentenció que la

gobernación de la cosa pública acabaría por ser tan simple que hasta una

cocinera podría dirigir una nación.

La complejidad de la gestión, la cantidad inhumana de trabajo, pero más que nada

la responsabilidad enorme hacen que ahora más que nunca los políticos gobiernen

bajo una tensión brutal. Hay quienes insiste en aquello de la erótica del poder;

de ser cierto tal aspecto, sospechoso que habida cuenta de las especiales

circunstancias no podrán siquiera atender ni disfrutar de ese eventual deleite.

Lluís PERMANYER

 

< Volver