El presidente, pie a tierra     
 
 Ya.    02/12/1982.  Página: 5. Páginas: 1. Párrafos: 5. 

2-XII-1982

El presidente, pie a tierra.

El juicio de los líderes de los grupos políticos, con la excepción del señor

Suárez, y el de la prensa, casi sin excepción, ha marcado al discurso de don

Felipe González en la tarde del día 30 con el signo de la decepción.

Insuficiente, rutinario, desmayado, inconcreto, vago, elusivo, impreciso y

ambiguo han sido los calificativos que le han aplicado. Recordemos que nuestro

editorial lo denominaba así: «Un discurso de buenas intenciones».

Aquella primera y poco afortunada intervención del candidato a la presidencia

del Gobierno en las nuevas Cortes nos recordaba el título de una película que en

su tiempo fue famosa: «Cuatro pasos por las nubes».

Era previsible que las críticas de los líderes políticos a su discurso iban a

obligarle a poner los pies en la tierra y eso es lo que ha hecho en sus

intervenciones de ayer. Don Felipe González ha sido en ellas otro.

Ha replicado con las afirmaciones y las negaciones que el día anterior había

evitado y sobre todo con la enumeración de proyectos legislativos. Ya

observábamos nosotros que en su vaguedad del primer discurso debía de haber una

deliberada reserva del armamento dialéctico que desplegaría cuando contestase a

las críticas. Es lo que ha hecho. Al hacerlo ha dejado al descubierto zonas

posibles de fricción que su primer discurso, de puro perdido en las nubes, no

había dejado percibir, pero esperemos que en ellas se impongan el realismo y la

prudencia de que el señor González ha seguido haciendo gala.

Otra cosa es que haya despejado la incógnita sobre la adecuación entre no pocos

de esos proyectos legislativos y las realidades, y no hablamos de promesas

electorales, porque éstas ya ha empezado el señor González a recortarlas sin

compasión. La realidad es muy terca y no se deja convencer por

las promesas de esa naturaleza. Pero tampoco consiente en amoldarse a los

proyectos legislativos elaborados de espaldas a ella.

NO quisiéramos que fuese así, y nos interesa además salir al paso de quienes

pudieran interpretar nuestras palabras como una censura a la templanza de don

Felipe González, que precisamente consideramos que es su mérito mayor. Pero

sentido de responsabilidad no equivale a inconcreción ni a apriorismo

legislativo. Si el señor González no lo entendiera así, habrá vencido, puesto

que ha dispuesto de los votos de la mayoría para haber salido presidente y aún

le han sobrado, pero no habrá convencido a sus críticos, y sobre todo no habrá

convencido a la realidad.

ENTIÉNDASE que éste no es el análisis de su programa de gobierno que debemos a

nuestros lectores. Ni siquiera es exclusivamente una impresión referida a don

Felipe González de las dos jornadas parlamentarias. Hay mucho también en nuestro

comentario de leal advertencia cara al futuro. En todo caso, en la segunda de

esas jornadas hemos contemplado a un político pie a tierra, lo cual siempre es

bueno. Pero aún le queda mucho hasta que aprenda a apoyar firmemente los pies en

esa tierra. El señor González está empezando la dura lección del político que

llega al poder: que es más difícil estar en éste que llegar hasta él. Ayer se ha

presentado abundamente provisto de proyectos concretos, como hemos dicho, pero

todavía no le hemos visto análogamente abastecido de datos reales, de números,

allí donde números y datos reales son imprescindibles. Lo cual quiere decir que

debemos seguir esperando.

 

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