Autor: Sinova, Justino. 
   Un gobierno de gente corriente     
 
 Diario 16.    06/12/1982.  Páginas: 1. Párrafos: 11. 

OPINIÓN JUSTINO SINOVA

Un Gobierno de gente corriente

El primer Gobierno de Felipe es el fiel reflejo de un sector profesional inédito

en el arte de gobernar. Los nuevos ministros están conectados con la calle y

representan a los jóvenes comprometidos políticamente en la Universidad y

formados después en el extranjero. Así es el Gobierno del cambio.

El desaliño que presentaba el viernes 3, día de la promesa en La Zarzuela, el

catalán Ernest Lluch, ministro de Sanidad, era el mismo que podrían ofrecer

miles de oficinistas, profesores de Universidad o corredores de comercio a la

misma hora en cualquier parte. Lluch, perseguido en aquel momento por los

periodistas, era lo menos parecido a un ministro; o, mejor dicho, ofrecía una

imagen lo menos parecida a la imagen que ha proyectado hasta ahora un ministro.

El cambio político se expresa también en pormenores como éste. Todo el primer

Gobierno de Felipe González está lleno de detalles que lo diferencian

sustanciamente de la entidad de los precedentes Gobiernos de la democracia, que

lo identifican como el Gobierno de una nueva generación, aunque no puedan

singularizarlo expresamente como un Gobierno propiamente socialista. Estos son

los dos rasgos más definitorios del Gobierno y veremos por qué.

Nueva generación en el poder.

El primer Gobierno de Felipe González es un retrato de un sector generacional

inédito en el arte de gobernar, que está definiendo el nuevo modo de ser y

comportarse de la sociedad española. Los nuevos ministros son jóvenes

profesionales formados académicamente en medio de la crisis universitaria y

políticamente en el despertar de una nueva conciencia, que han viajado

frecuentemente al extranjero, que tienen menos hijos que sus padres, que dan

menos importancia a la solemnidad de los comportamientos y que viven muy

relacionados con su entorno ciudadano.

1. La media de edad del Gobierno es de cuarenta y un años. El ministro-tipo de

Felipe González vivió y en parte protagonizó la revuelta estudiantil de los años

sesenta, que en España se tradujo en la demolición del SEU y en Europa en el

mayo francés de 1968. Es la generación que hizo la protesta universitaria la que

ahora gobierna. Varios ministros fueron detenidos y procesados por sus

actividades políticas universitarias, como Miguel Boyer y Javier Solana.

2 Los nuevos ministros tienen pocos hijos: una media de 2.3, lo que contrasta

poderosamente con el número de sus hermanos (Alfonso Guerra es el único de once

hermanos que pudo estudiar, Enrique Barón tiene siete hermanos y otros varios

son también hijos de familias numerosas).

3 Llama la atención la abundancia de economistas, ocho, lo cual es un evidente

cambio de tendencia en la composición de los equipos gobernantes. Hasta ahora,

la formación base de los políticos españoles era el Derecho (licenciatura que

sigue distinguiendo a siete miembros del actual Gobierno, a veces junto con la

especialidad de Económicas o de otras disciplinas). Casi todos los ministros

completaron su formación en el extranjero, en países de escasa o nula tradición

socialista.

4 No son en general lo que se ha llamado «números uno», que han poblado los

Gobiernos españoles de los últimos cuarenta años. Los nuevos ministros son gente

mucho más normal, lo cual, acaso no quiera decir mucho ni poco sobre la eficacia

de su gestión. Muchos brillantes «números uno» fueron ministros desastrosos. Los

nuevos ministros son, por lo general, tenaces, trabajadores, organizados,

inteligentes y gestores eficaces, pero no son coleccionistas de títulos. Quizá

podría decirse que son números uno sólo Ledesma, independiente; Javier Moscoso,

militante del PAD, no del PSOE, y Boyer, militante socialista intermitente.

Un Gobierno que no es socialista.

Pero este no es un Gobierno específicamente socialista. Es decir: no es un

Gobierno que responda expresamente al PSOE, que sea un reflejo del partido. Es

un Gobierno que responde mejor a las exigencias de los diez millones de

votantes. Y, así, si pueden reprochar los militantes a Felipe González no haber

hecho un Gobierno del partido, hay que felicitar al presidente por haber hecho

un Gobierno de los electores.

1. Sólo dos integrantes del Gobierno, Guerra y Solana, más el presidente, son

viejos militantes del PSOE, de los primeros años sesenta. Los demás son

militantes relativamente recientes, llegados al PSOE un año antes de la muerte

del general Franco (como Joaquín Almunia, Carlos Solchaga, Julián Campo o José

María Maravall), o poco después bien por decisión personal (Tomás de la Quadral

o por fusión con el PSOE de las formaciones en que militaban (PSP, Fernando

Moran; Convergencia, Narcís Sena, Lluch, Barón). Esta es una circunstancia que

acentúa la característica socialdemócrata del Gabinete; sólo un ministro,

Solana, se declara marxista y, aun así, no radical, y algunos, como Campo, se

confiesan católicos.

2 Y varios ministros tuvieron conexiones con los anteriores Gobiernos, lo que

sustenta un fino hilo de unión con el inmediato pasado. Prescindiendo de

vinculaciones familiares (Moran es cuñado de Leo-

poldo Calvo-Sotelo, y Boyer está casado con una prima de este último

presidente), un ministro, Moscoso, ha sido de UCD y otros han tenido cargos

políticos en Gobiernos de UCD (Moran, José Barrionuevo, Carlos Romero y

Moscoso).

Es un Gobierno en general de gente corriente que puede conectar fácilmente con

la opinión pública, siempre que el cargo no altere su modo de ser. Barrio-nuevo

y Romero son vecinos de un barrio popular del norte de Madrid, el del Pilar, y

casi todos tienen modos de comportamiento cotidiano similares a los de una gran

mayoría de la población española. Esa es una baza importantísima en manos de un

Gobierno destinado a modificar el tradicional ejercicio de la política y

condenado a no aplicar una política socialista. Desde este punto de vista,

también puede decirse del Gobierno que es de transición, desde la prolongada

etapa de dominio de la derecha a un inmediato futuro cuya delineación todavía es

imprecisa.

 

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