Autor: García-Meras, Emilio. 
   La España fucsia. Solicitud a cuenta. Auditorías biográficas     
 
 El Alcázar.    01/12/1982.  Páginas: 1. Párrafos: 10. 

1 diciembre 1 982

La España fucsia

En 1975 ó 1976 —la memoria, dicen, es la inteligencia de los tontos—, un

semanario creyó haber conectado subliminalmente con las inquietudes políticas de

sus perdidos lectores cuando puso en circulación publicitaria un eslogan que

tuvo su pequeña y mezquina fortuna: «Nirojo niazul: Blanco y Negro».

Efectivamente, por aquellas fechas España dejaba precipitadamente de ser azul

para vestirse con la fúnebre bicromía auspiciada por las técnicas del marketing

periodístico. Pero si no era azul ni podía ser roja, tampoco parecía muy

dispuesta a dejarse empapelar entre una banda negra y otra blanca: Blanco y

Negro —corno unos años más tarde, en 1982, sucedería con los lechuguinos que

entendían la política como un asunto de tonalidades, una gama de fracs y de

camisas— sucumbió víctima de sus contradictorios pigmentos.

—Y como ha dicho don Felipe González, señores, hoy empieza el cambio. O sea que,

ni azul ni blanca ni negra: España es roja.

—Bueno, sí... Pero que tengan cuidado los socialistas: no hay exorcismos

eficaces contra la propaganda de la España de los colores. El color de moda este

año es el fucsia, versión estética y comercial del rojo. Hay quien lo confunde

con furcia; pero tampoco es eso, caramba.

Solicitud a cuenta

—¿Y usted qué les pide a los socialistas?

—Poca cosa: que los próximos ministros del Tribunal de Cuentas no vuelvan a

subirse los sueldos otro cincuenta por ciento porque a este ritmo vamos a perder

las ídem; que no continúen incrementando su parque móvil, que de cuatro coches

ha pasado en pocos meses a doce; que el vizconde Barrionuevo, ministro del

Interior, reconcilie su título nobiliario —como de origen carlista que es—, con

la línea dinástica reinante.

—¡No me empiece ya a cantarle el «trágala» al señor ministro... no me

empiece...!

—Hay que aprovecharse, ahora que todavía es presunto. En fin, yo a los

socialistas no les pido, en realidad, nada. Sólo espero que me paguen en la

misma moneda.

Auditorias biográficas

—¿Y a los Reyes Magos? ¿Qué les pediría a los Reyes Magos?

—Que le pongan a don Felipe González unas secretarias de absoluta lealtad a su

persona, a su Gobierno y a España.

— Para eso haría falta que Sus Mágicas Majestades contaran previamente con una

auditoría biográfica...

—Que la pidan, pero no al Ayuntamiento. Demasiados secretos contiene una

presidencia como para no cuidarse de que estén en buenas y honestas cabezas. Y

no es que yo desconfíe. Es que recuerdo, por ejemplo, lo que le ocurrió al jefe

del señor González, herr Willy Brandt, con su colaborador, Guillaume, que

resultó espía de la Alemania Roja. O a la reina de Inglaterra —por no salimos

del ámbito democrático y constitucional— con el suyo; otro escándalo de cuidado.

No vaya a ser que tengamos aquí a la Internacional Socialista sentada en el

antedespacho... Las manos sobre la mesa y los papeles, en el cajón.

—Eso. Porque como ha venido a decir, si no lo dijo, don Fernando Ledesma,

inmediato ministro de Justicia, la información no delinque.

—Cuando está bien guardada. Que aguante lo bonito; sí señor.

Emilio

GARCÍA-MERAS

 

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