Autor: Pablo, F. L. De. 
   El candidato no despejó las dudas e inquietudes de la oposición     
 
 Ya.    02/12/1982.  Página: 4. Páginas: 1. Párrafos: 11. 

El candidato no despejó las dudas e inquietudes de la oposición.

Felipe González utilizó el debate de la investidura para exponer el programa y

las concrecciones y calendarios que le había echado en falta la oposición en su

discurso programático. No logró convencer a sus oponentes, pero sin duda que

consiguió el triunfo no sólo de los votos, sino también moral. Por el tono y la

forma en que condujo los debates, así como por su propia estrategia. Utilizando

la ventaja del reglamento pudo enfrentarse mejor armado con el que reconoció

como «jefe de la oposición mayoritaria», señor Fraga, al final de los debates,

cuando ya el cansancio invadía a toda la Cámara y también a los oradores.

El ya investido presidente fue pormenorizando en sus puntuales respuestas a cada

portavoz de grupo aquellos aspectos de su programa que habían quedado expuestos

con mayor ambigüedad, quizá en una nebulosa estratégicamente dispuesta para

desarmar mejor a sus adversarios dialéctivos a lo largo del debate.

En tono siempre correcto, pero con más firmeza que el martes, el candidato

consiguió transmitir a la opinión pública la sensación de que tenía un programa

y había gobernante.

Durante cada intervención de sus oponentes, el candidato fue tomando nota

mientras recibía los papeles que le iba pasando Alfonso Guerra, en los que se

pormenorizaba, departamento por departamento, las previsiones de ejecución para

los próximos cuatro años. Desde el banco azul, el Gobierno en funciones, cuyos

miembros entraban y salían a menudo del hemiciclo, pudieron comprobar la

eficacia de las informaciones que le han servido a sus sucesores para montar el

espectacular aunque sosegado debate de investidura al que asistimos. Además del

público que llenaba las tribunas, asistían al debate representantes del Tribunal

Constitucional, la Mesa del Senado, aparte de almenos nuevos ministros, como los

señores Boyer y De la Quadra Salcedo, y la esposa del candidato, doña Carmen

Romero, que siguió atentamente las deliberaciones. En ningún momento de las

siete horas que duró el debate mermó la asistencia a las tribunas.

Sin sorpresas en el debate

Si la votación no fue una sorpresa, tampoco lo fue la lectura del Gobierno que

piensa formar por parte del candidato, leída a solicitud del catalán Mikel Roca.

Era, sin embargo, la primera investidura de las tres que se han celebrado en que

tal hecho se producía, aunque el ya investido presidente dijo que se reservaba

su derecho constitucional a cambiar la lista en cualquier momento. Sin embargo,

ésa será la lista que definitivamente presente a Su Majestad, antes de su envío

al «Boletín Oficial». La única sorpresa de la votación, que reflejó ese grito de

«muy mal» que surgió desde los escaños de AP, fue la intervención de don Adolfo

Suárez, que en ningún momento pudo disimular su admiración por el candidato, al

que estuvo observando con simpatía durante todo el debate.

Dudas sobre el programa

Debate que sólo empezó a cobrar interés a partir de la intervención del catalán

Roca, que puso de relieve las dudas que le ofrecía el programa en cuanto a su

posibilidad de realización. El interés creció con la intervención de Praga

Iribarne, que no defraudó, sobre todo con sus aforismos y citas, como cuando,

refiriéndose al terrorismo, produjo la frase que suscitó las protestas por

segunda vez del grupo mayoritario. Fraga dijo que «cuando el terrorismo produce

sangre, un Gobierno debe preferir tener sangre en las manos que no agua como

Pilatos». A lo que González contestaría que «en situaciones semejantes, otros

países hermanos aplicaron las mismas medidas y hoy se encuentran con que han

perdido el control de los acontecimientos».

Fue el momento de mayor tensión del debate, como cuando los socialistas

obsequiaron con pateos al líder de la oposición, al referirse a que no quisiera

tener que comprobar que «el primer éxito del señor Andropov haya sido tener un

Gobierno socialista en España».

Fraga se había referido a la posición del candidato respecto de la OTAN, que fue

puntualizada por González poniendo de relieve que se reserva el momento de

convocar el referéndum cuando lo crea prudente y disponga de la información

adecuada. La otra precisión, de mayor interés en política exterior, también

subrayada a instancias del señor Fraga, fue sobre la apertura «peatonal» de la

verja con Gibraltar «por razones exclusivamente humanitarias».

En los demás temas, el candidato, según sus oponentes, no hizo demasiadas

precisiones sobre el cuadro macroeconómico que permitieran convencer a su

auditorio de la bondad de sus fórmulas para salir de la crisis y lograr un

crecimiento que no dispare la inflación. Tampoco logró convencer a las minorías

regionalistas de que el programa autonómico no suponga un recorte de los

estatutos. El conjunto de leyes que ofreció desarrollar con plazo, de la que

destaca la orgánica electoral para el año próximo, tampoco fueron consideradas

por la oposición como compromisos suficientes, cuando no se especificaba su

contenido.

Choque con Fraga

De las respuestas más interesantes que Felipe González dio a cada uno de sus

oponentes, destaca como novedosa la que dio a Carrillo de que no es posible

cuantificar los puestos de trabajo que se crearán en 1983. A Marcos Vizcaya

reiteró la posible renegocia ción del acuerdo bilateral con Estados Unídos y

expresó su confianza de que el Tribunal Constitucional analice la LOAPA a la luz

no sólo de la Constitución, sino también de los estatutos. A Lavilla le advirtió

que era obvio que buena parte del programa que había defendido no eran

novedades, sino «retrasos» del Gobierno anterior, precisándole que en política

fiscal, más que aumentar o crear nuevos impuestos, el Gobierno socialista

perseguirá el fraude fiscal, con el que financiará parte del déficit público.

Pero donde la oposición del Grupo Popular no soportó la actuación del candidato

fue cuando en la réplica a Fraga se dedicó a criticar el programa electoral de

AP, como si fuera Fraga el candidato, lo que dio lugar a protestas de los

diputados aliancistas que, a través de su portavoz, coincidieron en el reproche

fundamental que la oposición formulo al ya investido presidente: el

fraccionamiento táctico de la presentación de su programa y la insuficiencia de

datos, lo que suscitan dudas e inquietudes sobre su fiabilidad y posibilidad de

cumplimiento. Como dijo Roca, sólo el futuro lo dirá. Entre tanto apostemos por

la esperanza.

F. L. DE PABLO

 

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