Autor: Ballarín Marcial, Alberto. 
   Potenciar las asociaciones     
 
 Informaciones.    04/12/1975.  Páginas: 1. Párrafos: 16. 

POTENCIAR LAS ASOCIACIONES

Don Alberto Ballarín Marcial, vicepresidente de la Unión del Pueblo Español, nos envía un artículo, con

ruego de publicación, sobre la situación del asociacionismo político. El señor Ballarín responde a las

opiniones que sobre este mismo tema emitió don Antonio Garrigues Díaz-Cañabate en una entrevista

publicada en INFORMACIONES del pasado día 22 de noviembre.

Por Alberto BALLARÍN,

NUESTRO ilustre embajador Garrigues ha hecho en INFORMACIONES un diagnóstico del

asociacionismo que, en el mejor de los casos debemos reputar precipitado: «El Estatuto de Asociaciones

se ha revelado estéril.»

¿Cómo puede juzgarse estéril un Estatuto que aprobado a fin de julio, en plenas vacaciones, sometido

luego en su aplicación al paréntesis que ha representado en todos los órdenes la enfermedad y

fallecimiento del Caudillo, ha dado los frutos tangibles y concretos de cuatro grandes asociaciones, con

una suma de socios que jamás alcanzaron los viejos partidos?

Unión del Pueblo Español va ya por las 40.000 firmas y pronto tendrá 70.000, gracias a la incorporación

de Villoria y al éxito que está teniendo una operación de envío de fichas por correspondencia a los

primeros suscriptores. ANEPA ha sido ya admitida con una cifra inferior, pero importante. U.D.E. afirma

tener —y no hay razón para dudar que las tiene— más de 30.000 firmas. R.S.E., según Cantarero, dispone

ya prácticamente de las 25.000 necesarias o las va a lograr de inmediato, para no citar otras,

especialmente U.N.E., que cuenta con una clientela tradicionalista muy fiel, por lo que cabe esperar

llegará a puerto. Y lo mismo podemos sostener de Frente Nacional.

El balance cuantitativo revela un gran éxito de los primeros esfuerzos asociativos que nos sitúan no

demasiado lejos de partidos europeos con muchos años de rodaje (la U.D.R. francesa, por ejemplo, cuenta

con 200.000 afiliados. Los Republicanos Independientes no llegan a los 25.000).

Mas, como siempre, lo importante es el aspecto cualitativo de la cuestión. Se ha llegado a decir en la

Prensa europea que esto de las asociaciones españolas era un reparto de los ficheros de afiliados al

Movimiento obrantes en Secretaría General. Se ha hablado de asociaciones organizadas todas desde

arriba, desde aquella Secretaría, como si el asociacionismo fuera el gran guiñol del Régimen para engañar

a los turistas de fuera y a los ingenuos de dentro.

En las asociaciones actuales hay ex ministros, cuya labor fue tan brillante en su día como para que el

pueblo haya recordado sus nombres; figuran ex altos cargos y otros que los ocupamos, creo que con

dignidad. Hay catedráticos de Universidad del mayor prestigio, procuradores y consejeros nacionales de

los más conocidos. Tampoco, pues, cabe el curioso diagnóstico de que el Estatuto haya sido estéril.

Un análisis desapasionado —y desinteresado— del asunto ofrece los siguientes aspectos cualitativos que

son de la mayor importancia.

1.º Como lo puede saber o comprobar cualquiera, las asociaciones están surgiendo desde la base, firma

tras firma, como resultado del proselitismo de los respectivos promotores.

2.º Con todo, lo más importante, a mi juicio, del movimiento asociativo que —no lo olvidemos— está en

sus primeros balbuceos, es que los españoles disponen hoy de unas cuantas opciones objetivas semejantes

a las europeas —con exclusión de la comunista—, por lo cual cabe esperar que en el futuro seguirá por

ahí el encuadramiento de nuestra vocación democrática.

Tales opciones me atrevo a clasificarlas así: la conservadora, que se desdobla en dos, según que el

objetivo sea conservar tanto el orden político actual como el económico o sólo este último, lo que dé lugar

a un neocapitalismo democrático. La socialista o social demócrata, para ser más exactos. La reformista no

socialista, que tanto en el ámbito político —el de la libertad— como en el económico —el de la

propiedad— plantea un reformismo profundo, aunque sin ánimo liquidatorio, antes bien, aprovechando

todo lo que de aprovechable tiene el sistema (según la postura de U.D.P.E).

La etiqueta «demócrata cristiana» y la «socialista», básicas en las democracias europeas, se han hecho

moneda corriente en el mercado español del asociacionismo, mientras que cabe completarlas con un

reformismo personalista.

Lo que debe destacarse es que las principales asociaciones en marcha son de orientación claramente

democrática, como se dice de modo inequívoco en su documentación. No admitimos, pues, el

maniqueísmo de «ustedes no son demócratas; los únicos demócratas somos nosotros, los que no hemos

querido entrar». Partiendo de que es esencial al talante democrático y liberal, el espíritu de compromiso,

estimo meritoria la labor de unos hombres que se están esforzando por lograr la pacífica y gradual

evolución de las instituciones, en lugar de ir a soluciones radicales, a planteamientos globales, a

imitaciones en bloque de lo «europeo», a reputar estéril lo que existe, etc.

Así, pues, lejos de haberse revelado estéril el Estatuto de Asociaciones, ha desencadenado ya una gama de

opciones muy de actualidad, está suscitando un nuevo lenguaje, un nuevo estilo y, sobre todo, una gran

esperanza, la de que en breve, no más de tres meses, el escenario político español aparecerá dominado por

las formaciones asociativas actuales o por ellas y otras nuevas puedan crearse.

El asociacionismo debe seguir su marcha, aunque yo esté de acuerdo en mejorar el Estatuto, dándole más

objetividad, con una última instancia ante los Tribunales ordinarios u otras reformas de

perfeccionamiento. La izquierda puede asociarse, y de hecho se está asociando, o ¿es que el monopolio de

la izquierda lo va a tener en España aquel que quieran los izquierdistas europeos? Afortunadamente, las

ideologías no son como los artículos de importación, que sólo puede venderlos el representante

«autorizado».

Hacer borrón y cuenta nueva es, en cualquier caso, mala política, pero intentar borrar las asociaciones

actuales como si fueran criaturas espúreas, débiles o malformadas, constituiría el peor de los errores.

Antes bien, un claro objetivo de este momento es el de potenciarlas. De otra manera no se podrá lograr el

equilibrio entre continuidad y reforma.

La vía está abierta. No hay más que cuidarla y ensancharla. Las asociaciones son como bolas de nieve que

giran engrosando su tamaño, asimilando a un número creciente de españoles. Quienes hasta ahora no han

entrado, convendrá que lo hagan, para no perder el tren de la participación popular.

 

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