Autor: Jiménez de Parga y Cabrera, Manuel (SECONDAT). 
   El horario flexible, una experiencia europea     
 
 Diario 16.    17/01/1983.  Páginas: 1. Párrafos: 10. 

MANUEL JIMÉNEZ DE PARGA

Catedrático de Derecho Político.

El horario flexible, una experiencia europea.

El Gobierno ha anunciado un nuevo tipo de horario para los funcionarios

públicos. Pero casi nadie sabe a ciencia cierta qué significa realmente «horario

flexible». Aquí se nos explican sus orígenes y la mejor forma de aclimatación

hispánica.

Cuando supe que en Suiza un porcentaje alto de trabajadores practicaban el

horario flexible, empecé a interesarme por el asunto. Luego, me enteré de que

los pioneros de la innovación fueron los alemanes, señalándonse el año 1967 como

la fecha del comienzo formal y amplio de la experiencia. Durante los últimos

quince años, el horario flexible se ha ido extendiendo por diversos países

europeos con resultado en general muy positivos.

No se va a inventar aquí nada el día que se modifique el actual régimen de

horarios laborales, conforme lo ha anunciado el Gobierno para la Administración

Pública. Simplemente se trata de ensayar entre nosotros unas fórmulas

«revolucionarias» —dicen algunos— que funcionan correctamente en los países más

evolucionados.

Innovación

La trascendencia del cambio fue destacada por el director general de la OIT en

su informe a la II

Conferencia Regional Europea: «Se trata —afirmó— de la innovación más radical

que se haya introducido estos últimos años en la disposición de las horas de

trabajo.» Los especialistas en cuestiones laborales que han escrito sobre este

tema (R.Schott, J. Harvey Bolton, F. B. Baudraz, H. Allenspach, etcétera)

subrayan que con el horario flexible se ha iniciado una era laboral nueva bajo

el signo de

la colaboración libremente aceptada dentro de las empresas. Incluso se ha

llegado a sostener que con el horario flexible se modifica el valor del trabajo

como medio de realización humana.

Otras ventajas

Pero todos los tratadistas coinciden al señalar la necesidad de unas condiciones

indispensables para que la experiencia triunfe. Por ejemplo, se exige unas

actitudes psicológicas determinadas: el trabajador ha de comportarse con

lealtad, movido por un deseo claro de colaboración, con conciencia de sus

responsabilidades para el conjunto de la empresa, y el empleador ha de estar

abierto a esta participación del personal en la marcha de la empresa,

reconociendo la madurez del trabajador. Sólo así, como anota Allenspach, «la

autonomía del empleado en lo tocante a la distribución de las horas de trabajo y

las restricciones de las facultades de sus superiores, que son su contrapartida,

no se traducirán en querellas intestinas, con desintegración y caos».

Tales requisitos se han cumplido satisfactoriamente en la República Federal de

Alemania y en Suiza, las dos naciones que ofrecen un balance interesante en esta

materia. El año 1967 da el primer paso la Bolkow, de Ottobrunn (R.F.A.) y la

Landis and Gyr , de Zug, dos años después, rompe el deshielo en la Confederación

Helvética.

El horario flexible se organiza mediante la distinción de unas horas de

presencia obligada, en las que todos han de trabajar, y unos tiempos opcionales,

tanto al principio de la jornada como al final de la misma. El empleado elige,

según sus conveniencias o posibilidades personales, compatibiliza las

obligaciones laborales con las familiares o con su entrega a actividades de

diversa índole, y desaparecen las pesadillas de la puntualidad a una hora fija e

invariable.

Los defensores del horario flexible enumeran otras ventajas de este sistema: más

libertad de acción, mejor calidad del esparcimiento, eliminación de los

servicios gratuitos, desaparición de los privilegios, mejor integración social y

mejor ambiente de trabajo, y se asegura que se gana en productividad.

Es cierto que el horario flexible plantea problemas y, en algunos casos, ha

fracasado. Pero en un momento de crisis económica generalizada, como el que

ahora atravesamos los europeos, esta innovación genera ilusiones.

Y esto último, siempre conveniente, es, en esta hora histórica, oportuno, muy

oportuno. Como escribe R. Jungk, «hay que desbloquear la imaginación, hay que

hablar de la innovación social permanente, hay que llevar a cabo una

movilización constante de la imaginación».

 

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