Autor: Beltrán, Bartolomé. 
   Una nueva enfermedad: la taquicardia balbiniana     
 
 Diario 16.    22/01/1983.  Páginas: 1. Párrafos: 8. 

Una nueva enfermedad:

La «taquicardia balbiniana»

El «escándalo Balbín» ha supuesto la primera grave crisis de imagen del Gobierno

socialista. Las explicaciones del jefe de informativos de TVE y de su «manager»

Alfonso Guerra, han sido totalmente insatisfactorias. Pero a todo supera la

excusa oficial aducida por Balbín: su taquicardia. Nuestro asesor médico, a la

vista de los síntomas, concluye que Balbín entrará en los anales médicos con su

curiosísima afección cardíaca.

En medicina, decir taquicardia no significa nada. Ese término significa un

aumento de la frecuencia cardiaca por encima de cien latidos por minuto, y nada

más. Por eso a las entidades patológicas los clínicos les ponen —por decirlo de

alguna manera— apellidos.

Asi, tenemos diferentes tipos de taquicardia. Pueden ser sinusales,

ventriculares, paroxísticas supraventriculares y ventriculares. Es evidente que

cada una se corresponde con distintos factores casuales y en consecuencia con

una determinada peligrosidad.

Para centrar el tema de la afección concreta que nos ocupa, conviene descartar

que se trata de taquicarcias paroxisticas supraventriculares, pues son

verdaderos extrasistoles que cursan con frecuencias de hasta doscientas latidos

por minuto y se suelen dar, sobre todo, en niños y adultos jóvenes.

Ventrículo

También desechamos que sea una taquicardia ventricular, ya que afectan a

corazones muy enfermos casi siempre como producto de un infarto de miocardio

previo o una enfermedad cardiaca aguda.

En cambio, las taquicardias sinusales encajan más en este caso. Claro que éstas

sé pueden dividir en dos grandes grupos: las patológicas y las fisiológicas. Las

primeras están motivadas por casos de anemia, pérdidas hemorrágicas, shock,

hipertiroidismo, insuficiencia cardiaca, embolia pulmonar o fiebre. A nadie se

le oculta que exigen un tratamiento de ese específico factor casual. Finalmente,

las fisiológicas sobreviven tras un esfuerzo, por el exceso de trabajo,

digestiones pesadas y en determinados estados emocionales.

Es de suponer —por tanto— que si el presente paciente es capaz de coger un avión

y realizar un importante desplazamiento por vía aérea, con todo lo que eso

supone para el normal desenvolvimiento de la frecuencia cardiaca, su

inespecificada afección sea una taquicardia sinusal fisiológica. Es decir, sin

ningún tipo de causa orgánica seria que la origine. Por tanto, de ser así, igual

se podía dirigir un programa en directo por televisión que realizar un viaje

aéreo transnacional.

Diagnóstico

El respeto que uno tiene por los profesionales de la medicina le impide

sospechar que un «supuesto» y misterioso cardiólogo haya emitido un diagnóstico

tan inespecífico para un caso tan peliagudo y de tanta trascendencia para los

televidentes españoles. Los médicos estamos sufriendo uno de los mayores embates

que jamás pueda padecer un diferenciado colectivo sociológico. Pero nos queda el

orgullo de sabernos perfectamente las más elementales normas de diagnóstico. Nos

gustaría saber en que manual de cardiología pueda prescribirse un tratamiento

que lleve consigo la receta de viaje. La Seguridad Social, debido a los gastos

ológicos, suele arrastrar reiterados balances negativos. ¿Se imaginan ustedes

que los taquicárdicos españoles pudieran obtener para su curación un billete de

avión a Francfort? Esperemos que las consultas no se vean atascadas por la

afluencia de numerosos españoles afectos de esa nueva enfermedad: «la

taquicardia balbiniana».

 

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