Autor: Gutiérrez, José Luis. 
   El presidente     
 
 Diario 16.    22/01/1983.  Página: 5. Páginas: 1. Párrafos: 9. 

GRITOS Y SUSURROS

José Luis Gutiérrez.

El presidente

LA comparecencia del presidente del Gobierno ante las. cámaras de televisión

tuvo aspectos externos que conviene resaltar. Las hondas reticencias que el

desprestigiadísimo medio televisivo provoca en la opinión pública, hizo preciso

un preámbulo, una confesión de «virginidad informativa» —entrevista en directo,

sin elaboración previa de preguntas, cuestionario espontáneo, etcétera— que se

hubiera podido evitar, si junto a Ramón Colom hubieran comparecido media docena

de profesionales sin vinculación alguna a los medios de información oficiales

que, de una u otra forma, dependen del Gobierno. Y hay que decir también que

Colom no estuvo precisamente incisivo.

Felipe, en cambio, sigue manteniendo esa magnifica capacidad de transmitir

sinceridad, de comunicar con el país, de hacer creíbles» sus palabras.

Bien es cierto que el presidente continúa conservando ciertos acentos

electorales, como si aún permaneciera en la oposición o en plena campaña, como

si no acabara de creerse del todo su instalación plena y con todas las

consecuencias en el sillón presidencial. En cualquier caso, es la primera

entrevista con un jefe de Gobierno en la que se advirtió espontaneidad y

frescura.

Pero la pregunta es inevitable: ¿ Por qué esta comparecencia televisiva? Hace

días, escribí sobre la impaciencia nacional a la hora de reclamar resultados a

un Gobierno recién elegido. En esta ocasión, ni siquiera se ha esperado el

consetudinario plazo de los cien días. Aún es pronto, demasiado pronto para

exigir cuentas de nada y las críticas — si han de ser medianamente serias,

rigurosas y desprovistas de intenciones inconfesables— tan .sólo pueden

entenderse con la voluntad docente de que los responsables del Gobierno corrijan

rumbos equivocados. SOBREVOLANDO el amplio paseo económico de´ presidente —del

que se ocupan otras páginas de este periódico—, cabe resaltar, una vez más, la

llamada a los resortes morales de la sociedad, el contenido azañista de sus

palabras utilizado por Felipe a partir de su campaña electoral del 28-0.

Su mención a los problemas de Euskadi fue terminante y a buen seguro que resultó

tranquilizadora para los sectores más inquietos por el carcinoma del norte. «No

estoy dispuesto a que -se ponga en cuestión la unidad de España...» Durísimo

ataque al «impuesto revolucionario» —que llamó por su verdadero nombre, es

decir, «chantaje»— y llamamiento a la ciudadanía vasca. Y un claro respaldo a la

política de firmeza de Barrionuevo —un tanto debilitada tras las confusas

palabras de Alfonso Guerra— al repetir sus tesis sobre la oposición

gubernamental al pago de los rescates.

Fue sincero y valiente el presidente del Gobierno al referirse a los expulsados

de Radiocadena —tan dolorosa es la pérdida de empleo de 21 trabajadores

metalúrgicos, que el de 21 periodistas—, aunque no se mencionara que cada

colectivo utiliza los medios de presión que tiene a su alcance. Y lógicamente,

los periodistas tienen los medios de información.

Y en este terreno, aunque Felipe no respondió a la pregunta que hacía referencia

a la merienda de negros televisiva de la extraña pareja Calviño-Balbin, lanzó un

escueto y hermoso mensaje: Ser libres y responsables. Tan responsables como

libres.

Permanece, por tanto, pendiente una importante asignatura: qué entiende el nuevo

Gobierno por prensa libre.

Y finalmente, la exposición de criterios sobre la paz mundial con una

paráfrasis: si quieres la paz, prepárate para la paz. Batalla que ha de librarse

en la opinión pública. No incidió, sin embargo, en cómo puede contemplarse

semejante empresa, si en una de´ las dos grandes partes en conflicto —el bloque

oriental— la opinión pública permanece silenciosa y amordazada por una

propaganda asfixiante, engañosa e intoxicadora.

En resumen, una intervención cálida, sincera, quizá excesivamente abstracta y

vaga, huérfana de propuestas y metas concretas, pero acorde con el escaso tiempo

sometido a inspección:

TAN sólo un hombre del anterior Gobierno mereció el elogio elegante de Felipe

González: Juan Rosón, ex ministro de Interior. Rosón en estos momentos monta un

gabinete de asésoramiento jurídico con algunos de sus colaboradores en el

Ministerio: Paco Laína, Juan Izarra y Ramón del Corral.

 

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