Autor: Sinova, Justino. 
   Los dos mejores ministros     
 
 Diario 16.    07/02/1983.  Páginas: 1. Párrafos: 8. 

Diario 16/7 febrero-83

OPINIÓN JUSTINO SINOVA.

Los dos mejores ministros

Una de las sorpresas agradables del Gobierno de Felipe González fue el

nombramiento de Narcís Serra, entonces alcalde de Barcelona, como ministro de

Defensa. No hay gestión espectacular que atribuirle todavía. Pero a veces, la

acción política no consiste tanto en realizar muchas cosas como en saber estar y

prepararse para hacer. Este es el caso del ministro de Defensa, lo más opuesto

al otro gran acierto del presidente González.

El «clima» militar ha cambiado notablemente. Es evidente que el resultado de las

elecciones, el dato político más decisivo de los últimos años, también ha

afectado al mundo militar y que la tregua de los primeros tres meses que se

concede al Gobierno tiene su influencia. Pero sería un error y, posiblemente,

una injusticia, no advertir en la nueva situación la mano del ministro de

Defensa.

Hace sólo noventa días, tras el arrollador triunfo electoral socialista, los

políticos y buena parte de la cúpula militar se preguntaban preocupados sobre el

hombre que Felipe González elegiría para dirigir la política de Defensa. Era una

de las mayores incógnitas, si no la mayor, del primer Gobierno socialista y

hubo, cuando se conoció el nombre, alivio general.

En ese y en otro nombramiento Felipe González demostró «saber estar» en la

presidencia del Gobierno. Cuando un nombre no entra normalmente en las quinielas

y luego es generalmente reconocido el acierto de la elección, el autor del

nombramiento adquiere una rehabilitación política indiscutible. El otro acierto

fue José Barrionuevo, ministro de Interior, que es ahora el ministro más

impuesto en su cargo,

Bautismo político

Serra y Barrionuevo son los mejores valedores del presidente González. Pero así

como Barrionuevo ha pasado ya su bautismo político, Serra es todavía un político

por estrenar aunque, como digo, con maneras que permiten aventurar un

pronóstico. Barrionuevo es un ministro de Interior pragmático, seco y tajante.

Es lo más parecido al ministro que fue Juan José Rosón, que lo hizo tan a gusto

de la mayoría que hasta los socialistas le encomendarían una alta

responsabilidad. Lo que pasa con Barrionuevo es que algunos, que siguen teniendo

un concepto poético y gaseoso de la izquierda, no entienden que abrace a los

policías y jalee a los guardias civiles. ¿Pero qué va a hacer un ministro de

Interior sino ganarse la adhesión de sus subordinados y levantar la moral de

quienes se juegan la vida en el frente vasco? ¿Es que un ministro socialista de

Interior tiene que ir a hablar a los policías sobre la empresa pública, de la

igualdad de sueldos o de la rosa? Un ministro de Interior, de izquierdas, de

derechas o de nada tiene que lograr que su empresa funcione. Y punto. No sabe

todavía el PSOE la suerte que ha tenido con que Felipe González haya gozado de

la claridad suficiente como para nombrar a Barrionuevo ministro de Interior. Un

error en ese nombramiento —por ejemplo: un Guerra que designa a un Cariño

director de la Seguridad del Estado y a un Balbín, director de la Policía—, y la

de lamentaciones que estaríamos lanzando al viento.

El test de Defensa

Y no digamos si el error afectara al Ministerio de Defensa, otros de los test

políticos del momento. Si el Ministerio de Interior era —y es— un potro de

tortura, al que había que montarse inmediatamente para dominarlo, aplacarlo y

conducirlo, el Ministerio de Defensa era —y es— un complicado mecanismo de

espoleta retardada, al que hay que acercarse piano, hay que tocar con pulso y

hay que tratar de modelar sin estridencias. Yo no estoy de acuerdo con quienes

acusan a Serra de inhibición y distanciamiento. No.

Serra está haciendo lo suficiente, que es, primero, ser ministro de Defensa no

discutido; segundo, ser ministro de Defensa respetado; tercero, ser ministro de

Defensa obedecido, y, cuarto, ser ministro de Defensa prudente, que busca el

momento de hacer sin ruido las reformas que el mundo militar necesita. ¿Quién no

habría firmado esta situación o este equilibrio político-militar hace tres

meses, después de los ejemplos, las timideces, los titubeos de Agustín Rodríguez

Sahagún y Alberto Oliart? Podemos felicitarnos de que el ministro de Interior se

parezca al último ministro de Interior de UCD, Rosón. Y podemos felicitarnos

sobremanera de que el ministro de Defensa no se parezca nada a los ministros

civiles de Defensa de UCD.

Pero así como Barrionuevo ha pasado ya su bautismo, Serra está todavía por

recibirlo. El mundo militar sigue sensible a ciertos temas y las tensiones

desatadas por un reportaje del buen «Informe semanal» de TVE sobre los militares

republicanos lo demuestra. Estos días se planteó el problema de la reparación

debida al asunto de la UMD, que es algo que el Ejército debe arreglar como

estricto y necesario proceso de terapéutica. Hay que acabar con esa

contradicción —acaso no jurídica, pero sí real— de que un capitán procesado por

el golpe de Estado del 23-F ya tiene mando en tropa y los capitanes y el

comandante de la extinguida UMD siguen siendo los apestados de la institución.

Si el poder civil es el poder civil y el poder militar no existe —que así debe

ser—, Serra tiene que lograr que la institución sane de esa herida. No es, por

supuesto, el problema de la UMD el más grave de los que tiene entre manos Serra,

pero sí es el más sintomático, el que podría permitirle dejar diáfanamente claro

quién manda aquí, Serra y Barrionuevo son los dos mejores ministros del

presidente González. Son dos buenas elecciones para los dos Ministerios

políticos más difíciles. Gracias a ellos, las vías de agua abiertas en el

Gobierno por los errores de algunos no han llevado el barco a pique. Pero no

pueden ellos dos solos mantener la nave a flote. Otro día hablaremos de los

peores.

CRONICAS DEL CAMBIO

 

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