Autor: Sopena Daganzo, Enrique. 
   El día en que Trías Fraguas metió la pata     
 
 Diario 16.    19/02/1983.  Páginas: 1. Párrafos: 13. 

ENRIC SOPENA

Corresponsal de Diario 16 en Barcelona.

El día en que Trías Fargas metió la pata.

La campaña de acusaciones de Trías Fargas contra Narcís Serra por su presunta

asesoría a ciertas empresas constructoras hace quince anos, le puede resultar

cara. En realidad, un responsable máximo del Plan de la Ribera eran el

nacionalista Roca Junyent, y uno de los financieros de la Banca Catalana de

Pujol.

La película empezó, el lunes 14 de febrero. Raimon Obiols —el «cerebro» del PSC-

PSOE— declaró a «Hoja del Lunes» de Barcelona: «Ramón Trías Fargas no era ni es

ajeno a los intereses de las grandes inmobiliarias.» Ramón Trías Fargas, que es

hombre impulsivo, cayó en la provocación y respondió con especial dureza. Los

primeros escarceos de la batalla por la Alcaldía de Barcelona empiezan a

certificar el pronóstico: esta batalla será una batalla sangrienta y sin

concesiones, entre otras razones, y como ya se ha apuntado aquí, porque detrás

del sillón de primer regidor de la Ciudad Condal se oculta la continuidad o no

del Gobierno autonómico que preside Jordi Pujol.

Trías Fargas leyó las palabras de Obiols y no resistió la tentación de sacar a

relucir el «affaire» del denominado Plan de la Ribera. Este asunto apenas si fue

utilizado en la campaña municipal de 1979, aunque había circulado de boca en

boca cuando se supo que el candidato socialista iba a ser Narcís Serra. Por fin,

ha salido a la luz pública.

Declaraciones

¿Qué fue el Plan de la Ribera? Un proyecto urbanístico que preveía la

reconversión de más de 250 hectáreas entre el parque de la Ciudadela y el Besos.

Surgió en 1965. En 1966 se constituyó la sociedad La Ribera, S. A., el 2 de

febrero de 1968, el avance del citado plan fue aprobado por el plenario del

Ayuntamiento barcelonés. El plan contó con la firme oposición de los 24.000

vecinos presuntamente afectados.

También suscitó contundentes críticas de las entidades que, en aquella época,

podían hacer oír, aun con dificultad, su voz. Finalmente, el polémico Plan de la

Ribera fue desechado.

No eran obreros de salario mínimo precisamente quienes se lanzaron a este

proyecto, calificado por unos y otros como «el plan urbanístico más ambicioso e

importante desde el Plan Cerda, que se haya realizado o planteado en Barcelona»,

contando con el beneplácito de la Corporación Municipal —eran los tiempos del

megalómano y sempiterno alcalde Porcioles, un hombre clave para entender el

reciente desarrollo de la capital de Cataluña—, hombres rutilantes de la gran

burguesía decidieron apostar por tan sugestiva aventura. El financiero Pedro

Duran Farell fue uno de los principales promotores.

Trías Fargas, amparándose en el recurso periodístico de que hablaban sus

asesores electorales, hizo llegar a la agencia Efe frases como las siguientes:

«El señor Obiols sabe que la gran operación de especulación montada en Barcelona

en los últimos años tenía como líder al gerente del Plan de la Ribera, Narcís

Serra, luego alcalde de Barcelona, y ahora ministro de Defensa, que no vaciló en

poner su influencia política al servicio de los intereses urbanísticos que le

habían encomendado unas grandes empresas.»

La denuncia del «alcaldable» de Convergencia i Unió —descrita en términos que no

superaría un marxista radical—, ciertamente es verídica en cuanto a la

participación profesional de Narcís Serra hasta el año 1969, cuando se trasladó

a Inglaterra, donde amplió sus estudios y de donde regresó en 1972. En cuanto al

calificativo de líder, quizá, Trías Fargas o sus asesores hayan incurrido en un

ligero exceso verbal, agigantado en el momento de referirse a las influencias

políticas del hoy ministro de Defensa, pero entonces situado en las catacumbas

de la oposición.

Desmentido

Poco después de que la agencia Efe distribuyera las explosivas manifestaciones

de Trías Fargas —martes día 15—, alguien debió susurrarle: «Ramón, acabas de

meter la pata hasta el final; Ramón, te has pasado.» Intentó, a partir de ese

instante, el candidato a la Alcaldía por Convergencia i Unió desfacer el

entuerto. Empleó el camino más estúpido: negar la paternidad de sus

declaraciones, como si la delegación de la agencia Efe en Cataluña estuviera en

manos de irresponsables. Roger Jiménez, el delegado, hizo circular un despacho

en el cual puntualizaba que la autoría de tales manifestaciones no correspondía

a los «asesores electorales», como se había indicado en virtud de un eufemismo

tolerado, sino a Trías Fargas en persona.

Sin embargo, a estas alturas de la película, no faltarán lectores que se

pregunten el porqué de este sentimiento de culpabilidad del «alcaldable»

nacionalista, si, a la postre, había difundido entre sus conciudadanos una

antigua vinculación profesional del ex alcalde Serra. Pero la equivocación de

Trías acababa de fijarse en la paja del vecino y no se había dado cuenta de la

viga propia.

La viga propia está integrada, entre otros de menor alcance o más ignorados, por

los siguientes elementos:

1) La gerencia del plan no la protagonizó en solitario Narcís Serra, sino que

fue compartida con Miguel Roca Junyent, quien, por lo demás, prolongó su trabajo

en Ribera, S. A., un tiempo más que el ahora ministro. El 9 de mayo de 1970,

«Diario de Barcelona» publicó una entrevista con Miguel Roca Junyent, en su

calidad de gerente del plan. Roca decía: «La cantidad de coste total evaluado de

12.196 millones no debe asustar a nadie, porque en realidad sólo se han de

invertir quinientos millones de pesetas, ya que el resto se irá realizando con

los ingresos que se vayan obteniendo de las urbanizaciones efectuadas.»

Trías estaba

2) Efectivamente, la supuesta rentabilidad del negocio ya había atraído a

ciertas instituciones bancarias. Una de ellas fue el Banco Industrial de

Cataluña, el industrial de Banca Catalana, mucho antes, por supuesto, de que el

grupo dirigido por Jordi Pujol hubiera entrado en la tremenda crisis de los

últimos años. O sea, que si Trías mantiene que el Plan de la Ribera fue una

«gran operación de especulación montada en Barcelona», está tácitamente acusando

a su secretario general y presidente de la Generalidad de especulador

inmobiliario.

3) No sólo acudió el Banco Industrial de Cataluña al presunto panal de rica

miel urbanística. En una posterior ampliación de capital, La Ribera,

S. A., acogió al Banco Urquijo. El jefe del servicio de estudios del Urquijo

fue, a lo largo de muchos años, un catedrático, con fama de antifranquista,

moderadamente catalanista, llamado Ramón Trías Fargas.

4) Quien representó al Urquijo, en el consejo de administración de La

Ribera, S. A., fue justamente Ramón Trías Fargas, dato éste- que ahorra

cualquier otra disquisición.

 

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