Autor: Urbano, Pilar. 
 ABC entrevista. Fernando Morán, ministro de Asuntos Exteriores. 
 No vamos a rastras de Francia     
 
 ABC.    22/02/1983.  Página: 48-49. Páginas: 2. Párrafos: 33. 

Fernando Moran, ministro de Asuntos Exteriores.

«No vamos a rastras de Francia»

«Hemos de sacudirnos el complejo de enanos»

«Yo creo que no debemos integrarnos en la estructura militar de la OTAN. Estamos

estudiando los escenarios defensivos de España»

«La Internacional Socialista no presiona sobre nuestra política exterior»

Sabe que la verdadera diplomacia es mucho más que bla-bla-bla, mucho más que

distensión, mucho más que economía, mucho más que cultura, mucho más que

equilibrios precarios, mucho más que parches dé coyuntura. Y que todos esos

«muchos más» demandan un diseño bien dibujado y un proceso paciente de atención

y presencia. Una mala gestión del ministro de Exteriores puede ser el agujero

inclemente de toda una acción de Gobierno. Lo sabe. Y nada más llegar al palacio

de Santa Cruz metió a tope la directa y a todo gas la cilindrada del motor.

Diplomático en Buenos Aires, Sudáfrica, Lisboa y Londres; escritor de ensayos y

novelas; socialista del «grupo Salamanca» y del PSP, de Tierno Calvan, Fernando

Moran es un aviles inteligente y cordial, con amigos en medio mundo. Entreveo en

él un ocultísimo «ánimo mesiánico»: ¡dos de sus novelas recrean falsos mesías! Y

un menos oculto «afán precursor»: ese que, una y otra vez, le llevará a decirme:

«En esto Mitterrand coincide con mi tesis..., pero yo la expresé antes.» Pero

los embrida con un cachazudo empeño en darse de margen operativo los cuatro años

de Gobierno: también una vez y otra remacharía: «No se trata de montar un número

espectacular, ni de, resolver la cuestión con un sólo acto; esto requiere un

largo proceso, paso a paso...», hablando de Gibraltar, del Mercado Común, de

nuestra acción cultural en Iberoamérica, de la política comercial y defensiva

con los países ribereños norteafricanos...

Casado con Mary Luz Calvo-Sotelo, hermana de don Leopoldo, tiene tres hijos y

dos nietos. Es el ministro sénior —cincuenta y siete años— del Gabinete

González. Detrás de su sillón, un óleo del Rey.

Sobre la mesa, la fotografía de una chica guapísima a la moda «tecno». Al ver mi

perplejidad, explica:

«Es mi hija, la pequeña... Estudia Historia y tiene un conjunto musical "tecno-

pop"... ¡No entiendo ni pum de esa música...! Pero le he llevado un cásete al

Rey, porque a el sí le gusta ese género.» Nos metemos en materia.

Política de compensaciones con Marruecos

—Está usted arbitrando una política de balanza, de... mecedora, con Argelia y

Marruecos. ¿Eso conduce a algo de interés para España?

—La estabilidad del Magreb afecta a nuestra estabilidad, por ello nos esforzamos

en clarificar esa situación. Parece inevitable una política de compensaciones

mecánicas, de «mecedora», sí, mientras entre ellos no haya buenas relaciones

estables. Ahora se iniciaba un acercamiento argelino-marroquí, que nos

satisfacía..., pero han encontrado obstáculos, y, de nuevo, se retrasan. No

falta quienes nos auguran a los socialistas malas relaciones con Marruecos. Pero

yo digo que, cualquiera que sea el régimen político marroquí, nos importa tener

y mantener un trato bueno y estable, pese a discrepar en ciertos criterios como,

por ejemplo, en la cuestión del Sahara. Mi vieje ya ha supuesto una primera

apertura: una prórroga de seis meses en el tema pesquero, trabajo para veinte

mil marineros, mil quinientas barcas, más de cincuenta mil millones de pesetas

en capturas...

—¿A cambio de ceder algún punto en Ceuta y Melilla?

—¡En absoluto, no! Ceuta y Melilla son españolas... Pero no podemos estar

agobiados siempre por los plazos.

—¿Y por qué no se sientan ustedes, de una vez, con todos los contenciosos sobre

la mesa: cítricos, pesca, Sahara, Ceuta, Melilla, Gibraltar...?

—A eso vamos. Están previstos varios contactos de interés: viaje de ministros

económicos a Marruecos, viaje del presidente González, conversaciones en Madrid

entre el ministro marroquí de Extenores —Buceta— y yo en este mismo mes... Pero

en el Mediterráneo occidental ha de llegarse a una concertación entre Francia-

España-ltalia y Argelia-Marruecos-Túnez. Esta es una idea española que

Mitterrand ha incorporado a la Conferencia de Marrakech...

—Francia, al parecer, está tomando la iniciativa ante Marruecos...

—Bien, sí, ¿y qué? Eso no supone que vayamos a la cola de Francia. No nos

importa los actos espectaculares, ni descorrer nosotros el telón: en esto, como

en la cuestión OTAN, mi idea es la de una política de continuidad, con voluntad

mantenida en el tiempo. La concertación mediterránea no se logrará con un solo

acto; es todo un proceso en el que hay que estar presentes.

Atiende una llamada telefónica. Y vuelve pensando en lo que antes le apunté

sobre Ceuta y Melilla.

—Tenemos que evitar que los nacionalismos del Magreb se conviertan en

irredentismos violentos, que nos llevarían a todos a situaciones muy

difíciles... Pero no tengo indicio ninguno de que Hassan II, en Ceuta y Melilla,

prefiera la tensión a la cooperación con España. Diré más: tengo datos fiables

para estimar que el Rey de Marruecos quiere una buena relación con un Gobierno

de izquierdas en España. Y eso no supone, por parte de mi Gobierno, una opción

pro marroquí. Porque también con Argelia deseamos clarificar y mejorar el

diálogo.

Estuve él otro día con el ministro Ibrahimi. Están previstos los viajes de

algunos ministros económicos para cerrar un importante contrato de gas natural y

atender determinadas exportaciones españolas. Marruecos es nuestro sexto

cliente; Argelia, el decimocuarto. Y vamos a intensificar y ampliar el

afincamiento de empresas e inversiones españolas en toda esa zona.

Complejo de enanos

—Con todo, ministro, y perdone mi terquedad, Mitterrand ya ha negociado con el

Rey Hassan la instalación de centrales nucleares en Marruecos, ¿por qué nosotros

no?

—¿Cuál es hoy la seguridad en el Mediterráneo? ¿La VI Flota norteamericana o...

las escuadras soviéticas? Con el riesgo de globalizar cualquier conflicto en ese

área. Interesa prever instituciones arbitros, mediadoras para resolver lo que

pueda estallar ahí, y que no intervengan los dos gigantes. Ello depende,

insisto, de lo que hagan España, Francia e Italia. Hemos de entendernos. ¡Y eso

no es ir a rastras de Francia! Este análisis mío coincide... yo lo pensé

primero, conste..., con el «plan Mitterrand». ¡A ver si nos sacudimos el

complejo de enanos...! Antes ¿mencionó usted el transporte de cítricos

marroquíes por territorio español?

—Sí, lo mencioné.

—Pues bien: esa aspiración de Marruecos no podrá satisfacerla España mientras

ellos tengan unos aranceles mucho menores que los nuestros por su Tratado

preferencial con la Comunidad Europea... ¡la cuarta parte del nuestro...! Sería

echarnos tierra en los ojos. Problema a diferir. En cambio, me atrevo a decir

que si ahora no admitimos ese acceso de productos marroquíes a Francia por

nuestro suelo, cuando estemos en el Mercado Común tendremos que aceptarlo.

—Un momento, «please», señor ministro: o he entendido mal o Mitterrand auspicia

unas «concertaciones mediterráneas» de doble vertiente: mogrebí y europea. Una

vez en la Europa de los «doce» mercaderes tendremos que aceptar tales y cuales

compromisos, reglamentos, decisiones..., en cuya gestación no vamos a tener

«vara». ¿Es así?

—Exactamente: al entrar en la CEE nos obligamos a asumir lo que dicen los

Tratados, todo el derecho derivado, todas las relaciones externas de la

Comunidad... De ahí mi empeño en que, si hemos de pagar un días esas cuentas,

estemos presentes, ya ahora, en la política mediterránea. Y que estemos ojo

avizor, porque existe el peligro de que todo lo resuelvan con Tratados

preferenciales.

Me habla después del almanaque previsible de trámites para nuestra integración

plena en el Mercado Común: avances sucesivos durante las presidencias

semestrales de Alemania y Grecia, y el desbloqueo en el primer semestre del 84,

cuando presida Francia, de modo que a finales del 85 inicios del 86 se ratifique

nuestra inclusión. Ciertamente, le veo optimista.

Elegir nuestra integración en la OTAN

Pero quiero verlo «sincero» en el tema OTAN, y así se lo digo.

—De verdad, ¿qué pretenden ustedes? ¿Que nos salgamos, que nos integremos, que

nos quedemos como estamos..., sin ninguna ventaja y con todos los riesgos?

—Somos miembros de la Alianza Atlántica. Somos parte del Tratado. Y mientras

estemos seremos un aliado fiel, sólido y cooperador, sin filibusterismos. Pero

podemos escoger la modalidad de nuestra integración. Parece que ellos desean que

tengamos una vinculación tan dependiente como la alemana o como la griega. Pero

Grecia necesita más dependencia porque tiene a su enemigo dentro: Turquía. No es

nuestro caso. Yo creo que no debemos integrarnos en la estructura militar de la

OTAN. Estamos revisando los escenarios estratégicos defensivos dé España. Eso

nos llevará un tiempo. Si conseguimos mantenér nuestra autonomía podremos seguir

dentro de la OTAN, sin atarnos las manos.

—Felipe González anunció un referéndum sobre esta cuestión. ¿Sigue en pie el

compromiso? ¿Para cuándo?

—El compromiso sigue en pie. Pero no queremos quedar prendidos con demasiada

antelación en una fecha que enlace quizá con una crisis internacional...

Referéndum, sí. Pero cuando lo "permita la política internacional y convenga a

los intereses de España.

—Todo eso parece un «dilatta», un ganar tiempo en la indefinición... Como si

ustedes, con la boca grande, cara a militantes y electores a su izquierda,

mantuviesen el «de entrada, no», y con la boca chica, cara al estamento militar,

se entretuviesen «estudiando escenarios y modalidades de adhesión», sin dar el

paso...

—Los militares no quieren que el Gobierno en esta cuestión sea un aventurero. Ni

aceptarían eso, ni una política internacional ideologizada, desde un partido, en

términos de amigo-enemigo. Cómo tampoco la adopción de una postura que

desequilibrare la tensión Este-Oeste en favor del Este. Pero sí quieren que se

haga este estudió de escenarios, este análisis de posibilidades. Lo han venido

reclamando desde siempre.

Negociar con EE UU

—Bien, llegamos al inevitable tema del Tratado España-USA.

—No satisface ni a los técnicos ni a los militares. No ha tenido aún la

autorización de las Cortes. Y de no tenerla, nos obligaría a desmantelar el

Tratado vigente el veintiuno de mayo. Queremos clarificar estas conexiones con

un documento diplomático, negociado con los Estados Unidos, que extienda la base

de una relación para después proceder a la mejora del texto actual.

—¿Quiénes lo negocian?

—Bajo mi dirección, el diplomático Gabriel Mañueco. Por parte americana, el

embajador Todman.

—Gibraltar: ¿Tendrá alguna rentabilidad política, la «decisión humanitaria» de

abrir la verja?

—¡Hay resultados, espléndidos! Doscientos y pico mil gibraltareños han pasado

ya. Como allí viven sólo veinte mil, esto quiere decir que ya han cruzado la

verja diez veces cada uno. Se asoman a una España donde no van a tener problemas

ni políticos, ni religiosos, ni culturales, ni lingüísticos, ni laborales...

Claro, La Línea, que es lo primero que ven, es un mal espejo por su tremenda

bolsa de paro. El proceso va a ser lento, pero fluido: los gibraltareños se

convencerán de que su futuro está con España. Abrir la verja ha empezado a

influir sobre la claustrofobia de Gibraltar. La vieja tesis de Castiella era

«asfixiar Gibraltar». Y el resultado, un ferviente nacionalismo, revitalizado

recientemente con el tema de las Malvinas. El ministro británico Pym quiere

reanudar conversaciones esta primavera. No me opongo.

Hablaremos. Pero sin ceder un ápice en la soberanía española sobre este

territorio en su integridad.

Aceptamos que el gibraltareño conserve, si quiere, la nacionalidad británica o

darle un estatuto especial, garantizado por ambos países... En mis

conversaciones con Pym pondré también sobre la mesa la necesidad de regular el

aeropuerto, que está en el istmo, donde los ingleses no tienen derecho alguno.

Como esos vuelos se priman por Gran Bretaña con tarifas especiales, podrían

repercutir contra nuestro tráfico en aeropuertos cercanos. No está ocurriendo,

pero ha de regularse estricta y seriamente. Vigilaré que Gibraltar no sea la

puerta falsa de un turismo que utiliza tarifas especiales británicas. Hay otro

asunto que presionará sobre los gibraltareños: el cierre del astillero. Del

treinta al cuarenta por ciento, las rentas de su población se nutren de

contrataciones militares, viven de la base del Ministerio de Defensa británico.

Los viajes del Rey

—¿Hablamos de los viajes del Rey Juan Carlos al extranjero, concretamente a

Iberoamérica? Tengo la impresión de que se le propone a Su Majestad un plan de

visitas demasiado «neutralizadas» entre sí...

—El Rey piensa ir a todos los países de Iberoamérica, a partir de mayo, con

independencia de los distintos colores políticos de cada nación. Puedo

adelantarte que en un determinado momento visitará Chile, y en otro, Cuba.

Charlamos sobre la presencia de España, como «invitado», en el Movimiento de

Países No Alineados. Después abordamos la política cultural y de penetración

comercial española en Iberoamérica. Para Fernando Moran, España tiene un

importantísimo papel que desempeñar en el centro y sur de América, «incluso

dotando a los dirigentes de esos países de un modelo político..., porque están

desorientados, han hecho crisis, con graves tensiones entre masas irredentas y

oligarquías enfeudadas». Me niega, rotundo, que ese modelo político tenga que

ser «casualmente» socialista. Termina señalando que nuestra preponderancia e

influencia en Iberoamérica percutirá en Europa a la hora de valorar nuestra

presencia en el Mercado Común: «Cuando se admitió a Gran Bretaña en la CEE, lo

que de verdad interesaba era su plataforma comercial en la Commonwealth.» E

incluso llega a decirme: «¡Hasta en la OTAN! Porque Europa es tan endogámica,

tan eurocéntrica, que... la información de la OTAN sobre Iberoamérica es lisa y

llanamente ridicula. España, en cambio, conoce bien esos terrenos.»

De la visita de Fidel Castro a España me dirá: «Oficialmente no tengo noticia.

Por lo visto va a hacer una gira por Europa...»

No puedo dejar de recordarle que «oficialmente no se ha desmentido la noticia de

su próximo viaje a España..., y eso es ya un dato».

«No hay presiones»

—Señor ministro, dígame si yerro en mi sospecha, bien elemental, de que este

Gobierno en sus relaciones con Centroamérica está comprometiendo a España según

unas directrices de la Internacional Socialista.

—No estamos comprometiendo a España en una política de conflictos

centroamericanos o cubanos. No.

La Internacional Socialista quiere qué Centroamérica se pacifique. Y eso pasa

por una autodisciplina cubana y por una flexibilización de la postura de EE UU

con Cuba. Pero no le oculto que puede haber acciones de ciertos países

democráticos latinoamericanos que nosotros apoyaremos.

—La política exterior española, ¿desde dónde se hace?: ¿desde este, palacio de

Santa Cruz?, ¿desde la Moncloa? o ¿desde al Internacional Socialista?

—La Internacional Socialista no configura, ni lo pretende, ni lo aceptaríamos,

nuestro trazado político exterior. No es una plataforma de presión. Ni hay

injerencia alguna de ningún órgano que no sea español.

La planifica y orienta el presidente del Gobierno, y la ejecuto yo, aquí, desde

el Ministerio de Asuntos Exteriores. Como debe ser.

—Una última pregunta: cooperación de Francia para erradicar el terrorismo de

ETA. ¿Hay algún avance categórico?

—Sí. Desde el once de noviembre el Gobierno francés ha matizado la cuestión de

las extradiciones, al excluirse del listado de «delitos políticos» los actos

violentos cometidos contra instituciones democráticas: el terrorismo etarra ha

pasado a ser ya extradible para los franceses. Está habiendo también una

colaboración policial más decidida y un reforzamiento de los dispositivos galos

(patrullas móviles intercomunicadas) en la frontera y en el interior. Antes, los

«refugiados» de ETA comparecían ante la Prefectura de Bayona cada tres meses.

Ahora han de hacerlo cada diez días y en Pau, cosa que les extorsiona y controla

muchísimo más.

Su agenda de viajes, entrevistas y contactos, densa, intensa, responde a un

previsor diseño de la política exterior, orientado hacia tres frentes claros:

Europa, Magreb e Iberoamérica, y a una filosofía fácil de enunciar y difícil de

vestir con zapatos y corbata: «Con nuestros vecinos, Portugal. Francia y norte

de África, dejar de darnos la espalda, evitar enseñarnos los dientes y... tratar

de encontrar puntos de entendimiento.»

Pilar URBANO.

 

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