Autor: Contreras, Lorenzo. 
 Los cien días del gobierno. 
 Desde luego, si ha comenzado el cambio     
 
 ABC.    11/03/1983.  Páginas: 1. Párrafos: 10. 

1 - XII - 1982 11- III -1983

DESDE LUEGO, SI HA COMENZADO EL CAMBIO

BAJO el signo del cambio nació el Gobierno socialista. No cabe sostener, a los

cien días de su mandato, que esa promesa se haya incumplido. Otra cosa es que el

cambio se haya realizado correctamente hasta ahora y que todo haya sido cambio

en realidad. En política exterior, por ejemplo, ninguna transformación especial

se ha conseguido a pesar de los buenos deseos —algunos demasiado originales— del

señor Moran, jefe de la diplomacia española. Otro tanto cabe decir de la

política de Defensa y de las relaciones del poder político con las Fuerzas

Armadas. Sobre este punto, el Gobierno, pese a la puesta en marcha del plan META

(Modernización de los Ejércitos), no ha ofrecido síntomas de cambio en sus

actitudes rituales, en su, política de nombramiento y en su visión de conjunto.

Puede que sus propósitos, sin embargo, vayan por derroteros diferentes de los

que ahora se aprecian.

Tampoco en el terreno industrial procede sostener que se hayan operado reformas

propiamente dichas. El plan de reconversión del ministro Solchaga no difiere en

lo sustancial del concebido por su predecesor centrista, señor Bayón. De la

política industrial anterior, consistente en sanear los pasivos empresariales,

se piensa pasar a otra consistente en sanear los activos. Pero los grandes

mecanismos no se alterarán, probablemente, en el plano de las intenciones.

El cambio tampoco ha sido apreciable en el terreno de la lucha antiterrorista.

No hay nada más parecido a un ministro de UCD, incluso en el sentido de acentuar

sus rasgos políticos, que el señor Barrionuevo. La reorganización del Mando

Único Contraterrorista y de la Brigada Antigolpe son mera fachada de una gestión

fundamentalmente análoga. Cierto que, por lo que respecta a la violencia, ETA no

ha modificado sus comportamientos básicos. El 12 de diciembre, cuando el

Gobierno enfilaba su segunda semana en el Poder, un guardia civil era asesinado

en Tolosa. El 29 caían, en Irún, otros dos miembros de este Instituto armado. La

liberación del industrial Orbegozo, un día después, era, según parecía, fruto

del azar y no de una concesión de sus secuestradores. En los primeros días del

año, el joven guipuzcoano Miguel Echeverría representaba la «corrección» etarra

de su fracaso anterior.

, El señor Barrionuevo, como también en cierta medida el señor. Serra,

ministro de Defensa, es la «coartada» socialista los llamados «poderes fácti Sus

respectivas gestiones.

no son producto de una mera mimética, sino, por el contrario, fruto de una

inteligente deliberación que pasa, naturalmente, por el cerebro de Felipe

González y de su hombre de confianza, Alfonso Guerra.

En el plano del terrorismo es preciso inscribir, por su extremada importancia,

el fracaso de los primeros intentos oficiales de negociar con ETA militar,

representada para esos efectos por su intermediario Herri Batasuna. Las

exigencias de los «abertzales» respecto a la publicidad de las negociaciones,

con Prensa de testigo, no representan probablemente el auténtico motivo de esa

frustración. Diríase que el momento no estaba todavía maduro. Cuando el 2 de

febrero era asesinado un guardia civil en Villafranca de Ordicia (Guipúzcoa)

surgió para los socialistas el pretexto necesario. En las filas etarras tampoco

existía evidentemente propósito negociador. El brutal atentado, días después del

reconocimiento oficial de ese fracaso, contra el Banco de Vizcaya, en Bilbao, no

podía interpretarse como la consecuencia de un despecho, sino como la

confirmación de una intención saboteadora. El caso fue que ni el Gobierno

socialista ni ETA emprendieron la aventura del diálogo. Para MaJrid no quedaba

otra vía de reconducción de la situación vasca que proseguir la política de

Rosón, consistente en ofrecer tolerancias penales en busca del «terrorista

arrepentido».

Esbozadas las anteriores excepciones, el cambio se ha venido produciendo en los

primeros cien días de la Administración González. Cambio ha sido la implantación

de nuevos horarios en el mundo funcionarial, así cómo el comienzo de un proceso

de incompatibilización de los cargos públicos respecto a actividades y

remuneraciones. Los proyectos de incompatibilidades para, parlamentarios y altos

cargos del Estado perfilan un sistema menos rígido que el anunciado en

principio, pero, sin duda, lo suficientemente severo como para hacer ociosa

cualquier teorización sobre transformaciones ficticias.

El 2 de febrero, el Gobierno dio un paso más atrevido en el terreno de los

sentimientos religosos. Con su anuncio de un proyecto de despenalización del

aborto, luego confirmado en Consejo de Ministros, se registraba el primer gran

síntoma, de ruptura con la sociedad tradicional. La Comisión Permanente del

Episcopado lanzaba a la luz un comunicado menos duro de lo que cabía esperar,

pero lo bastante firme como para marcar el comienzo de hostilidades controladas.

La Iglesia, en realidad, sufría la primera gran tarascada del cambio.

Pero habría de ser el real decreto-ley de expropiación de Rumasa el gran síntoma

de los nuevos tiempos. En este caso se trataba de un cambio indeliberado y

atípico que no se encuadraba en una calculada estrategia de nacionalizaciones,

sino que resultaba más bien el inesperado desenlace de cóleras mal reprimidas de

los responsables políticos. Nadie ha discutido en serio la irregularidad con que

Rumasa venía funcionando. Hasta la oposición, en el reciente debate

parlamentario, tuvo que optar por una crítica puramente formal sobre la presunta

inconstitucionalidad de la norma utilizada.

Con Rumasa, los socialistas han demostrado evidente audacia transformadora. No

vale decir que la Banca clásica y la gran empresa se han mostrado escasamente

solidarios con la suerte corrida por el «imperio de la abeja». Lo importante es

que se ha sentado un precedente de enorme significación.

Para el Gobierno, esta expropiación tiene su cara y su cruz. La cruz de un alto

riesgo político e incluso social todavía no descifrado en su auténtico alcance.

La cara de una popularidad inicial, ribeteada en algunos aspectos de demagogia.

Lorenzo CONTRERAS

ÍNDICE DE LOS CIEN DÍAS

Hilo directo: ¡Sosegad la marcha!

Pag. II Autonomías: Se completó el mapa.

Pag. II Economía: Entre el crecimiento y la estabilización..

Pag. III Cultura: Proyectos, promesas y «baile» de cargos..

Pag. IV Educación: A la espera de las reformas.

Pag. IV Política exterior: Muchas palabras y escasa claridad.

Pag. V Defensa: Primeros pasos de una importante reforma

Pag. VI Parlamento: Inflexible ley de los números

Pag. VI Justicia: La despenalización del aborto, tema central

Pag. VIl Sanidad: Incompatibilidades y conflictos

Pag. VIl Interior: ETA también ataca a los socialistas.

Pag. VIl Cronología

Pag. II-V «Política militar socialista». Por Antonio Sánchez-Gijón

Pag. VIII

 

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