Autor: Carrascosa, José Luis. 
 Los cien días del gobierno. Economía. 
 Entre el crecimiento y la estabilización     
 
 ABC.    11/03/1983.  Página: 3. Páginas: 1. Párrafos: 9. 

ABC / INFORME

Economía

Entre el crecimiento y la estabilización

LA política económica del Gobierno ha andado durante los primeros cien días en

la cuerda floja, como un funambulista que se empeña en balancear dos opciones

que hacen de contrapeso. La primera es una apuesta por el crecimiento y la

expansión, que podría permitir la creación de puestos de trabajo a base de

insuflar más aire al fuego de la inflación. La segunda opción —recomendada por

el Fondo Monetario Internacional en su último informe— seda la de una drástica

estabilización que habría supuesto un «sablazo» a los salarios.

Más de uno de los actuales ministros económicos afirmaban abiertamente antes de

las elecciones del 28-O que el país no podía permitirse el lujo de mantener el

poder adquisitivo de los salarios (es decir, de permitir que estos crezcan

paralelamente a la inflación). Pero el PSOE incluyó esa promesa en su programa

electoral y, en principio, lo ha cumplido «tutelando» la firma de un Acuerdo

Interconfederal que establece una banda de revisión salarial del 9,5 por 100 al

12,5 por 100, tope máximo que coincide con la cifra final de inflación que el

Gobierno espera conseguir en 1983.

La vía intermedia está por precisar.

Cuando al «superministro» Boyer le preguntan si un Gobierno socialista puede

mantener una política económica de moderación suele responder: «En macroeconomía

estamos todos de acuerdo, es en la mlcroecono-mía donde las cosas se decantan a

izquierda o derecha.» Boyer ha protagonizado casi en exclusiva la definición de

objetivos y de sus declaraciones se desprende que el Gobierno quiere optar por

una vía intermedia —entre el crecimiento a toda costa y la estabilización— que

sólo podrá concretarse cuando se presente, a finales de marzo si no hay

retrasos, el documento clave: los Presupuestos Generales del Estado.

Hasta el momento, las decisiones del Gobierno (devaluación, fuerte subida de los

carburantes, aumento de impuestos por medidas tributarias de urgencia,

incremento de los coeficientes obligatorios de la Banca privada) tienen un claro

signo estabilizador y una repercusión directa, tanto en los precios como en el

coste del dinero en España. En ese clima será difícil reanimar la inversión

productiva y acercarse, aunque sea de lejos, al otro gran objetivo políticamente

declarado por el Gobierno: la creación de 800.000 puestos de trabajo en cuatro

años. La última encuesta de población activa registraba hasta diciembre una

aceleración del paro, aunque se mantiene la población ocupada, y los técnicos

que la han elaborado pronostican una caída del 0,5 por 100 en 1983, lo que

significa que se perderán más de 60.000 empleos.

Como es lógico, en cien días la realidad económica del país no ha cambiado y las

primeras medidas del PSOE no distan demasiado de la política económica seguida

por anteriores Gobiernos de la derecha. Lo paradójico de las elecciones del 28-O

—y se está comprobando ahora— es que la izquierda ganó con un programa económico

cuyas líneas maestras ya estaban incluidas y dispersas entre las decisiones

económicas adoptadas por UCD: son escasas las medidas laborales (jubilación

anticipada, reducción de jornda, financiación del desempleo), sociales (aumento

de la aportación del Estado, racionalización de la Seguridad Social) e

industriales (tratamiento de la siderurgia, por ejemplo) que no estuviesen ya

incluidas bien, en planes de reconversión, bien en pactos como los de la

Moncloa, el AMI o el ANE.

El equipo económico socialista ha enfatizado el «cambio» en la decisión de

gobernar, es decir, en la voluntad política de que esas medidas se cumplan. El

Gobierno ha querido hacer una espectacular exhibición de firmeza en el caso

Rumasa, con una decisión de expropiar, que sin duda pasará a la historia

tuteándose probablemente con la desamortización de Mendizábal. La increíble

precipitación de la medida y el altísimo coste que la absorción del mayor

«holding» privado de España le va a representar al Estado convierten a Rumasa en

un «test» que no ha desembocado en una crisis de Gobierno porque sería demasiado

llamativo que ésta se produjese en los primeros cien días.

Rumasa se revela ya indigerible para un Estado que, de un plumazo, se ha

convelido en el primer banquero del país, con un volumen total de recursos

ajenos que supera el billón seiscientos mil millones; en el primer bodeguero, el

primer propietario de hoteles y el primer agricultor y ganadero del Reino.

Independientemente de que agilice el complicado proceso de reprivatizar algunas

empresas —aún no se sabe cuántas son— el caos de gestión parece inevitable.

También lo son para el Gobierno las fuertes presiones sindicales y del partido

para que sean muchas, si no todas, las empresas que permanezcan en el sector

público.

Freno a la liberalización financiera

En casos bien distintos de problemas en entidades privadas, el Gobierno ha

propiciado soluciones privadas, rápidas y baratas para el Estado. En cambio,

existían ofertas privadas para la compra del Banco de Alicante, y ha sido

adjudicado al Banco Exterior, en la frontera de la Banca oficial. Aunque algunos

miembros del Gobierno se muestran partidarios de encontrar «soluciones mixtas» a

los Bancos (Catalana, Levante, Descuento) ingresados en el Fondo de Garantía de

Depósitos, cada día hay más presiones contra la reprivatización o, simplemente,

es más difícil encontrar un comprador.

En el capítulo financiero es donde sí se ha apreciado un importante «cambio de

óptica» en los cien primeros días. El Gobierno socialista no disimula sus

recelos ante el proceso de liberalización iniciado en 1977, o bien lo ha frenado

ya (aumento de los «fondos cautivos» de la Banca, por ejemplo) o 53 anuncia una

estrategia (agilización de la Banca oficial, modificación de estatutos en Cajas

de Ahorro) que, sin nacionalizar nada, le dará al Gobierno un mayor control del

crédito.

José Luis CARRASCOSA.

 

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