Los cien días del Gobierno. Sanidad. 
 Incompatibilidades y conflictos     
 
 ABC.    11/03/1983.  Página: 7. Páginas: 1. Párrafos: 4. 

Sanidad

Incompatibilidades y conflictos

SIN prisas, pero sin pausas, el ministro de Sanidad y Consumo, Ernesto Lluch,

anunció la tan deseada y necesitada reforma sanitaria. Sin prisas, porque

inicialmente debía conocer el engranaje de la maquinaria administrativa, y sin

pausas, porque ya está fijado el calendario legislativo. Un calendario que

concede prioridad a la ley de Defensa de los Consumidores y Usuarios y que

retrasa hasta enero de 1984 la presentación al Congreso de los Diputados de la

ley de bases de la Sanidad.

El Ministerio de Sanidad y Consumo ha estado, durante los cien primeros días del

Gobierno socialista, envuelto en una aureola de conflictividad: la amenaza de

huelga de médicos pasea desde los Colegios Oficiales hasta los despachos del

paseo del Prado. Todo empezó con la entrega a todos los responsables de centros

asistenciales de una circular oficial que obligaba al cumplimiento total y cabal

del horario fijado a los médicos. No hubo oposición, pero sí interpretaciones

diversas. Y todo se solucionó, al menos en apariencia, en el curso de unas

conversaciones entre las partes implicadas. Los médicos quieren participar en la

reforma sanitaria y ser consultados por el ministro. Así quedaron las cosas, y

hasta ahora unos 900 médicos deberán abandonar sus trabajos en la Seguridad

Social.

Evidentemente, los problemas sanitarios y de consumo son los que más preocupan a

los españoles. El síndrome tóxico sirvió en junio de 1981 para encrespar los

ánimos. Este Gobierno también ha tenido que enfrentarse con la problemática del

envenenamiento y tratar de dar soluciones a la burocracia padecida por los más

de 20.000 afectados. El PSOE ha vivido ya dos encierros importantes de enfermos

y se ha comprometido a potenciar la investigación, subir las ayudas económicas y

ofrecer trabajos adecuados a quienes padezcan lesiones físicas. Sin embargo, las

asociaciones de afectados exigen, ante la negativa de la Administración, que no

se concedan altas laborales a los enfermos y que se comience a aplicar la oferta

laboral.

De todos es sabido que el INSALUD funciona mal. Así se expresó su director

general, Francisco Raventós, quien tardó mucho en informar de sus proyectos y

del presupuesto de este año: 900.000 millones de pesetas. El INSALUD quiere

planificar sus medios hacia la potenciación de la asistencia primaria y la

medicina preventiva. Acaban de empezar y todo son promesas para mejorar la

calidad asistencial, racionalizar y contener el gasto, y también para proceder a

la descentralización de funciones y competencias a las comunidades autónomas.

 

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